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Las Inquilinas de Netherfield

España

registrado desde abril de 2016

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Libros y reseñas

La carta olvidada, de Lucinda Riley (Plaza & Janés)

Lucinda Riley

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Valoración: ★★★★

Una historia donde los secretos, el suspense y la acción se van enredando entre las vidas de los distintos personajes

En La carta olvidada nos trasladamos al Londres de los años 90, y aunque al principio pueda parecer que estamos ante una ficción-histórica, en realidad (según comenta la autora en su nota) la novela es una versión remasterizada de Seeing Double, obra que escribió y publicó hace veinte años bajo el nombre de Lucinda Edmonds, cuando todavía conservaba su apellido de soltera. Este dato resulta de lo más interesante a la hora de enfocar su lectura, pues la historia mantiene la frescura y la inmediatez de lo que se cuenta y se dice, siendo además contemporánea a la época en que está ambientada, percibiéndose con esto los diferentes matices en las connotaciones sociales y políticas inherentes a aquellos años.

Así pues, La carta olvidada es una obra reciclada (según la autora) en una versión alternativa que llega a nosotros en una nueva edición sin impedimentos ni trabas y en un contexto y unos tiempos diferentes a aquellos en que se publicó la primera vez, pero conservando la atmósfera y el ambiente de los años en que se imaginó y se escribió. Dicho esto, arranco con la reseña.

Comenzamos con Johanna Haslam, una joven periodista llena de principios y pasión que quiere progresar en su carrera y en su trabajo. Una mañana su jefe casi le ordena que vaya a cubrir una noticia en apariencia sin ninguna importancia ni trascendencia: el funeral de sir James Harrison, un actor que ha tenido una larga vida y que ha muerto en la mitad de sus noventa años. Lo que parecía una noticia rutinaria, el cierre o el broche de la vida de un viejo actor, se convierte en extraña cuando nuestra periodista se encuentra en la iglesia con una anciana misteriosa que repentinamente se siente indispuesta y a la que Johanna socorre y acompaña a su casa, perdiéndose con ello el funeral y la noticia de la que debía informar.

Muerto y enterrado sir James Harrison, sus secretos y sus misterios no desaparecen con él, sino que siguen latentes a la espera de que alguien los descubra y los desvele: solo hay que lanzar el cebo a la persona adecuada. La elegida será la propia Johanna, investigadora con los principios y honestidad suficientes para no dejarse amedrentar o sobornar, y ella, una vez huele la jugosa noticia, no parará hasta descubrir y desenterrar cada una de las respuestas o los porqués que componen la biografía del aristocrático actor. Sin duda es la persona adecuada, pues no le faltan las agallas ni la inteligencia necesarias para esta misión, y cierta persona que lo sabe le confiará las pistas necesarias para tirar del hilo que desenredará este enigmático relato cuyas raíces, que son largas y profundas, tocan capas de la sociedad sensibles y poderosas.

A los pocos días del funeral, Johanna recibe una carta de la anciana que socorrió. Cuando quiere ponerse en contacto con ella descubre que esta buena mujer ha fallecido tristemente en unas circunstancias un tanto extrañas, y que alguien (o algunos) intenta borrar el rastro tanto de de su vida como de su muerte: esa mujer parece que no ha existido y se ha esfumado de repente. Para colmo se encuentra su apartamento totalmente destrozado: alguien ha entrado en él para buscar algo sin ningún miramiento. 

Una periodista de corazón no deja pasar dos circunstancias como estas que, para la mayoría de las personas, podrían no tener ninguna relación. Y se pone a desentrañar las razones que las causaron a pesar de los peligros, las trabas y las advertencias: investiga quién era esa buena mujer, qué relación tenía con sir James Harrison, qué hilo los unía, por qué hay fuerzas poderosas que intentan borrar su muerte y por qué han destrozado su apartamento. Multitud de preguntas a las que hay que dar respuesta y que ahora solo son misterios que resolver.

A partir de este punto, los secretos, las intrigas y el suspense esta servido, nuestra periodista comenzará a investigarlos todos juntos. Utilizando sus recursos contactará con los nietos de Sir James, Marcus y Zoe Harrison, los cuales inconscientemente, le abrirán las puertas de sus casas, de sus vidas y de la de su abuelo; involucrándose además, en unas relaciones personales que enredaran más si cave la madeja.

Por otro lado tenemos a nuestro pimpinela Simon, en apariencia un simple funcionario de Whitehall, amigo de la infancia de Johanna, su confidente y apoyo en Londres, que por circunstancias del destino conoce los hechos gracias a diferentes versiones, informaciones e informadores. Simon tiene más fondo de lo que dice o demuestra, y Johanna rápidamente le pilla en un renuncio, por lo que también tiene que trabajar para descartarlo… 

Lucinda Riley escribió una historia donde los secretos, el suspense y la acción se van enredando entre las vidas de los distintos personajes; y ellos, lejos de resolver asuntos, van dando vueltas de tuerca que los complican enganchando mientras tanto a los lectores. Las 491 páginas del libro vuelan y se pasan en un pis-pas, ya que el ritmo acompaña al misterio de tal forma que impide que el lector se aburra o se canse en ningún momento. 

Entregados e involucrados en su historia, los lectores nos contagiamos de su intriga queriendo saber más, desentrañar sus porqués, descubrir las respuestas para, pese a quien pese, llegar al comienzo de la misma.

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El niño en la nieve

Samuel Bjørk

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Valoración: ★★

Page-turner en toda regla que se merecía un final mejor

En realidad serían 2,5 estrellas.

Cuando llegó este libro a mis estanterías caí en la cuenta de que era el tercero de una serie de la que no había leído ninguno de los dos primeros libros, y de verdad que es superior a mis fuerzas empezar una serie policíaca por uno de los libros intermedios. Así que me puse manos a la obra y leí las dos primeras novelas, Viajo sola y El búho, y solo entonces comencé la lectura de El niño en la nieve. Voy muy retrasada en las reseñas, así que solo voy a reseñar este último… y es una pena, porque sinceramente (opinión personal) es el peor de los tres con diferencia. 

El prólogo nos traslada a 1999, y narra cómo un anciano que va conduciendo de noche por una carretera solitaria de repente se topa con un niño solo y aparentemente conmocionado que lleva una cornamenta de corzo sobre la cabeza. Fin del prólogo. Os aviso desde ya que esta escena no tendrá ninguna relevancia en la historia (pero absolutamente ninguna) salvo la obvia intencionalidad de tener un comienzo impactante.

La narración propiamente dicha en el presente (año 2013) comienza cuando empiezan a aparecer cadáveres sin ningún nexo aparente entre ellos y con distintas escenificaciones que tampoco parecen tener nada en común. La pareja de policías que da nombre a esta serie, Holger Munch y Mia Kruger, se encuentran en dos momentos muy distintos de su vida. Munch está de excedencia desde hace unos meses a causa de los eventos que sucedieron en la segunda novela, El búho; Mia Krüger parece que está aprendiendo a convivir con sus demonios y tiene planeadas unas vacaciones muy largas; la unidad policial especializada a la que pertenecen está en stand-by ante la ausencia de sus dos ejes principales. Sin embargo, la aparición de estas personas asesinadas pone en marcha de nuevo la unidad y Holger y Mia vuelven al tajo, aunque el asesino no se lo pone nada fácil: son incapaces de encontrar nada que relacione los asesinatos y, por tanto, no pueden anticiparse a ellos.

