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Juntando más letras

España

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Libros y reseñas

Reina roja

Juan Gómez-Jurado

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Valoración: ★★★★★

Un thriller excelente

Quienes conocemos a Juan Gómez-Jurado ya sabemos que podemos esperar de él casi cualquier cosa. Pero lo bueno es que sigue siendo capaz de sorprendernos. Habrá quien diga (y he leído alguna opinión en este sentido en Goodreads) que la trama es previsible pero, desde luego, yo no me esperaba para nada ni las conexiones entre las víctimas ni, desde luego, el final (del que, obviamente, no voy a comentar nada). Seré yo. Pero el caso es que así lo he disfrutado muchísimo, porque Gómez-Jurado ha logrado interesarme, emocionarme, ahogarme y tenerme enganchada hasta el final a su historia.
Parte de la culpa de este enganche lo tiene la historia en sí y el ritmo que logra crear. Un ritmo, creo yo, muy particular porque no es constante y al alza, como suele ocurrir en los thrillers, sino que se rompe de vez en cuando a golpe de flashbacks que nos dan cuenta del bagaje de los personajes principales. Y esos saltos al pasado es verdad que suspenden la trama principal pero no es menos cierto que tienen su función en ella y que, en el fondo, hacen que tengas ganas de seguir leyendo. Más y más. Todo el rato.
Otro de los secretos del éxito de esta novela son sus protagonistas. Antonia Scott y Jon Gutiérrez sostienen muy bien el peso de la trama pero van más allá: logran interesar al lector con sus propias trayectorias e historias profesionales y personales. Es más, con su hálito de antihéroes, siembran en él la impresión de que cualquiera puede ser un héroe y de que hasta los mejores tienen sombras que ocultar.
Obviamente, de los dos personajes centrales, el mayor peso e interés recae en Antonia, ser enigmático y sorprendente cuya inteligencia y procesos mentales me han dejado sin palabras. Para lo bueno y para lo malo. Pero no es menos verdad que Jon es el mejor Sancho Panza (y no lo digo por la gordura) que Gómez-Jurado le podría haber buscado a la quijotesca Scott. Ambos, como en la obra cervantina, crean un contrapunto, un juego de contrastes, que me ha encantado descubrir y conocer. Y en el que estoy deseando seguir profundizando.
No menos inquietante que Scott es la figura de Mentor, ese personaje misterioso y retorcido que juega un papel secundario pero fundamental en la historia y del que también estoy deseando saber más.
Pero, personalmente, las cinco estrellas (mariposas, en mi caso) de valoración de esta novela se las ha ganado Gómez-Jurado con el narrador. ¡Cómo me ha gustado! Aún sin ser un personaje, consigue tener peso con su voz y su estilo tan personales. Su sorna, su ironía, su humor negro y su manera de contar me han conquistado. Iría con él hasta el infinito y mucho más allá sin dudarlo.
Total, que comparto las opiniones de los muchos lectores que creen que esta es la mejor novela de Gómez-Jurado. Me parecían unos exagerados antes de leerla (¿de verdad iba a poder escribir algo mejor que El paciente? ¿O que El emblema del traidor? ¿O que La leyenda del ladrón? -que son mis favoritas-). Pues sí, sí puede. Y espero que lo siguiente sea aún mejor que esta Reina roja que me ha cautivado. ¿Hasta dónde será capaz de llegar Gómez-Jurado? Tendremos que comprobarlo.

