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Despertares de Stonewall

España

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Libros y reseñas

Esperando a René

María Delgado

ver libro en megustaleer

Valoración: ★★

Esperando a René, un viaje de descubrimiento personal

La reseña de hoy responde a mi primera colaboración con Edición Anticipada (espero que no sea la última) y estoy contenta porque, además de haber elegido una novela que no ha estado mal, me permite descubrir autores nuevos.

La sinopsis, el lugar en que se ambienta y la serenidad y romanticismo que evoca su portada, fueron determinantes a la hora de decantarme por esta novela, entre un abanico de opciones. 

El argumento gira en torno a Virginia, una mujer de treinta años que decide viajar de Barcelona a Montpellier para conocer a su padre, René, después de sufrir una ruptura sentimental y ser despedida de la editorial donde trabaja. A su llegada a la ciudad francesa, la reciben el hermano menor de su padre, Denis, la pareja de este, Isabelle, y su abuelo, François Delacroix, un anciano huraño que no ha visto a su primogénito desde que este se marchó de casa, tras una fuerte discusión, hace ya varios años. Después de la sorpresa inicial, acepta pasar unos días en la vivienda familiar y, sin darse apenas cuenta, el verano pasa y los meses se suceden y, lo que en un principio era un viaje para conocer a su padre, se convierte en uno de descubrimiento de sí misma.

Esperando a René es una novela contemporánea ambientada en Montpellier, una de las ciudades de mayor población de La Provenza, la región francesa de los aromas de lavanda y violetas. El lugar escogido por la autora para ambientar la narración me encantó, sin embargo, no logré visualizarlo en mi cabeza porque las descripciones de los diferentes escenarios se centraron, sobre todo, en la casa y en el jardín anexo a la cocina. Eché en falta esa recreación romántica de sus calles y viviendas, las referencias a las costumbres de sus gentes, incluso al ambiente bohemio que se puede respirar en esta ciudad. Virginia tiene la ocasión de viajar a Gordes y Aviñón, en la misma región, y a París, y me sucede lo mismo; habla con personas, va a un restaurante o se cuela en un viejo cható, y no logro respirar el aire de la localidad.

La historia, narrada en primera persona, es sencilla. Y esto no es un problema porque, ¡cuántas novelas con esta misma cualidad habré leído que me han emocionado! Aquí no ha ocurrido debido, principalmente, a que no he logrado empatizar con la protagonista. Me recordó las novelas de Sarah Lark o de Rosamunde Pilcher, donde las protagonistas son mujeres fuertes que inician un viaje a tierras de ensueño (Nueva Zelanda, por citar un ejemplo, en el caso de la primera; o Cornualles, en el de la segunda) y encuentran el amor. Esperando a René comparte esa misma combinación de elementos, pero no alcanza, en mi opinión, la calidad literaria de estas.

La narración se me hizo lenta, sobre todo al principio. En mi opinión, demasiadas descripciones detalladas sobre cuestiones superfluas (por ejemplo, sobre cómo hacía las tareas del hogar la persona que se encargaba de la compra y la limpieza de la casa del abuelo). También, sobre el carácter de los personajes, sin permitir que el lector los conozca a través de lo que habla y cómo se comporta durante el desarrollo de la trama. Terminé con la sensación de que la historia podría haberse contado en menos páginas.

Hay muchos personajes en Esperando a René, de modo que me resultó imposible llegar a familiarizarme con todos. Los principales son los que tienen un perfil más definido.

Virginia se nos presenta como una persona que ha llegado a un punto de inflexión en su vida. Desmoronada, es entonces cuando decide conocer a su padre. Aunque tiene acceso al dinero de su padrastro, no es ostentosa, ni ambiciosa.  Solo le interesa estrechar lazos familiares y entablar amistades; y si durante el proceso se enamora, mejor. Su comportamiento me pareció errático.

Denis, hermano menor de René y hombre de pocas palabras, es prudente y tranquilo. De hecho, en algunas situaciones, no entendí cómo podía serlo tanto. Demasiado contenido para mi gusto.

Isabelle, la pareja de Denis, es la típica mujer presumida («antes muerta, que sencilla»), insolente, materialista, que ambiciona riqueza y posición social. 

Y François, el personaje que más me gustó. El abuelo de Virginia, un anciano delicado de salud, pero que no acepta que le traten como a un inválido. Introvertido y con fama de huraño, es una persona de gustos sencillos, apegado a su rutina diaria, que ama a sus hijos y a su jardín. Un hombre desencantado y con añoranza de otra época, pero lleno de esa sabiduría que solo se adquiere con los años:

«Un jardín se debe cuidar, ¿no crees? […] Como todo en esta vida».

Reconozco que esperaba más de esta novela. No obstante, se deja leer.

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