A ver… esto de leer lo tres libros seguidos ha tenido cosas buenas y cosas malas. Las buenas supongo que son no perder el hilo de la historia de los personajes en ningún momento y saber en qué punto se encuentra cada uno en cada momento. Las malas… pues que ves cosas que con tiempo de por medio se pasarían por alto, los agujeros negros o subtramas que no se cierran o no se explican, y el uso reiterado de los mismos recursos narrativos a lo largo de los tres libros.

Centrándonos en El niño en la nieve, la investigación en sí misma sigue la misma estructura que en libros anteriores. La acción se va narrando desde el punto de vista de distintos personajes, y por eso algunas veces los tenemos a todos juntos (sobre todo cuando son reuniones del equipo y ponen datos en común), y en otros casos los seguimos por separado, ya sean Holger y Mia, u otros miembros de la unidad policial: Gabriel, el hacker informático reconvertido en policía en el primer libro (y el que mejor me cae de todo este plantel); Anette Goli, abogada que funciona como enlace entre la unidad policial de Holger y la unidad central; Curry, policía con problemas severos de alcohol (de los que nadie parece darse cuenta, y no será porque no se lo pone fácil) y que en este libro va por libre… También aparecen los puntos de vista de distintos personajes aleatorios que nos irán propocionando información y que en algún momento serán relevantes para el caso. Así, vamos moviéndonos de la investigación de oficina a la investigación a pie de calle, y entre medias se va intercalando alguna que otra subtrama independiente de la investigación que no aporta nada a la historia.

Debo comentar una cosa sobre los dos personajes principales, y es la falta de evolución en sus tramas personales, y no será porque no tienen páginas para hacerlo. Holger y Mia, sobre todo Mia, viven en un bucle personal del que no salen y que en este tercer libro se vuelve a repetir. Holger y su sueño de volver con su exmujer a pesar de que ella le mandó a tomar viento hace ya diez años; Mia y su sueño de reunirse con su hermana en el más allá… una y otra vez. Y en el caso de Mia se hace muy pesado, porque en cada libro decide quitarse la vida veinte veces para luego olvidarse otras veinte veces de que se quiere quiere quitar la vida en cuanto surge una nueva pista y se emociona. ¿Cuántas veces se repite la frase «Ven, Mia, ven» a lo largo de los tres libros? Cansineo puro. 

Si algo bueno tienen estos libros, los tres, es que vuelan en las manos. Son buenos tochos de más de quinientas páginas (menos este que ronda las 450) y aun así los lees en dos sentadas. Son lecturas muy, muy rápidas, muy entretenidas (sobre todo si no decides darle muchas vueltas a algunas cosas), así que cuando pasa lo que pasa en este, que el final te estropea todo el libro, pues por lo menos tienes el consuelo de que apenas le has tenido que dedicar tiempo. Always look at the bright side of life 🙂

Y es que no, no me ha gustado nada el final. No hace falta decir que es una opinión personal porque eso se presupone en todas las reseñas (y no solo en las malas, también en las buenas), pero para mí es un final muy malo por varias razones. La primera es que este autor repite el mismo plot twist en el final de los tres libros, así que ya ni es giro ni es nada porque sabes que de una manera u otra se va a inventar algo para introducirlo (y cuando te lo encuentras otra vez en el tercer libro empieza a resultar un poco absurdo). El segundo es que es tiene algunas cosas incoherentes y encima se deja otras sin explicar. No puedo ahondar sobre esto por razones evidentes, pero lo de dejar cosas sin explicar es muy típico de este autor. Allá te las compongas, lector. El tercero es que, aunque acerté quién era el asesino desde su primera aparición, ni la pitonisa Lola leyendo los posos del café podría haber adivinado sus motivos ni el por qué con los datos que el libro ofrece. Podría ser lo que te cuentan o podría ser cualquier otra cosa, porque total, se lo saca de la manga. Y cuarto, otro recurso que usa en los tres libros que tampoco puedo destripar aquí y que da muestras de la falta de ideas del autor.

Os voy a ser muy sincera. A pesar de que en su desarrollo el libro tiene cosas que se me han hecho muy repetitivas de los libros anteriores, si el cierre hubiese sido bueno las hubiese pasado por alto solo por lo rápido que se lee y lo que engancha. Al fin y al cabo si un libro entretiene y te hace pasar un buen rato, lo disfrutas y ya. Pero es que ese final hizo que todo el libro se me desplomase. Sé que es algo personal, sé que a veces le pido demasiado a este tipo de libros… pero conforme pasan los días en lugar de atenuarse la mala opinión, se acrecienta. He releído el final antes de escribir esta reseña porque no quería ser injusta, pero he visto lo mismo que vi la primera vez. Y sinceramente creo que esta serie va de más a menos de manera muy evidente: lo que en una primera novela de serie funciona, es novedoso y refrescante, en la tercera cansa por reiterativo y por su aparente incapacidad para no transitar caminos ya visitados en los libros anteriores.

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Escóndete (Detective Warren 1)

Lisa Gardner

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Valoración: ★★★★

Un thriller muy entretenido con un personaje protagonista muy bien desarrollado

Llevo varios años leyendo reseñas de la serie de Lisa Gardner protagonizada por Tessa Leoni, y lo que siempre pasa, hay ganas de leerla, pero es que ya van por la tropecientos-no-sé-cuántos de la serie (bueno, la tercera o la cuarta, que me sale el lado exagerado), y como me gusta empezar por el principio, lo he ido dejando pasar. Cuando se anunció Escóndete, la supuesta primera novela de la serie de la detective Warren, pues no me lo pensé, y hoy vengo a contaros qué tal. Y digo supuesta porque no es verdad, es la segunda parte de la serie. Fue publicada en 2007 tras Alone (2005), y por si alguien le interesa, ya van publicados como once o doce…

La trama empieza con el descubrimiento de una cámara subterránea en los terrenos del antiguo hospital psiquátrico de Mattapan (Boston). Dentro de esa cámara aparecen los cadáveres de seis niñas asesinadas al menos un par de décadas atrás, y la sargento a cargo de la investigación, D.D. Warren, no duda en requerir la presencia en la escena del crimen de Bobby Dodge, antiguo amante y miembro de la policía estatal, por la aparente relación de este caso con uno que forma parte del pasado del propio Bobby. El tiempo apremia, no hay pistas salvo un guardapelo con el nombre grabado de Annabelle M. Granger en uno de los cadáveres, el hallazgo pronto se filtra a la prensa, y a todo el departamento de policía de Boston le espera muchos días con sus noches sin dormir intentando resolver un caso del que apenas hay hilos de los que tirar. Bobby podría haberse retirado tras confirmar la relación entre los casos, pero no puede hacerlo y se une a la investigación en curso.

Por otro lado tenemos a Annabelle. Realmente os he dicho arriba que la historia comienza con la aparición de la cámara de los horrores, pero no es del todo cierto. Empieza con la historia de una niña de siete años a la que, un día de octubre de 1982, sus padres metieron en un coche y que desde entonces vivió en permanente huida, de ciudad en ciudad, de estado en estado, siempre con nombres falsos y siempre escondiéndose, aunque Annabelle jamás llegó a saber por qué. Solo sabía que la estaban protegiendo y que su padre la entrenaba para poder defenderse de cualquier ataque. Esa Annabelle niña ahora tiene más de treinta años, tanto su padre como su madre han muerto, y hace años que volvió a Boston, pero jamás volvió a usar su nombre y jamás volvió a tener una vida normal: dejó de huir pero sigue escondiéndose, aunque no sabe de qué se esconde. Vive bajo el nombre de Tanya Nelson, y así hubiese seguido para siempre de no haber visto en las noticias que uno de los cadáveres aparecidos en esa cámara llevaba un guardapelo con su nombre… su nombre auténtico, Annabelle M. Granger, un regalo que le hizo a su mejor amiga de siete años justo antes de desaparecer en 1982. Es el momento de salir a la luz y acudir a la policía, le lleve eso donde le lleve.