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Nunca falta nadie

Catherine Lacey

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Valoración: ★★★

Una historia peculiar

Hacía meses que arrastraba esta novela, que elegí gracias a Edición Anticipada, y por fin he tenido el tiempo y, sobre todo, el ánimo para ponerme con ella. Y enfatizo lo del ánimo porque me parece que esta novela no es una de esas obras que puedes leer de cualquier manera, en cualquier momento y con cualquier humor. Es una obra bastante desconcertante, tremendamente introspectiva y me atrevería a decir que deprimente, sobre todo, por el clima que la autora logra generar durante el desarrollo de la historia.
Una historia que, en el fondo, no tiene mayor misterio: una mujer abandona su hogar y a su marido en busca de sí misma. Eso le llevará hasta Nueva Zelanda donde dejará que los días y las semanas pasen sin más, buceando en el interior de su cabeza y su corazón.
La novela, escrita en primera persona, ahonda en los pensamientos y los sentimientos de la protagonista, Elyria, de forma magistral. Unos pensamientos y sentimientos, por otra parte, que no he compartido con ella, quizá porque no he vivido una época de crisis personal tan profunda como la que ella atraviesa. Aunque, siendo honestos, más que un momento puntual de su vida, da la impresión de que Elyria es así, que tiene mil dudas sobre todo, que no da nada por seguiro, que se decide, que analiza todo tanto que se olvida de vivir, que no sabe disfrutar de lo que la vida de ofrece, que se siente atada, desorientada, perdida. Durante los meses que dura la acción de la novela todas estas sensaciones parecen intensificarse y lo que sí ocurre (he ahí el conflicto de la obra) es un punto de inflexión, un intento de ruptura con todo lo que ha sido su vida hasta el momento y un periodo de reflexión sobre lo que quiere que sea a partir de ahora.
Las numerosas reflexiones y este ambiente general de confusión que la autora crea están favorecidos por un ritmo lento que agudiza esa sensación de que la vida de Elyria no avanza. Por eso digo que hay que leer la novela con el humor adecuado, porque es fácil sentirse atrapada por esa red de indecisión y tristeza en la que vive la protagonista, dejarse contagiar por esos sentimientos y no disfrutar de la obra como merece.
En este sentido, creo que (aunque he leído algunas reseñas diciendo que la novela no avanza y que esa bastante tediosa) creo que la autora logra su objetivo: hacernos sentir como la propia Elyria, encerrada en una vida que no la satisface y con las heridas profundas que el suicidio de su hermana le causó. Ya he dicho que no he empatizado con lo que le ocurre a la protagonista pero sí he llegado a sentir sus emociones y sus dudas.
Lo que sí me ha gustado mucho es el estilo de Lacey, su manera de acercarnos a una realidad que a lo mejor no compartimos pero que nos llega, su prosa ágil y humana, su sensibilidad y su capacidad para transmitir.
Nos seguimos leyendo.

