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Juntando más letras

España

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Libros y reseñas

Piso para dos

Beth O'Leary

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Valoración: ★★★★

"Piso para dos", de Beth O´Leary: una comedia romántica con fondo

¡Qué bien viene, de vez en cuando, una novela romántica para desengrasar de otras lecturas y de la vida! A mí me encanta hacerlo así, sobre todo si la novela es como esta: fácil, aparentemente ligera, sencillita… pero con fondo.

   Bajo la apariencia de una historia de amor quizá no tan convencional como la de otras novelas de este tipo, Beth O’Leary nos regala una trama que nos invita a reflexionar sobre las relaciones tóxicas, cómo detectarlas y, lo más importante, cómo salir de ellas. Y es que, aunque parezca mentira, a veces estamos tan metidas en una relación, o en nuestra vida, en nuestro trabajo, o en nuestro quehacer diario, que no nos damos cuenta de que tenemos a alguien a nuestro lado que nos está envenenando día a día.

   Es lo que le pasa a Tiffy. Solo que aún no se ha dado plena cuenta de ello. Nosotros, los lectores, iremos asumiendo con ella qué es realmente lo que está pasando en su relación y cuánto duele y trabajo cuesta salir de ese tipo de «amores». El enfoque de la novela coincide, pues, con lo que yo pienso sobre este tipo de relaciones (frente a otro tipo de novelas o de obras propias de otras épocas, en las que se insta a creer que el amor todo lo puede, que siempre podemos cambiar al otro y que el amor es dolor y sufrimiento y hay que resignarse y seguir luchando por él), así que me ha encantado ver cómo Tiffy madura, es consciente y lucha pero no por su amor, sino por sí misma y su futuro.

   Más allá del argumento, en el plano literario, O’Leary consigue crear unos personajes no solo verosímiles, sino a los que es muy fácil querer, con los que empatizas desde el primero momento y que estás deseando que vaya avanzando la trama para comprobar si el final que crees que merecen coincide con el que le ha dado la autora.

   Además de la mera historia romántica, O’Leary añade alguna que otra subtrama que hacen que aumente el interés y hasta la intriga y que también añaden un punto divertido y extravagante a la ya de por sí divertida y extravagante protagonista: una Tiffy que se queda en el recuerdo y a la que he admirado por su valentía y su arrolladora personalidad.

   En definitiva, una novela fácil de leer pero difícil de olvidar que gustará a quienes disfruten con el romanticismo con fondo.

     Nos seguimos leyendo.

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Un matrimonio perfecto, de Paul Pen

Paul Pen

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Valoración: ★★★★

Un thriller adictivo que da mucho que pensar

Ufffff. Escribo esta reseña nada más terminar Un matrimonio perfecto y aún tengo el corazón acelerado por la adrenalina que acabo de soltar leyendo su final. Y lo peor es que aún no tengo muy claro qué siento por este libro.
Indudablemente, me ha gustado. Pero creo que tiene que pasar algo de tiempo para que digiera todo lo que me ha hecho sentir y pensar. Porque, como suele pasar con los libros de Paul Pen, hay mucho sobre lo que pensar.
Quizá la reflexión más importante que propone la novela sea sobre la propia identidad. ¿Quién somos realmente? ¿Qué parte de nosotros ocultamos a los demás y por qué motivos? ¿Quién podemos llegar a ser?
De igual modo, y hablando de lo que mostramos y lo que ocultamos, está la reflexión sobre nuestros secretos. Es uno de los pilares del libro. Obviamente, el secreto (o, mejor, uno de los secretos) que oculta uno de los protagonistas de la novela es extremo; es complicado que alguien en la vida real guarde un secreto de tal magnitud. Pero creo que la reflexión es extrapolable. De hecho, en la novela, la importancia de los secretos que guardar va en aumento: al principio es algo pequeño, que va creciendo como una bola de nieve descontrolada hasta sepultar lo que somos (o lo que creíamos ser. Y tener). Y eso sí me parece muy real.
Y ahí está la invitación a pensar sobre nuestros propios secretos y sobre las líneas rojas que estamos dispuestos a sobrepasar por protegerlos.
Quizá por todo esto que esto diciendo, no puedo señalar ningún malo, malo en esta novela. Porque todos los actos reprochables que los personajes cometen en ella tienen un motivo. Ojo, no una justificación, pero sí una razón que el lector puede compartir más o menos pero que nos hace pensar que no se trata de malvados al uso, gente sin alma que comete fechorías a diestro y siniestro, sino que tienen una profunda motivación que les lleva a hacer lo que hacen. Y creo que eso es un gran acierto del autor, porque los humaniza, los acerca a un lector que llega, incluso, a empatizar con ellos. En lo bueno y en lo malo.
Como el propio título adelanta, otra de las reflexiones que plantea la novela es la de la diferencia entre la fachada de algunas familias y matrimonios y lo que realmente bulle en su interior. En esta época de redes sociales en las que solo mostramos lo bonito y lo excitante, pocos son los que se resisten a mostrar la mejor cara de su vida familiar. Incluso puede ser que no se trate de una fachada, sino que, simplemente, la manera en la que vivimos y la forma en la que los demás nos ven haga parecer que nuestra familia es perfecta. O, incluso, puede ser que lo sea, ¿por qué no? Pero Pen nos hace pensar en lo que se revuelve por debajo, en las cloacas, en la oscuridad de uno o varios de los miembros de esa aparente familia perfecta.
Y hablando de redes sociales e internet, las nuevas tecnologías también están muy presentes en la novela. Y me ha interesado mucho la manera en la que aparecen: me parece muy realista y acertada.
Junto a todo esto, también podemos encontrar la reflexión sobre la responsabilidad y la culpa, sobre asumir la parte que nos corresponde en los actos que llevamos a cabo o que nos afectan aunque sea de forma tangencial o echar balones fuera y cargar sobre hombros ajenos lo que, en realidad, es de nuestra competencia.
Finalmente, me gustaría hacer una mención especial a Audrey, la hija mayor de este matrimonio, y a toda la ideología que exhibe a lo largo de la novela. Me ha encantado su visión del mundo, su falta de prejuicios y su capacidad de encontrar los de los demás y desmontarlos. Ojalá supiera educar una hija así. Al final va a resultar que sí eran una familia perfecta…
En definitiva, una novela sobrecogedora que engancha con una trama que da algunas vueltas muy interesantes y que da mucho que pensar. Pero mucho, mucho.
Nos seguimos leyendo.