Si algo me ha sorprendido del libro es el modo en que está repartido el protagonismo de los personajes, y es que choca bastante que esta sea la segunda novela de la detective Warren (ya ascendida a sargento) cuando es la que menos pinta en la historia. La trama fluctúa casi todo el tiempo entre Annabelle y Bobby Dodge, y aunque Warren está ahí, obviamente, no parece en absoluto la protagonista de la serie que lleva su nombre… y si os digo la verdad, a mí no me ha importado. Annabelle es la reina del show en estas páginas y es un personaje muy interesante, y Bobby también ocupa su espacio sin problemas como contrapartida en el departamento policial. El libro se puede leer en apariencia sin ningún problema sin haber leído el primero, y supongo que D.D. Warren tendrá más protagonismo en otras entregas de la serie (en las que espero que siga saliendo Bobby, por cierto).

La novela avanza todo el rato en una misma dirección: hay que desentrañar el misterio de Annabelle y su familia para descubrir la conexión que tienen con el asesino de la cámara del hospital psiquiátrico. La relación está ahí, pero el padre de Annabelle cubrió de tal manera su rastro que resulta casi imposible desenredar la madeja; es como si la familia Granger jamás hubiera existido, y de Annabelle pueden recibir poca ayuda. Jamás fue informada de lo que pasaba, era solo una niña, y sus padres murieron sin dejar nada atrás que desentrañase el misterio de la huida y la ocultación. La paranoia por esconderse era tal que hace tiempo que ella simplemente cree que su padre estaba loco, y la policía de Boston, por más que busca, solo encuentra callejones sin salida. Así nos tiramos dos tercios largos del libro. Y aquí es donde viene, precisamente, la única pega que le voy a poner a la historia. 

Existe un recurso en el género negro o el thriller con el que yo, particularmente, no comulgo mucho: el del personaje mesías (bueno, yo lo llamo así, no existe como tal oficialmente hablando, claro). ¿Qué caracteriza a este personaje? Pues que hay que hablar con él pero no se consigue por unas cosas o por otras, y cuando por fin se consigue, resulta que, vaya por Dios, tenía la clave de todo desde el principio, la desglosa de pé a pá en tres páginas y tú como lector te quedas con cara de que te podías haber ahorrado las 350 anteriores. En resumen: el gran misterio se resuelve por el testimonio de un personaje convenientemente apartado de la investigación durante casi todo el libro y la investigación en sí misma resuelve más bien poco. Pues aquí tenemos personaje mesías, y con lo que estaba disfrutando del libro, eso me ha hecho torcer un poco el morro y poner los ojos en blanco. Perdono a la Gardner porque el libro en sí es muy entretenido y los personajes me han gustado, pero ella misma sabía que eso era una pirula al lector porque lo deja caer de boca de uno de los personajes.

Por lo demás, el libro se lee casi en dos sentadas, los personajes son creíbles dentro de las licencias que se tiene que tomar el género, y es muy entretenido, que es lo que al final cuenta. Y reconozco que lo más me ha gustado es el retrato que hace de Annabelle, una mujer que lo único que ha aprendido en la vida es a no vivirla, siempre ocultándose sin saber de qué se oculta, y viviendo bajo las mismas premisas que sus padres le inculcaron sin saber cómo romper esa cadena de comportamiento. No sabe de qué o quién tiene que tener miedo, jamás se lo dijeron, y por tanto tiene miedo de todo y de todos mientras sobrevive en su burbuja. En cuanto al asesino, no voy a decir que no lo había visto venir desde su primera aparición porque mentiría, pero de los detalles, su identidad y la conexión no tuve ni idea hasta la revelación del mesías, y eso sí ha supuesto toda una sorpresa porque nada en el libro te hace presuponer que los tiros vayan por ahí (como no podía ser menos, de eso se trataba, ¿eh, Gardner? xD).

No os quiero contar nada de la trama en sí ni de la investigación, así que lo dejo aquí. En definitiva, Escóndete es todo un page turner con sus cosillas, cosillas que a algunos lectores les darán igual y a otros pues no tanto, pero lo que es el libro en sí da lo que promete: unas horas de lectura intrigante y rápida con unos personajes que te hacen querer leer más sobre ellos. Yo seguiré con la serie si se sigue publicando (que espero que sí).

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La noche de las medusas

Jacinto Rey

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Valoración: ★★★★

Una novela verdaderamente recomendable. Un escritor a seguir.

El alunizaje del Apolo XI, el 20 de julio de 1969, fue un momento histórico para la humanidad, y es el elegido por Jacinto Rey para el arranque de su novela. Mientras muchos están pendientes de esa proeza en cuestión, otros, además, se dedican a consumar y ejecutar unos hechos tejidos hace más de veinte años en una maraña de intrigas, venganzas y barridos de conciencia, haciendo que el lector, de alguna manera, se olvide de esa efemérides, única en nuestra historia, para enfocarse en lo que quiere el autor: lo que está por venir en La noche de las medusas.

Cuando Jacinto Rey se refiere a esa noche, no es a la llegada del hombre a la luna, sino que nos retrotrae 23 años atrás, al 10 de octubre de 1945, la noche de las medusas, para así poder saber o entender hasta dónde llegan los tentáculos de estos animales que iluminaron aquella calurosa noche de octubre, pues fueron testigos y colaboradores inconscientes de un suceso que, lejos de olvidarse, ha engendrado rencores y venganzas que deben cobrarse y limpiarse. Para esta empresa en cuestión no hay mejor día para comenzar que el 20 de julio de 1969.

Serafín Leal, Bruno Grande y Andrés el puro son tres legionarios, pertenecientes a la IV Bandera de la Legión destinada en el norte de África, que coinciden en 1945 en Tánger. Estos soldados de fortuna unen sus destinos en un primer momento con el fin de sobrevivir a la guerra y a sus circunstancias, pero más tarde el destino, entre todo el barullo, les hace tropezar con un tesoro fabuloso que ayudaría a cualquiera de ellos a comenzar una vida de riquezas y posibilidades.

Ninguno de los tres está por la labor de compartir y cada cual ya tiene decidido cómo invertir esas nuevas riquezas llegadas por casualidad, lo que provoca toda una serie de acontecimientos que se amplifican y expanden en el tiempo y entre todos aquellos que, de alguna manera, llegan a tener contacto con los tres legionarios.

Así, del Tánger de 1945 nos trasladamos al de 1969, para acabar en el Madrid de ese mismo año. El autor nos relata este recorrido por medio de capítulos breves en los que se encadenan los numerosos y diversos personajes, todos ellos dispuestos en una acción donde el movimiento es constante, haciendo que la trama se aligere para que los personajes principales encajen con los secundarios en un thriller donde las intrigas, venganzas y cuentas pendientes componen el esqueleto de la historia.La mayoría de los personajes que van apareciendo en la historia se perfilan claramente, ya sean sicarios, asesinos, mafiosos u otros. Los vemos venir, y sabemos desde el principio cuáles van a ser sus intenciones. Otros son más retorcidos; utilizan una máscara de honestidad que nos hace caer en su perímetro de influencia, y de ellos dependen los giros argumentales y sorpresivos que el autor tiene preparados a lo largo de la novela. 