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Sobre Grace

Anthony Doerr

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Valoración: ★★★★

"Sobre Grace", de Anthony Doerr: una novela llena de magia y poesía

Desde siempre he creído que no hay nada más subjetivo (aleatorio, casi, si se quiere) que el hecho de que un libro nos llegue al corazón o no. Hay tantas lecturas como lectores, no me canso de repetirlo, incluso más, porque uno puede releer una obra 20 años después de hacerlo la primera vez y sentir una conexión diferente con la misma novela, porque uno ya no es el mismo que fue y lo que entonces le dijo, hoy no tiene sentido; o viceversa. Con Anthony Doerr siento que he ido al revés que todo el mundo (y de ahí esta reflexión): «La luz que no puedes ver» (novela de la que he leído y escuchado maravillas) a mí me dejó un poco a medias (me gustó su prosa, pero, no sé, me faltó algo) y, sin embargo, «Sobre Grace», de la que he leído que es lenta, que no avanza, que uno no sabe a dónde va, que no tiene interés… me ha encantado. Misterios de la literatura.
Por eso digo que, quizá, todo tenga que ver con uno mismo (más allá de los méritos o deméritos del autor y su obra). Con el momento en el que se encuentra con una determinada novela, con la urgencia o la serenidad con la que lee, con lo que pasa a su alrededor en el momento en el que está leyendo… También, en mi caso, tiene que ver con junto a quién la lees (ay, las lectura conjuntas; cuánto bien le hacen a mis valoraciones. Aunque solo sea por el hecho de sentirse acompañada, de compartir avances y descubrimientos, por soportar la carga del dramatismo de algunos pasajes o, en los casos en los que se produzca -que a mí en este libro no me lo ha parecido- la excesiva lentitud de algunas páginas) y con las ideas preconcebidas que se había hecho sobre ella. Yo partía de un horizonte de expectativas muy bajo y, por eso, casi que me obligué a leer «Sobre Grace» junto a Mundos de lectura. Y quizá por eso me ha sorprendido agradablemente, porque esperaba poco y encontré mucho.
Encontré mucho porque la prosa de Doerr me encanta. Ya me ocurrió con su novela galardonada con el Pulitzer, pero es que creo que en esta he sentido ese flechazo aún más. No sé, su forma de escribir me mueve por dentro, me derrite, me convence, me toca. Es sensible, luminosa, poética, llena de imágenes preciosas y reflexiones certeras. Y creo que, en este caso, este estilo tan bello se ve potenciado por el uso de los sueños y de la nieve (y el agua y la naturaleza, en general) como telón de fondo que cobra muchísima importancia en la novela. El autor nos muestra la poesía que reside en un copo de nieve a través de la poesía de su prosa, nos hace ver la magia que se esconde detrás de los sueños gracias a la magia de su estilo.
Además, el tema de los sueños es una de mis obsesiones personales. Yo nunca he tenido sueños premonitorios, como sí le ocurre a David Winkler, protagonista de la obra, pero sí me ha pasado muchas veces que sueño cosas sobre alguien que luego son realidad o que están relacionadas con algo que ocurre o va a ocurrir. Y tengo sueños tan vívidos que muchas veces me ha pasado que, al cabo del tiempo, no sé si lo soñé o lo viví en realidad. Así que siempre me ha atraído todo lo que tiene que ver con el mundo de los sueños y el inconsciente, así que todo lo que tiene que ver con el don (o el castigo) de David y sus sueños me ha interesado muchísimo.
Y he empatizado mucho con este pobre hombre que huye de sí mismo y de sus familias que, 25 años después, ha de deshacer el trayecto de su huída para saber qué fue de lo que dejó atrás. Será por las reflexiones sobre la paternidad, será por esa hija de repuesto que se busca tras su huída (y esa familia al completo postiza, en realidad), será por ese anteponerlo todo al bienestar de su hija (ojo, y no digo que comparta su reacción, pero sí la entiendo), será por ese hálito de malditismo, de tristeza, de fracaso que irradia; será porque en el fondo me parece un buen hombre, será por el sufrimiento con el que ha cargado toda su vida, será porque me dio pena que su primer intento de ser feliz se quedara en eso, un mero intento; será porque ha hibernado durante 25 años hasta despertar y tratar de buscar el presente de esa Grace bebé que dejó atrás y que se convierte en una suerte de hilo conductor de toda la novela.
Me ha dado mucho que pensar la historia de Winkler. ¿Qué haría yo en su situación? ¿Qué harías tú si te sabes un potencial peligro para tus hijos? Mientras leía, me debatí entre la impresión de que David era un cobarde por salir huyendo en vez de afrontar los hechos de otra manera y la de que, en realidad, era un héroe, porque no es fácil separarse de lo que amas, anteponer el bien del otro a tu propio amor egoísta. Y el amor, por definición, debería ser generoso.
Son muchas las reflexiones y, sobre todo, los sentimientos que ha despertado en mí esta novela evocadora y hermosa. Unos sentimientos potenciados, creo yo, por el tono general de la obra: poético, mágico, nostálgico. El carácter resignado y triste de Winkler no me ha separado de él sino que me ha acercado aún más a sus peripecias y me ha servido de acicate para seguir a su lado, para luchar junto a él por enderezar su vida, por buscarle un final feliz (o, al menos, todo lo feliz que pueden ser los finales en una vida real en la que siempre están pasando cosas, buenas y malas; una vida que no termina con el punto final y cuyos personajes desaparecen al cerrar el libro).
En definitiva, me ha encantado esta novela de Doerr por lo que cuenta, por su magia, sus referencias a la naturaleza y al agua, por sus oposiciones y reflexiones, por su poesía y su estilo y porque me ha conquistado ese Winkler que es como un copo de nieve: frágil y resistente al mismo tiempo. Perfecto en sí mismo. Aunque a muchos les pueda parecer exactamente igual a los demás.
Nos seguimos leyendo.

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