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Reina roja

Juan Gómez-Jurado

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Valoración: ★★★★★

Un thriller excelente

Quienes conocemos a Juan Gómez-Jurado ya sabemos que podemos esperar de él casi cualquier cosa. Pero lo bueno es que sigue siendo capaz de sorprendernos. Habrá quien diga (y he leído alguna opinión en este sentido en Goodreads) que la trama es previsible pero, desde luego, yo no me esperaba para nada ni las conexiones entre las víctimas ni, desde luego, el final (del que, obviamente, no voy a comentar nada). Seré yo. Pero el caso es que así lo he disfrutado muchísimo, porque Gómez-Jurado ha logrado interesarme, emocionarme, ahogarme y tenerme enganchada hasta el final a su historia.
Parte de la culpa de este enganche lo tiene la historia en sí y el ritmo que logra crear. Un ritmo, creo yo, muy particular porque no es constante y al alza, como suele ocurrir en los thrillers, sino que se rompe de vez en cuando a golpe de flashbacks que nos dan cuenta del bagaje de los personajes principales. Y esos saltos al pasado es verdad que suspenden la trama principal pero no es menos cierto que tienen su función en ella y que, en el fondo, hacen que tengas ganas de seguir leyendo. Más y más. Todo el rato.
Otro de los secretos del éxito de esta novela son sus protagonistas. Antonia Scott y Jon Gutiérrez sostienen muy bien el peso de la trama pero van más allá: logran interesar al lector con sus propias trayectorias e historias profesionales y personales. Es más, con su hálito de antihéroes, siembran en él la impresión de que cualquiera puede ser un héroe y de que hasta los mejores tienen sombras que ocultar.
Obviamente, de los dos personajes centrales, el mayor peso e interés recae en Antonia, ser enigmático y sorprendente cuya inteligencia y procesos mentales me han dejado sin palabras. Para lo bueno y para lo malo. Pero no es menos verdad que Jon es el mejor Sancho Panza (y no lo digo por la gordura) que Gómez-Jurado le podría haber buscado a la quijotesca Scott. Ambos, como en la obra cervantina, crean un contrapunto, un juego de contrastes, que me ha encantado descubrir y conocer. Y en el que estoy deseando seguir profundizando.
No menos inquietante que Scott es la figura de Mentor, ese personaje misterioso y retorcido que juega un papel secundario pero fundamental en la historia y del que también estoy deseando saber más.
Pero, personalmente, las cinco estrellas (mariposas, en mi caso) de valoración de esta novela se las ha ganado Gómez-Jurado con el narrador. ¡Cómo me ha gustado! Aún sin ser un personaje, consigue tener peso con su voz y su estilo tan personales. Su sorna, su ironía, su humor negro y su manera de contar me han conquistado. Iría con él hasta el infinito y mucho más allá sin dudarlo.
Total, que comparto las opiniones de los muchos lectores que creen que esta es la mejor novela de Gómez-Jurado. Me parecían unos exagerados antes de leerla (¿de verdad iba a poder escribir algo mejor que El paciente? ¿O que El emblema del traidor? ¿O que La leyenda del ladrón? -que son mis favoritas-). Pues sí, sí puede. Y espero que lo siguiente sea aún mejor que esta Reina roja que me ha cautivado. ¿Hasta dónde será capaz de llegar Gómez-Jurado? Tendremos que comprobarlo.