Al final, si se piensa en ello, estos personajes (no diré cuáles son, para que así el lector disfrute de la lectura y se haga sus propias componendas) son los más humanos y completos, pues se componen de lo bueno y lo malo que todos llevamos por dentro, y aunque justifiquen y argumenten las terribles acciones que les llevaron a hacer y ejecutar hechos perversos, estos argumentos y justificaciones no les impiden recibir la justicia universal que el autor les ha preparado. Para impartir esta justicia enviste de brazos ejecutores a otros personajes, los que a priori parecen más malignos. 

A lo largo de la novela vemos cómo todo queda resuelto; los tentáculos se van extirpando, al tiempo que las intrigas y los giros argumentales iluminan el camino de la venganza gestada hace 23 años, sin con ello perder el foco y el interés de las causas y razones de cada uno de los personajes. Tal y como pasa con las matrioskas, nada es lo que parece, y de ellos surgen las peores versiones imaginadas.

En La noche de las medusas, Jacinto Rey nos regala una novela escrita con un lenguaje sencillo, donde la agilidad y el ritmo acompañan a una acción trepidante, al tiempo que los giros inesperados añaden sorpresa y deleite, haciendo que el lector absorba su lectura de un tirón.

Una novela verdaderamente recomendable. Un escritor a seguir.

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Un extraño en casa

Shari Lapena

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Valoración: ★★★

Un extraño en casa es de esos libros que entran solos, que se digieren con facilidad, que mientras los tienes en las manos pasas las páginas casi sin enterarte porque la autora consigue llevarte por donde quiere

Shari Lapena llegó pegando fuerte hace año y medio con La pareja de al lado, así que muchos repetiréis con esta autora al leer este libro. No es mi caso, porque aunque está reseñado en el blog aquí, fue mi compi MB quien lo leyó y lo reseñó, así que con Un extraño en casa me estreno con ella, y la verdad es que no se le puede negar que es un thriller (o domestic noir, que es donde parece que están clasificados los libros de esta autora) muy entretenido, sencillote y que se lee casi sin darte ni cuenta. 

El prólogo nos pone directamente en situación. Karen Krupp sale huyendo de un restaurante abandonado presa del pánico, conduce fuera de control, se salta varios semáforos en rojo y acaba estrellándose contra un poste. Cuando despierta en el hospital, no recuerda absolutamente nada de la noche del accidente: ni qué le llevó a ese restaurante (que está en una zona de Nueva York poco recomendable y que en una situación normal jamás hubiese pisado), ni por qué salió de casa sin tiempo ni para coger el bolso, el móvil o cerrar la puerta, ni por qué conducía como lo hacía… ella, cuyo respeto por las leyes roza casi lo absurdo. Tom Krupp, su marido, no entiende nada: su esposa no hace esas cosas, no conduce así, no va a esos barrios conflictivos. Empieza a sospechar que no sea del todo sincera en cuanto a que no recuerda nada. La policía tampoco acaba de creérselo, pero lo cierto es que es verdad: no lo recuerda, aunque nadie la crea. Cuando se descubre un cadáver cerca de donde ella tuvo el accidente, la cosa se pone seria, y el idílico matrimonio Krupp empieza a darse cuenta de que todos ocultamos cosas… y ellos dos no son la excepción.

Sinceramente, cuanto menos sepáis sobre la historia, mejor. Es algo que se suele decir en este tipo de novelas, pero es que es totalmente cierto, así que voy a ser breve (sé que soy como el pastor y el lobo y no os lo creeréis, pero de verdad que voy a ser breve) e intentar no desvelaros nada.

Dejando a un lado los secundarios, cuatro son los personajes principales de la historia. Por un lado está el matrimonio Krupp, Tom y Karen, típica pareja atractiva treintañera americana que vive en una urbanización de clase media-alta, y que apenas llevan casados un par de años. Muy enamorados, muy felices, con plena confianza el uno en el otro, hasta que el accidente de Karen pone todo patas arriba: Tom empieza a desconfiar de la mujer con la que duerme cada noche, y Karen, que no miente al decir que no recuerda nada, sí que ha mentido en otras cosas. La tensión entre ellos ante los progresos y descubrimientos de la policía es el leitmotiv de la historia, lo que hace avanzar la trama. Por otro lado está Brigid, su vecina de la casa de enfrente, mejor amiga de Karen desde que se mudaron a la urbanización, y un tanto… creepy. Se pasa la vida encerrada en casa, apostada ante el ventanal que da al hogar de los Krupp para no perderse detalle, y haciendo punto. Y por último esta Raschbach, el inspector de policía que se hace cargo del caso: incansable, infatigable, muy inteligente y agudo a la hora de calar a la gente, se convertirá en la peor pesadilla de los Krupp.

La trama, narrada en tercera persona y en presente, empieza con un prólogo que en apenas página y media te mete de lleno en la historia. Luego la cosa se tranquiliza acompañando a la propia calma de las horas de hospital y la vuelta a casa, hasta que llega un punto hacia la mitad de la historia donde la cosa vuelve a acelerarse y empiezas a leer todo del tirón. Conforme avanzan las páginas van surgiendo giros que no ves venir y perfectamente acoplados a la historia (no están sacados de la manga, me refiero) que hacen bailar la dirección de las sospechas no solo por parte de los personajes, sino del lector, hasta que se llega a un último capítulo donde la autora da la puntilla.

Os podría decir que el tema de fondo es lo poco que conocemos a las personas que tenemos más cerca, o que las conocemos menos de lo que creemos, o que las relaciones que establecemos con los demás muchas veces son más frágiles de lo que pensamos, o que todos tenemos nuestros secretos, o que nunca sabemos lo que pasa en las casas de puertas para adentro ni lo que los demás están pensando, o que nos callamos cosas con toda la buena intención del mundo para no herir a los demás que luego nos explotan en la cara… pero no, me parece que todo eso es querer buscarle a la historia más profundidades de las que tiene. A ver, sí, todo eso está ahí, pero ante todo está escrito para entretener. La prosa es sencilla y efectiva porque la historia tampoco pide más, y la clave de todo está en los personajes, lo que ocultan, lo que enseñan y como utilizan todo eso a su conveniencia cuando toca. Porque sí, la escena con más acción es la del prólogo, luego ya es una novela de personajes y una carrera de fondo para averiguar qué pasó esa noche y por qué, quién miente y quién dice la verdad, y quien se guarda un as bajo la manga. Y la autora maneja muy bien los tempos con los que va dosificando información.

Un extraño en casa es de esos libros que entran solos, que se digieren con facilidad, que mientras los tienes en las manos pasas las páginas casi sin enterarte porque la autora consigue llevarte por donde quiere, y que cumplen su función: que te quedes pegado a la silla y no te levantes hasta que hayas llegado al final. A veces viene bien una lectura sencilla, ligera y adictiva sin más pretensiones, y me da que Lapena tiene el truco pillado para escribir libros así como churros. Tiene pinta de que ha llegado para quedarse, y yo creo que os he contado la esencia del libro sin destripar absolutamente nada (¡y he sido todo lo breve que puedo ser!). Misión cumplida 🙂

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Una historia casi verdadera

Mattias Edvardsson

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Valoración: ★★★★

Un thriller metaliterario cuya lectura es absorbente

No hay remedio más eficaz para resolver los asuntos financieros que escribir un libro, un best seller, vender un millón de ejemplares y lanzarte al estrellato editorial… o eso es lo que piensa Zack Levines cuando pierde su trabajo, y es que, lejos de parecer ingenuo, este hombre no da puntada sin hilo, pues lo que a algunos de nosotros podría parecernos una empresa titánica y casi imposible, para él es de lo más posible y natural.

