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Mortal y rosa

España

registrado desde octubre de 2019

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Libros y reseñas

El fuego callado

Félix Romero Cañizares

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Valoración: ★★★

El ocaso sin estrellas

El ocaso se sentaba a contemplar Oliva tras la ventana de su casa. Una mujer a la que ninguna estrella la guiaba ya. Oliva no es protagonista de esta historia, pero su hijo Marino sí.
“La mañana en la que comenzó el incendio, Edelmiro Roldán pasó por el bar”, así comienza ‘El fuego callado’, con una línea que recuerda a ‘Crónica de una muerte anunciada’, de Gabriel García Márquez.
Edelmiro es vecino de un pueblo inventado del interior peninsular de trescientos habitantes. La historia se desarrolla allí, situada temporalmente entre la última década y la actualidad y con un registro pintoresco de personajes. Por un lado, Edelmiro. Por otro, el alcalde y Marino, un joven bobalicón. Y tras ellos, toda una cohorte de personajes secundarios necesarios para tejer un pasado al que el narrador se remite en diversas ocasiones.
Cuando era un niño, Marino sufría acoso por parte de los mozos del pueblo, que le lanzaban piedras a su cuerpo desnudo. Un día, Edelmiro fue invitado a esa grotesca y habitual tortura. Voceado por los chiquillos, que le increpaban a que le tirara piedras entre insultos, Edelmiro terminó cediendo, con la mala fortuna de que su lanzamiento dio en el ojo de Marino, dejándolo tuerto.
Con ese contexto histórico, además de otras pinceladas que nos ofrece el narrador en tercera persona a través de los numerosos ‘flashbacks’, llegamos a un presente con el que comienza y termina la novela, que es circular, donde hay un incendio. En él muere Edelmiro, que estaba con sus cabras por el monte, e incluso un macho cabrío aparece sin la cabeza, en forma de advertencia, de chantaje e incluso de amenaza.
A través de capítulos breves impregnados de diálogos que descongestionan la narración, el lector se introducirá en una historia de la que querrá saber más. El misterio y las sospechas correrán entre los personajes, pero brevemente, ya que el dinamismo de la novela no permite disertaciones desahogadas. Edelmiro tenía una mala relación con su hijo, pero también guardaba el rencor de antaño de Marino. Pero, realmente, ¿quién iba a hacer una cosa así?
La disputa por terrenos, la hostilidad de unos a otros, eran pruebas auspiciadoras de que alguna desgracia estaba por venir en el pueblo, provocada por esos rencores acumulados o de manera accidental por las malas condiciones en las que se encontraba el monte y la desatención que sufría por parte de la clase gobernante.
En esta historia de venganza y rencor, el lector se verá implicado, hará sus propias conjeturas y se sorprenderá con una explicación y un desenlace que darán mucho que pensar sobre el mundo rural español, las pasiones ocultas, los vicios, los secretos y sus intentos de esconder aquello que no debe saberse nunca.
Cabe destacar que la novela incluye algunos toques de humor que aligeran el peso del misterio y la oscuridad que rodea a la historia. Asimismo, el autor incluye una ácida crítica a la clase política y a su único objetivo de obtener votos a través del nepotismo y la demagogia.
Infidelidad y homosexualidad son dos elementos que resultan esenciales y terminan siendo un escándalo en un municipio tan pequeño, y más si en ellos se ve implicado una autoridad del mismo. De ello se habla como si fuera delito, pues así parecen verlo algunos, que lo intentan ocultar de la manera más rastrera que existe para querer mantener la dignidad que perdieron hace mucho.
Una novela, en definitiva, breve y directa como puntos fuertes, en la que quizás se echa en falta una mayor profundización en la psicología de los personajes. Una historia que mantiene la tensión, pero que, quizás por su brevedad, no consigue hacer demasiada mella en el lector. Por último, se agradece que tenga un final cerrado y que dé pie a reflexión en un momento en el que abundan las historias de misterio que pierden toda la belleza narrativa en un último capítulo laberíntico y desolador para el lector ávido de respuestas.

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El profesor Unrat

Heinrich Mann

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Valoración: ★★★

Notarás que está tu amor, y oirás su llanto...