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Nunca falta nadie

Catherine Lacey

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Valoración: ★★★

Una historia peculiar

Hacía meses que arrastraba esta novela, que elegí gracias a Edición Anticipada, y por fin he tenido el tiempo y, sobre todo, el ánimo para ponerme con ella. Y enfatizo lo del ánimo porque me parece que esta novela no es una de esas obras que puedes leer de cualquier manera, en cualquier momento y con cualquier humor. Es una obra bastante desconcertante, tremendamente introspectiva y me atrevería a decir que deprimente, sobre todo, por el clima que la autora logra generar durante el desarrollo de la historia.
Una historia que, en el fondo, no tiene mayor misterio: una mujer abandona su hogar y a su marido en busca de sí misma. Eso le llevará hasta Nueva Zelanda donde dejará que los días y las semanas pasen sin más, buceando en el interior de su cabeza y su corazón.
La novela, escrita en primera persona, ahonda en los pensamientos y los sentimientos de la protagonista, Elyria, de forma magistral. Unos pensamientos y sentimientos, por otra parte, que no he compartido con ella, quizá porque no he vivido una época de crisis personal tan profunda como la que ella atraviesa. Aunque, siendo honestos, más que un momento puntual de su vida, da la impresión de que Elyria es así, que tiene mil dudas sobre todo, que no da nada por seguiro, que se decide, que analiza todo tanto que se olvida de vivir, que no sabe disfrutar de lo que la vida de ofrece, que se siente atada, desorientada, perdida. Durante los meses que dura la acción de la novela todas estas sensaciones parecen intensificarse y lo que sí ocurre (he ahí el conflicto de la obra) es un punto de inflexión, un intento de ruptura con todo lo que ha sido su vida hasta el momento y un periodo de reflexión sobre lo que quiere que sea a partir de ahora.
Las numerosas reflexiones y este ambiente general de confusión que la autora crea están favorecidos por un ritmo lento que agudiza esa sensación de que la vida de Elyria no avanza. Por eso digo que hay que leer la novela con el humor adecuado, porque es fácil sentirse atrapada por esa red de indecisión y tristeza en la que vive la protagonista, dejarse contagiar por esos sentimientos y no disfrutar de la obra como merece.
En este sentido, creo que (aunque he leído algunas reseñas diciendo que la novela no avanza y que esa bastante tediosa) creo que la autora logra su objetivo: hacernos sentir como la propia Elyria, encerrada en una vida que no la satisface y con las heridas profundas que el suicidio de su hermana le causó. Ya he dicho que no he empatizado con lo que le ocurre a la protagonista pero sí he llegado a sentir sus emociones y sus dudas.
Lo que sí me ha gustado mucho es el estilo de Lacey, su manera de acercarnos a una realidad que a lo mejor no compartimos pero que nos llega, su prosa ágil y humana, su sensibilidad y su capacidad para transmitir.
Nos seguimos leyendo.