Zack Levines es pragmático y racional: lo de procrastinar no va con él ni con su carácter nórdico. Ha decidido escribir un libro, en concreto uno que le proporcione ingresos pasivos a lo largo de su vida, y eso va a hacer, escribirlo. Su plan de acción está en marcha, y para ello reúne todo su bagaje literario.

Como le dijo una vez su profesora del curso de Creación Literaria, «para escribir tienes que tener algo que contar», y él lo tiene: una historia enterrada durante doce años, acaecida durante su estancia en la prestigiosa Universidad de Lund, cuando fue uno de los pocos elegidos admitido en el curso de Creación Literaria mencionado antes.

Así, aunque al principio puede parecernos que las motivaciones literarias de Zack son meramente mercantiles, es todo lo contrario, pues no hay nada como contar una historia sobre uno mismo para que se abra esa caja de Pandora que todos tenemos a buen recaudo, dejando aflorar todo lo bueno y lo menos bueno que teníamos guardado en ella. Para darnos a conocer la casi verdadera historia, Mattias Edvardssonn hace uso alterno de dos tiempos: el presente del libro (año 2008), y cuando sucedieron los hechos, en los años 1996 y 1997.

Volviendo a la trama argumental, partimos del momento cero (1996), cuando un grupo de jóvenes, los elegidos para el prestigioso Curso de Creación Literaria, se encuentran en el sótano de la Universidad de Lund, y entre ellos empiezan a emerger sentimientos encontrados, amores, afinidades… que fraguarán unos lazos que los marcarán para siempre.

Li Karpe, la profesora del curso, será la encargada de que todo esto se avive, dirigiendo, manipulando y encauzando a nuestros confiables alumnos. Más que una mentora literaria parece una mantis religiosa, dedicada (además de a manipular) a castrar (metafóricamente hablando) o someter a todo aquel o aquella que sus ojos eligen.

No hay nada como la energía y la vida que la juventud te da. Li Karpe lo sabe y lo utiliza con tal cinismo que abochorna, y solamente con un propósito: moldearlos y vampirizarlos en pro de la creación literaria… no ya la suya, sino la de un escritor ciertamente notable, Leo Stark, quien, para alimentar su creatividad, necesita chupar hasta la última gota de voluntad y energía de todo aquel que su pupila, Li Karpe, le entregue a sus píes. 

Leo Stark es, por tanto, un hombre cruel y egoísta incapaz de escribir un libro por él mismo, y su creación literaria está por encima de todos los limites y no duda en traspasarlos. Al final, este personaje me ha resultado más patético que otra cosa, pero para nuestros escritores en ciernes, tanto Li Karpe como Leo Stark tenían las llaves, la influencia y los contactos necesarios para entrar en el Reino de los escritores, y esa ilusión fue la que utilizaron tanto Li como Leo para vampirizarlos y exprimirles en cuerpo y alma.

A todo aquello, de alguna manera, se sobrevivió, y Zack, doce años después (2008), irá desenterrando esta historia con el propósito de escribir su best seller, contactando al mismo tiempo con sus antiguos amigos, descubriendo y observando cómo han transcurrido sus vidas y si han podido sobrevivir y tirar hacia adelante.

El autor Mattias Edvardsson nos sumerge en Una historia casi verdadera en las vidas de Zack, Adrian, Betty y Fredrik. Estos personajes lo tenían todo, las ganas de vivir, su energía y vitalidad y, a pesar de sus pésimos mentores, descubren que aquellos sentimientos que los unieron hace 12 años perduran aunque hayan intentado soterrarlos y casi olvidarlos.

La trama de la novela engancha y resulta muy difícil apartarse de ella, pues al igual que Li Karpe manipulaba a sus alumnos, el autor, con su maestría narrativa y a través de la páginas, nos reconduce y nos impide apartarnos de una lectura, que, en mi caso, ha sido compulsiva y ansiosa. 

En definitiva, como a mí me gusta.

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El jardín de Sonoko

David Crespo

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Valoración: ★★★★

La cultura japonesa está genialmente retratada en cada una de las palabra de David Crespo

Me llamo Kaoru Nakamura, tengo veintiocho años y durante cinco fui hikikomori, un anacoreta en mi propia casa.

Estas son las palabras que nos adelanta Kaoru Nakamura, el protagonista principal de El jardín de Sonoko, y con las que nos introduce en ese universo suyo, personalísimo y perfecto, que se ha creado durante los últimos años de su vida.

Mirándolo desde la perspectiva de una persona más o menos social, ser un hikikomori no debe ser fácil. Uno puede pensar a grosso modo: ¿cómo puede llenar Kaoru Nakamura todos los momentos de su día a día, aislándolos de las simples realidades, para que su cotidianidad no llegue enloquecerlo?

Así, conforme conocemos a Kaoru, vemos que posee una serie de cualidades que emanan de él, ya sea de manera natural o porque las trabaja consciente o inconscientemente a través de sus rutinas diarias. Percibimos en cada uno de esos movimientos su sensibilidad exquisita, practicada y perfeccionada cada día con meticulosidad, constancia y paciencia, con el único objetivo de soterrar su dolor bajo la máscara de una apariencia de realidad. Todo ello queda protegido bajo una pátina fría de indiferencia y desapego emocional, resultado de doblegar durante demasiados años todos sus sentimientos y emociones, siempre por medio de la férrea e inflexible disciplina.

En El jardín de Sonoko, David Crespo construye una casi imposible historia fabulada, donde la casualidad es engendrada por todas las causas que atañen a Kaoru Nakamura. La parte fabulada es introducida por medio de sus recuerdos y de los relatos infantiles que Kaoru escuchaba de su madre. Para no desvelar demasiado, comentaré que esos relatos nos enseñan que nadie es ajeno a su destino: según ellos, lo del libre albedrío está por ver… o, más bien, por negociar.

La novela está narrada en dos tiempos. Al principio, cuando nos metemos en la mente de nuestro protagonista, participamos de lleno en todas sus rutinas, descubriendo así su paciencia infinita y, sobre todo, su gran poder de observación y del detalle. Algunas cosas o hechos, que a la mayoría podría parecerles indiferentes por no merecer la mínima atención, suponen los momentos mágicos que llenan los días y la vida de nuestro protagonista.

Esos pequeños detalles, sumándolos, construyen su aparente realidad: una vida que ha cimentado sobre metas invisibles, ordinarias y cotidianas que, por un lado lo atrapan, y por otro lo envuelven en su círculo de seguridad. A pesar de toda esa claustrofobia diaria que suponen sus diversas manías y fobias, percibes que Kaoru Nakamura es un ser único cuya sensibilidad llena su tortuosa alma, y la única solución que encuentra para superar ese dolor es abstraerse y aislarse del mundo.

Cinco minutos de retraso en sus hábitos cambia la realidad de Kaoru, y este mínimo desajuste activa y tensa los frágiles hilos de su destino. A partir de ese momento la historia gira vertiginosamente hacia un laberinto infinito, donde solamente esos mismos hilos del destino le mantienen cuerdo, pues todas sus rutinas se desajustan fracturando esa realidad aparente.

En esta segunda parte, David Crespo acelera e intensifica la historia engrasando los engranajes que mueven y motivan a Kaoru. En principio, a él le parecen unos desajustes con terribles consecuencias pero, como la esperanza es lo último que se pierde, veremos que todo tiene un por qué y un para qué, sustentando toda la trama con estas preguntas y sus respectivas respuestas, pues en ella la intriga y el arte se retroalimentan mutuamente.