Raat es profesor de instituto en la Alemania de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sin embargo, sus alumnos se burlan de él y le llaman Unrat, que significa ‘basura’, un mote del que no podrá desprenderse en toda la novela. El profesor Unrat (DeBolsillo, 2019), de Heinrich Mann y traducido por Juan de Sola, se publicó originalmente en 1905 y salió de la mente de este autor alemán, hermano mayor del archiconocido Thomas Mann. Sin embargo, siempre estuvo a la sombra de este y sus obras fueron consideradas de mucha menor calidad.
En esta obra, Mann presenta a un personaje de lo más singular. Con mucho odio y rencor acumulado, Unrat es un malogrado profesor que tiene mala relación con su propio hijo y una vida, aunque no mala, sí monótona y tediosa. Es viudo y muestra dos caras: una ante los alumnos —como férreo y fiero— y otra ante los demás —como temeroso y cansado—. De mirada torva y ánimo irregular, Unrat vagabundea por unas páginas que le son desgraciadas. Es un hombre que aboga por las costumbres sólidas, las leyes rígidas y la autoridad estricta, nada similar a la personalidad del autor, por lo que se deduce que Mann intenta introducir una crítica feroz a través del personaje principal de esta obra.
Narradas en tercera persona, a lo largo de estas páginas nos internamos de profundis en la mente de Unrat, que tal y como él dice no conoce la amistad, pero sí la literatura. Su desenvoltura al principio de la novela será compleja. Por momentos introduce un habla coloquial en los diálogos con los taberneros con los que dialoga. Incluso aparece la jerga juvenil de la Alemania de la época.
Pero en la mayoría de las ocasiones los diálogos son tensas puñaladas. Por desgracia, Mann introduce demasiadas frases largas y subordinadas que dificultan la lectura y la hacen tediosa. Puede llegar a ser denso debido al lenguaje que el autor utiliza, al amplio espectro de personajes a veces proclives a ser confundidos y por la monotonía ocasional de sus capítulos.
Mann retrata en El profesor Unrat una sociedad de pan y circo que parece ignorar todo lo demás, aquello que, precisamente, Unrat parece saber. El mundo le es hostil en general, la gente lo trata mal y pasa por momentos de vergüenza e incluso miedo. Hay tres alumnos en concreto que se la tienen jurada, y precisamente la entrada en escena de una mujer cambiará las tornas y le empujará a luchar por ella, aunque haya que enfrentarse a esos tres insubordinados.
Ella se llama Rosa Fröhlich. Es una artista con mala fama entre la gente, pero a ella le da igual el qué dirán. Rosa será el núcleo del enfrentamiento entre Unrat y los alumnos, entre Unrat y la sociedad, entre Unrat y sí mismo. A partir de su relación más que amistosa con Rosa se comenzará a hablar mal de Unrat. Pero eso a él, lejos de preocuparle, casi le enorgullece o, simplemente, evita escuchar esos rumores.
Se tiene la impresión a lo largo de la novela de que algo va a ocurrir, hay una tensión dormida que el autor plasma buscando el desasosiego del lector. En todo momento hay un conflicto entre la autoridad del profesor y la osadía juvenil de los alumnos.
Hay una evolución del personaje de Unrat desde el principio hasta el final. Pese a que la base de su carácter no la pierde, sí es verdad que se deshace de cierto temor que tenía al principio, quizás por la compañía de Rosa, que en cierto modo le hinche de orgullo. Se dice que Unrat era fuerte, solo le faltaba ser feliz. En realidad, en su fuero interno su objetivo es corromper y destruir la sociedad que le trata tan mal, y en cierto modo consigue alterar el tranquilo y decente devenir de las gentes que le rodean.
Varias líneas narrativas atravesarán la trama: por un lado, la vida y el carácter de Unrat. Por otro, la figura sensual —e idealizada por Unrat— de Rosa, y luego la juventud desacomplejada e irreverente presentada por los tres alumnos.
Un final precipitado y algo violento clausurará los sueños de Unrat. La guinda la pone un epílogo de Luis Fernando Moreno Claros, donde conocemos más en profundidad al autor, al que apenas se lee. Es un autor cuya obra está muy excluida de los gustos literarios actuales, sin duda. Hoy en día, una obra como esta es difícil que guste o siquiera que entretenga a algún joven lector ante la avalancha de títulos sabrosos que se publican cada año con sinopsis más atractivas e historias aparentemente más jugosas.
En la novela hay temas y críticas para todos los gustos: crítica al amor —uno de los personajes llega a decir que el amor físico es repulsivo—, al consumismo, a la burguesía, a los gastos lujosos, al dinero en general y a la sociedad proclive a los chismorreos. También hay pinceladas de amor, mucha misantropía, autoridad, soledad, marginalidad y rencor. Ya se dice en el epílogo que Mann fue crítico en todas sus obras en general. Esta es, probablemente, una de sus novelas más conocidas —se llevó al cine como El Ángel Azul en 1930— junto a El súbdito.
A rasgos generales, es un libro del que se puede aprender mucho sobre el ser humano y sus pasiones. “Notarás que está tu amor, y oirás su llanto…”, se dice al comienzo del octavo capítulo. Y Unrat lo notará hasta el punto de que el devenir estará determinado por él.

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