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Sobre Grace

Anthony Doerr

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Valoración: ★★★★

"Sobre Grace", de Anthony Doerr: una novela llena de magia y poesía

Desde siempre he creído que no hay nada más subjetivo (aleatorio, casi, si se quiere) que el hecho de que un libro nos llegue al corazón o no. Hay tantas lecturas como lectores, no me canso de repetirlo, incluso más, porque uno puede releer una obra 20 años después de hacerlo la primera vez y sentir una conexión diferente con la misma novela, porque uno ya no es el mismo que fue y lo que entonces le dijo, hoy no tiene sentido; o viceversa. Con Anthony Doerr siento que he ido al revés que todo el mundo (y de ahí esta reflexión): «La luz que no puedes ver» (novela de la que he leído y escuchado maravillas) a mí me dejó un poco a medias (me gustó su prosa, pero, no sé, me faltó algo) y, sin embargo, «Sobre Grace», de la que he leído que es lenta, que no avanza, que uno no sabe a dónde va, que no tiene interés… me ha encantado. Misterios de la literatura.
Por eso digo que, quizá, todo tenga que ver con uno mismo (más allá de los méritos o deméritos del autor y su obra). Con el momento en el que se encuentra con una determinada novela, con la urgencia o la serenidad con la que lee, con lo que pasa a su alrededor en el momento en el que está leyendo… También, en mi caso, tiene que ver con junto a quién la lees (ay, las lectura conjuntas; cuánto bien le hacen a mis valoraciones. Aunque solo sea por el hecho de sentirse acompañada, de compartir avances y descubrimientos, por soportar la carga del dramatismo de algunos pasajes o, en los casos en los que se produzca -que a mí en este libro no me lo ha parecido- la excesiva lentitud de algunas páginas) y con las ideas preconcebidas que se había hecho sobre ella. Yo partía de un horizonte de expectativas muy bajo y, por eso, casi que me obligué a leer «Sobre Grace» junto a Mundos de lectura. Y quizá por eso me ha sorprendido agradablemente, porque esperaba poco y encontré mucho.
Encontré mucho porque la prosa de Doerr me encanta. Ya me ocurrió con su novela galardonada con el Pulitzer, pero es que creo que en esta he sentido ese flechazo aún más. No sé, su forma de escribir me mueve por dentro, me derrite, me convence, me toca. Es sensible, luminosa, poética, llena de imágenes preciosas y reflexiones certeras. Y creo que, en este caso, este estilo tan bello se ve potenciado por el uso de los sueños y de la nieve (y el agua y la naturaleza, en general) como telón de fondo que cobra muchísima importancia en la novela. El autor nos muestra la poesía que reside en un copo de nieve a través de la poesía de su prosa, nos hace ver la magia que se esconde detrás de los sueños gracias a la magia de su estilo.
Además, el tema de los sueños es una de mis obsesiones personales. Yo nunca he tenido sueños premonitorios, como sí le ocurre a David Winkler, protagonista de la obra, pero sí me ha pasado muchas veces que sueño cosas sobre alguien que luego son realidad o que están relacionadas con algo que ocurre o va a ocurrir. Y tengo sueños tan vívidos que muchas veces me ha pasado que, al cabo del tiempo, no sé si lo soñé o lo viví en realidad. Así que siempre me ha atraído todo lo que tiene que ver con el mundo de los sueños y el inconsciente, así que todo lo que tiene que ver con el don (o el castigo) de David y sus sueños me ha interesado muchísimo.
Y he empatizado mucho con este pobre hombre que huye de sí mismo y de sus familias que, 25 años después, ha de deshacer el trayecto de su huída para saber qué fue de lo que dejó atrás. Será por las reflexiones sobre la paternidad, será por esa hija de repuesto que se busca tras su huída (y esa familia al completo postiza, en realidad), será por ese anteponerlo todo al bienestar de su hija (ojo, y no digo que comparta su reacción, pero sí la entiendo), será por ese hálito de malditismo, de tristeza, de fracaso que irradia; será porque en el fondo me parece un buen hombre, será por el sufrimiento con el que ha cargado toda su vida, será porque me dio pena que su primer intento de ser feliz se quedara en eso, un mero intento; será porque ha hibernado durante 25 años hasta despertar y tratar de buscar el presente de esa Grace bebé que dejó atrás y que se convierte en una suerte de hilo conductor de toda la novela.
Me ha dado mucho que pensar la historia de Winkler. ¿Qué haría yo en su situación? ¿Qué harías tú si te sabes un potencial peligro para tus hijos? Mientras leía, me debatí entre la impresión de que David era un cobarde por salir huyendo en vez de afrontar los hechos de otra manera y la de que, en realidad, era un héroe, porque no es fácil separarse de lo que amas, anteponer el bien del otro a tu propio amor egoísta. Y el amor, por definición, debería ser generoso.
Son muchas las reflexiones y, sobre todo, los sentimientos que ha despertado en mí esta novela evocadora y hermosa. Unos sentimientos potenciados, creo yo, por el tono general de la obra: poético, mágico, nostálgico. El carácter resignado y triste de Winkler no me ha separado de él sino que me ha acercado aún más a sus peripecias y me ha servido de acicate para seguir a su lado, para luchar junto a él por enderezar su vida, por buscarle un final feliz (o, al menos, todo lo feliz que pueden ser los finales en una vida real en la que siempre están pasando cosas, buenas y malas; una vida que no termina con el punto final y cuyos personajes desaparecen al cerrar el libro).
En definitiva, me ha encantado esta novela de Doerr por lo que cuenta, por su magia, sus referencias a la naturaleza y al agua, por sus oposiciones y reflexiones, por su poesía y su estilo y porque me ha conquistado ese Winkler que es como un copo de nieve: frágil y resistente al mismo tiempo. Perfecto en sí mismo. Aunque a muchos les pueda parecer exactamente igual a los demás.
Nos seguimos leyendo.

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