Así, solo cuando el protagonista reúna todo su valor, podrá emerger y conocer su verdadera realidad, no la sucedánea que se ha construido en los últimos años, revelándose entonces las más increíbles e inverosímiles causas y casualidades que se han entretejido en su vida e historia.

El autor posee una narrativa exquísita y culta, pues cada palabra que escribe posee un significado claro y único. Por decirlo de algún modo, la meticulosidad en su lenguaje, su riqueza, lejos de parecerme un relleno superfluo de frases y parrafos, me ha conectado con el personaje y su historia.

En definitiva, he disfrutado muchísimo de El jardín de Sonoko y de toda su sensibilidad artística y natural. La cultura japonesa es una de mis pasiones, y considero que ha sido muy bien retratada en cada una de las palabra de David Crespo.

La edición rústica con solapas de SUMA es preciosa y singular. La ilustración de la cubierta, de Elena Pancorbo, es maravillosa y muy acertada, pues transmite toda la sensibilidad y delicadeza de la novela.

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Operación Black Death

Fernando García Pañeda

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Valoración: ★★★★★

Muy, muy recomendable si os gustan las novelas con sabor a clásico

Hacía mucho tiempo que no leía una novela de espías, creo que además ha sido la primera ambientada en España, y no solo la he disfrutado mucho sino que además me ha dado la oportunidad de conocer la prosa de Fernando García Pañeda, de quien no había leído nada hasta ahora y me ha sorprendido muy, muy gratamente por lo cuidado, bonito y elegante que escribe y por lo bien ambientado que está el libro de principio a fin. Esta novela rezuma aire de peli de los años 40 por los cuatro costados (de hecho creo que es una lectura muy cinematográfica), con un sabor muy clásico y elegante, y aunque este párrafo podría ir muy bien al final como cierre de reseña, quiero dejaros claro desde el principio lo mucho que he disfrutado de la historia.

Después de un rápido prólogo que tiene lugar en la villa holandesa de Laren donde se narra la compra-venta de unos cuadros falsos de pintores flamencos y holandeses, la acción comienza cuando, en mitad de la noche, un grupo de la resistencia intenta cruzar la frontera entre Francia y España huyendo de la Gestapo. La Guardia Civil les echa el alto, y de los seis que componen el grupo solo consiguen escapar dos: Monique de Bissy, miembro de la resistencia belga, y Alphonse, agente de la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) y encargado de ayudar al grupo a llegar a Ergoyen.

Es decir, que tenemos (además de diversos arcos que van surgiendo y resolviéndose a lo largo de la trama) dos líneas principales en la historia. Por un lado una red de contrabando de obras de arte entre Alemania y España, en el que están involucradas tanto las autoridades españolas como las altas instancias alemanas. Este negocio va de capa caída ante la inminente posibilidad de que Alemania pierda la guerra, y en él se mueven tanto cuadros falsos como los auténticos saqueados en el brutal expolio del patrimonio artístico que realizaron los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial. En esta línea se mueven traficantes de obras de arte, agentes secretos, políticos… y Alphonse siempre mediando entre todos ellos. Él es el personaje principal en esta subtrama.

La otra es la que sigue a Monique de Bissy tras llegar a España y ser acogida por los hermanos Inchauspe (Martín y Ana Eugenia) en Villablanca, el palacete en el que ambos viven en el barrio de Neguri, refugio de la aristocracia vizcaína en Getxo. Buena parte de la trama se centra en la evolución de la amistad entre las dos mujeres y el interés en otro ámbito entre Martín y Monique, pero… ¿es Monique quien dice ser? ¿Es Martín tan superficial y frívolo como aparenta? ¿A qué se dedica exactamente? Martín es el que lleva buena parte de la historia a las espaldas, y su determinación fluctúa de manera muy distinta fuera de su hogar y dentro de él. Resolutivo e inflexible en sus negocios, tierno y protector con su hermana, y algo inseguro cuando tiene que afrontar lo que comienza a sentir por Monique. De esos personajes clásicos duros por fuera, con un pasado dramático (en este caso a causa de la Guerra Civil), pero que tienen su corazoncito y son mucho más profundos de lo que aparentan. Monique es la que me hubiese gustado que fuese un poco más guerrera, más echada p\\\’alante, cosa que se le presupone por su pasado pero que no acaba de explotar ante el lector. Esa carencia la suple Ana Eugenia, que a la chita callando demuestra ser mucho más peleona de lo que parece y con algún que otro secreto tras esa fachada un tanto celestina y hogareña.

El libro está narrado en presente y tiene un marco temporal de tres meses, más una especie de epílogo que nos traslada un año después de que termine la acción propiamente dicha de la trama. La narración adopta varios estilos, y es una estructura que a mí particularmente me ha encantado. Tenemos al narrador omnisciente en buena parte de la historia, pero de vez en cuando hay varias rupturas: las que aparecen cuando son informes del servicio secreto, que los vemos tal cual en papel, y ciertas escenas narradas en forma de guión teatral, siempre cuando se trata de una conversación entre varios espías. La historia va alternando entre los diversos arcos narrativos, predominando casi siempre, a pesar de aparecer muchísimos personajes, Martín Inchauspe por un lado, y el espía Alphonse por el otro (reconozco que a mí me resultó muy evidente su verdadera identidad desde el principio, pero eso no restó ni un ápice de interés a lo que se nos contaba. Al contrario, me pareció muy honesto que el autor no intentase rizar el rizo ni sacarse de la manga un giro de tramas de esos que me chirrían tanto algunas veces).

La ambientación es uno de los puntos fuertes de la novela. Estamos en 1944, plena Segunda Guerra Mundial, pero no hay que olvidar que eso también implica que estamos en plena posguerra civil española. Nos movemos principalmente entre la tranquilidad de Villablanca en Vizcaya y el bullicio de la vida social en Madrid, y los restos de la contienda son todavía visibles, tanto externamente en el paisaje y las ciudades como internamente en el pueblo y en los que combatieron. La situación política se divide entre los adeptos a Franco y los que quieren la monarquía de la mano del exiliado don Juan de Borbón, sin contar la supuesta neutralidad con la que España vivió la guerra en el resto de Europa. La alta sociedad ha recuperado su rutina de fiestas y frivolidad mientras la gente de a pie se muere de hambre. La España de 1944 era una España en plena convalecencia y aunque la trama no quiere ahondar en eso más de lo necesario porque no es el fin último de la historia, tampoco lo evita porque forma parte del día a día de algunos de los protagonistas.

Operación Black Death (por cierto, tendréis que leer la novela si queréis saber a qué se refiere esta operación) es una historia que atrapa desde el principio, pero como lector no te deja que te despistes. Hay cosas evidentes, pero hay otras cosas que si no estás atento puedes llegar a perderte. Son muchos personajes, espías, dobles espías, entran con su nombre verdadero, vuelven a entrar con un nombre en clave… todos, o casi todos, tienen una o varias identidades… no es ni mucho menos una lectura difícil, que nadie se me asuste, pero tampoco facilona. El autor confía en la pericia del lector y en que sepa manejarse entre tanto espionaje y contraespionaje, y construye una historia que engancha de principio a fin.

En resumen, muy, muy recomendable si os gustan las novelas con sabor a clásico, de esas que cierras los ojos y te imaginas las escenas en blanco y negro. Ya comenté al principio que es una novela muy cinematográfica, y sinceramente no me extrañaría verla algún día adaptada. Muy entretenida, genialmente ambientada y narrada. Se merece que le deis una oportunidad quienes no lo hayáis leído todavía, porque es muy difícil que no os guste. Me he quedado con muchas ganas de conocer otras obras del autor. Por cierto, aviso a navegantes en general y austenitas en particular: se avecina nueva novela de Fernando donde hace su particular homenaje contemporáneo a Persuasión. Se llama Agonía y Esperanza y está ambientado en Venecia. Ahí es nada. Os dejo AQUÍ un enlace a su blog donde explica el por qué de esta renovación de la historia de Jane Austen en su bicentenario.

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Teutoburgo

Valerio Massimo Manfredi

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Valoración: ★★★★★

Si os gustan las novelas históricas basadas en hechos reales y que estén bien contadas de manera sencilla, amena y muy entretenida sin dar clases de historia, este es vuestro libro

El nombre de este libro, Teutoburgo, es el de una batalla clave que tuvo lugar entre los romanos y los germanos en un bosque del mismo nombre en Germania en el año 9 d.C. Había oído hablar de ella, aunque no sabía los detalles, qué personajes habían participado, lo que había ocurrido exactamente… nada. Y, por una vez, fui fuerte y no googleé sobre el tema. No quería saber lo que iba a pasar en el libro. Evidentemente mucho menos os lo voy a decir a vosotros, que ya sabéis que spoilers por aquí los mínimos, pero sí que os aconsejo que si no sabéis lo que pasó, hagáis lo mismo que yo. Disfrutaréis mucho más de la historia que nos cuenta el bueno de Manfredi (cuánto tiempo sin leerte, viejo amigo). Y si ya lo sabéis, pues lo disfrutaréis igualmente porque el libro se lee de una sentada, pero sin el factor sorpresa porque ya sabréis hacia donde conduce la historia.

La historia comienza siguiendo a Armin y Wulf, hermanos de noble estirpe e hijos de Sigmer, jefe supremo de los queruscos, la tribu más poderosa y numerosa de Germania. Son apresados por una patrulla romana, comandada por el centurión Marco Celio Tauro, cuando están contemplando la construcción de «el camino que no se termina nunca», una de las vías pavimentadas romanas que recorrían el imperio de arriba a abajo.

Los queruscos tienen una alianza con los romanos, un pacto mutuo de no agresión, pero lo que los romanos llaman alianza en realidad es sumisión por parte del pueblo germano. Por ello, los dos hermanos son tomados como rehenes, aunque el término que usan los romanos para ellos son huéspedes: no les interesa devolvérselos a su padre porque quieren que conozcan Roma, que piensen como romanos, que asuman la disciplina romana y queden embelesados con lo que el imperio ha llegado a ser y los beneficios que se obtienen al ser parte de él… Y así, durante años, en una especie de escuela privada, bajo el tutelaje del centurión que les capturó, Tauro, estos dos adolescentes aprenden a combatir, vivir y sentir como un centurión romano, aunque resultan evidentes las diferencias entre ellos dos y como asume cada uno estos cambios.

Wulf, curioso y extrovertido, queda desde el primer momento maravillado ante las proezas y adelantos de los romanos, una civilización muy superior a la tosca germana, que todavía vive en cabañas; se asombra ante la omnipotencia y poderío del imperio, y en caso de tener que decidir un bando pronto queda patente que seguramente elegiría Roma por encima de Germania. Armin, sin embargo, es un guerrero germano, indomable; se siente prisionero de los romanos y no se deja domar por ninguna disciplina. En un principio no se maravilla ante la grandeza del imperio ni de Roma… y sin embargo es él quien, poco a poco, y gracias a su iniciativa, comienza a ascender dentro del ejército y a ganarse la confianza de sus superiores, el que comienza a codearse con las altas cimas de poder, el que algún día podría obtener la ciudadanía romana… también comienza a preguntarse si sería capaz de volver a la oscuridad y atraso de la sombría y cenagosa Germania, aunque en el fondo de su corazón le cuesta rechazar su tierra. Los dos hermanos son uña y carne durante años, pero la vida les lleva por derroteros distintos… Roma, en concreto, les lleva por derroteros distintos, y pronto tendrán que tomar decisiones que cambiarán sus vidas y el devenir de la Historia.

Situándonos en contexto, estamos en tiempos de Octavio Augusto, que quería llegar hasta las corrientes del Elba, fijar la última frontera del imperio en Germania. Consideraba que el mundo no podría llegar a ser completamente romano si lo germanos no formaban parte de él, que los germanos eran el único pueblo sobre la faz de la tierra digno de formar parte del imperio. Cuando Armin y Wulf fueron capturados por los romanos, ya habían transcurrido muchas décadas de enfrentamientos, y fueron ellos los que cambiaron el curso de esta guerra.

Puede parecer que os he contado mucho sobre el libro, pero no os he contado apenas nada, solo os he situado en el marco histórico de estos dos personajes que existieron en realidad y que, en el caso de Armin, dejó su nombre grabado para la posteridad. De hecho, llega un punto que Wulf (pronto conocido por el latinizado Flavus) se diluye en la historia y Armin (Arminius) prevalece omnipresente. Y de hecho este personaje es de lejos el mejor de la novela, el mejor construido, seguido por Tauro. Armin es un guerrero y tiene una personalidad fuerte y definida. Flavus es más soldado que guerrero, y la curiosidad que demuestra de adolescente se torna en conformismo y pasividad. Todo lo que Armin gana conforme avanza la historia, lo pierde Flavus.

Mientras tanto, en Roma suceden muchas cosas: los años de crecimiento de estos adolescentes bajo la supervisión de Tauro (que se convierte en algo parecido a un padre para ellos); mensajes en clave que sumergen a los hermanos en un complot para asesinar al emperador, y en el que las intrigas familiares, con Julia a la cabeza (la hija de Augusto), tienen un papel determinante; conocemos gracias a muchas pinceladas los últimos 40 años del imperio antes del momento en que se ambienta la historia (Julio César, Marco Antonio y Cleopatra, el general Druso, Agripa… ); viajamos a lo largo y ancho del imperio, donde visitamos ciudades y regiones asiáticas con sus misterios y tentaciones, además de las luces y las sombras de una dominación que parecía no tener fin… La historia se ve abocada desde su mismo título hacia una cruenta batalla, pero en el camino Manfredi no deja pasar la oportunidad de contarle al lector muchas cosas.

En realidad, durante dos tercios de libro parece la historia de dos hermanos que llegan a hacerse un nombre dentro del ejército romano, que crecen bajo la tutela del imperio, que se hacen adultos muy, muy lejos de su hogar, que llegan a conocer a Octavio Augusto, que ejemplifican cómo los romanos conseguían que muchos pueblos pasasen a formar parte del imperio sin rechistar al comprobar los beneficios que eso les reportaba… A veces incluso te preguntas cómo va a hilar todo esto Manfredi con la cruenta batalla de Teutoburgo, pero lo hace, y además de una manera magnífica porque entiendes el por qué de todo, el por qué de que durante esos dos tercios de libro no veas venir lo que sucede… o más bien no veas venir cómo va a suceder.

Lo reconozco, a mí me dan Imperio romano (o antiguo Egipto) y me hacen los ojos chiribitas, así que lo dejo aqui y no os doy más la brasa. Si os gustan las novelas históricas, ambientadas en tiempos de la Antigua Roma, que tengan batallas, que estén basadas en hechos reales y que estén bien contadas de manera sencilla, amena y muy entretenida sin dar clases de historia (muy al estilo Manfredi, un genio divulgador donde los haya), pues este es vuestro libro. Yo lo he leído del tirón. Y después (ya sí) he googleado como una loca para verificar todo lo que se cuenta en él 🙂

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El océano de la memoria

Paloma San Basilio

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Valoración: ★★★

La historia de la familia gaditana Monasterio Livingston a lo largo de toda la posguerra española

El libro narra la historia de la familia Monasterio Livingston desde el nacimiento de su primera hija, Albita, hasta que ella misma cumple 40 años. Es decir, que abarca desde 1936 hasta 1976, de manera que, y dudo mucho que sea coincidencia, la historia arranca con el comienzo de la Guerra Civil española y termina (al menos en este primer volumen, porque la puerta abierta a un segundo está muy clara) con la muerte de Franco 40 años después.

Los Monasterio Livingston son una familia bien de Cádiz. El cabeza de familia, Custo Monasterio, es médico, y su esposa, Alba Livingston, es una belleza de ascendencia inglesa que se casa por amor con un hombre que quizás no hubiese sido lo que su padre hubiese escogido para ella, pero que la ama y venera por encima de todas las cosas. Son dueños de unas bodegas de siglos de antigüedad, bodegas que trajeron a los antepasados de las islas británicas de Alba a Cádiz, y que son su mayor orgullo y fuente de ingresos. Viven en un palacete en la plaza Mina, ajenos en buena medida a las tragedias y miserias de la guerra y los largos y duros años de la posguerra, y allí vendrán al mundo nada menos que 8 hijos, protagonistas en mayor o menor importancia del devenir de esos 40 años de historia. 

La narración corre a cargo de Albita (la llamaré así, tal y como la llamaban de niña, para diferenciarla de su madre) en primera persona a lo largo de todo el libro. A través de ella, de sus palabras, de su visión del mundo que la rodea y de su propia familia, conoceremos no solo el transcurrir de los años dentro del hogar familiar, sino que nos hará un retrato pormenorizado de su ciudad, Cádiz, y nos transmitirá un amor insondable y eterno por su ciudad y sus raíces. El Cádiz de la posguerra es un protagonista más de la historia, casi más que algunos de los hijos del matrimonio… a veces, de hecho, un protagonista un tanto pesado, porque la narradora se reitera y repite una y otra vez en todo aquello que le gusta y le transmiten sus tierras y sus gentes, pero hay que reconocer que es un personaje omnipresente de la historia y que está muy bien recreada.

Así, veremos crecer por esas calles a los ocho vástagos de los Monasterio Livingston. Albita, Rocío, Custo, Santiago, Carlos, Mario, Lluvia y Luna conforman el paisaje de las aventuras y desventuras de esta familia, cada uno con su propia personalidad, todos muy diferentes entre sí, pero formando una piña como unidad familiar. Toda la acción transcurre en la Tacita de Plata a excepción de varios capítulos, sobre todo en la segunda mitad del libro, que nos trasladan a Londres, Colombia y México, donde seguimos los pasos de Alba, la cabeza materna, Mario y Rocío, respectivamente.

Matrimonios, puestas de largo, embarazos, hijos problemáticos, amores prohibidos, venganzas, secuestros, fallecimientos, secretos… con el telón de fondo de la Guerra Civil en un primer momento, la posguerra y dictadura posteriores (la autora evita en todo momento posicionarse… la casa de los Monasterio está abierta a todo el mundo), y la visión de unas décadas que convulsionaron la Historia de la humanidad en muchos aspectos. A grandes rasgos, y sin querer desvelar más allá de la historia, esto es lo que podremos encontrar a lo largo de las 600 páginas que componen la primera novela de Paloma San Basilio. Una novela que se lee más o menos bien, y que imagino que los habituales del género disfrutarán… pero que a mí se me ha hecho un poco bastante cuesta arriba.

Ya he comentado en alguna que otra reseña que no me gusta cuando un autor se documenta muchísimo para su novela, pero que en vez de implementar esa información de una manera natural que enriquezca la historia, te suelta cada una de las cosas que ha estudiado para que sepas que lo ha estudiado. Me parece muy bien que un autor se empape de la historia de los años en que ambienta su narración, pero eso no implica que coja todos y cada uno de esos hechos y los plasme en la historia, porque para eso me compro un libro de efemérides. Eso es lo que nos encontramos aquí. A toneladas.

Porque sí, huelga decir que está muy documentado (vamos, imposible decir que no lo está ante semejante despliegue informativo), pero eso hace que parezca una lección de historia constante a lo largo de toda la narración, tanto en hechos históricos nacionales e internacionales como en el mundo del espectáculo, cultura y alta sociedad. Y además está introducido de una manera que sigue un esquema inamovible de principio a fin: se comenta alguna cosa sobre la familia, la que sea, y como quien no quiere la cosa la hila con varios sucesos de ese año o de esa época, ya sea que Lola Flores visita Cádiz como que el príncipe Rainiero se casa con una actriz. Una y otra vez. Una y otra vez. Cada circunstancia o devenir que acontece en la familia viene acompañado de (como mínimo) página y media de sucesos que ocurrieron en esa época en Cádiz/España/Europa/el-mundo. Sin exagerar. Así durante 40 años, uno por uno. Y siento ser tan sincera, pero es que llega un punto que resulta hasta absurdo. Porque recalco que encima estamos ante una narración en primera persona de una mujer que sufre cosas buenas y cosas malas. Que en la siguiente frase en la que te cuenta una tragedia, te salga con que ese mismo año pasó no sé qué en no sé donde y que Cádiz fue elegida no sé por cierto… No viene a cuento, de verdad, es todo como muy frío, y la narración sufre con estos continuos telediarios. A mí, siento decirlo, se me ha hecho pesadísimo.

Por otro lado, la voz de Albita en primera persona está muy mal usada. Hay que ser consciente cuando se usa este tipo de narrador de las limitaciones que conlleva. Cuando habla de todo aquello que ella ve, observa, vive, tiene sentido. Son sus vivencias, su vida, y las narra. Eso es una narración en primera persona. Lo que no tiene explicación ni sentido es que luego haya capítulos que transcurren en otros países o escenarios en los que ella no está presente, y los narre como si fuese un narrador omnisciente. La autora sabe que está rompiendo con la narración en primera persona, que no puede hacer eso, y lo arregla intercalando de vez en cuando que es que «recibió una carta» de tal y cual donde le comentaban esos detalles, o que «no sé quién» se lo contó después. Eso no justifica ni por asomo que haga una narración omnisciente de cosas que ella es imposible que sepa por mucho que «le mandasen una carta». Hubiese sido más coherente narrar esos capítulos en una tercera persona real, con un narrador omnisciente real, y que Albita hubiese descansado un rato. Pero así no. Un narrador en primera persona no puede tener las funciones ni el conocimiento de un narrador que todo lo ve y todo lo sabe sobre personajes que no son él mismo.

Sé que por las pegas que pongo puede parece que el libro me ha parecido un horror. No es así, y de hecho imagino que tendrá su público que lo disfrutará o habrá disfrutado seguro, pero tampoco puedo decir que me haya gustado. Se lee porque se puede leer sin problema ninguno, y seguramente las cosas que a mí me han molestado otras personas no le darán importancia, pero la estructura de la narración se me ha hecho muy pesada, y me ha parecido todo como muy artificial y gélido, tanto los diálogos, como la sobredosis de datos históricos y algunas situaciones (porque he evitado poner peguillas a la historia… y podría). Sí que resalto la magnífica ambientación en el Cádiz de la posguerra hasta el final de la dictadura, realmente es lo que he visto más trabajado del libro, pero una buena ambientación para mí no es suficiente. Esta historia podría haber dado mucho más de sí. Como comento arriba, las puertas a una segunda parte de la historia de esta familia están más que abiertas con el final que tiene, pero yo tengo bastante claro que no seguiré con ella.

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