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El libro en el Bolsillo

España

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Libros y reseñas

Jaque al psicoanalista

John Katzenbach

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Valoración: ★★★

UNA PARTIDA DE HUÉRFANOS. UN JAQUE AL PSICOANALISTA DE JOHN KATZENBACH

Las relaciones entre personas son cada vez son más complejas. El tener que contemplar diferentes factores como el tiempo, las circunstancias, las diferencias culturales o las particularidades individuales, hace que en algunas ocasiones más que relacionarnos con alguien estemos interpretándolo. Además, si la relación es profesional, la cosa se complica, jefes-empleados, profesores-alumnos, médico-paciente… Todo ello provoca que siempre tengamos que ir un paso por delante de lo que tenemos ante nuestros ojos y ese paso puede ser correcto o… ser un paso en falso.

Podemos entender que esta idea es uno de los motores que impulsa las tramas de las novelas de Katzenbach. A ella, por supuesto, tendríamos que añadir el requiebro psicológico que imprime a sus personajes. Ahora bien, ¿no tenemos todos algún recoveco por el que puede introducirse la luz de lo psicopático? 

Y, a mi juicio, esta es la exploración que John Katzenbach acomete en  su nueva novela.

Laberinto Técnico

Una de las primeras impresiones que me causó la novela fue que todo eso ya lo había leído antes. El género de suspense, sobre todo si es un thriller psicológico, puede tener como hándicap que su estructuración y puntos de giro (plots en el lenguaje cinematográfico) sean típicos: el asesino que parece que ha muerto, pero que no ha muerto; la muchacha seductora que está compinchada, etc.
Sin embargo, debo reconocer que en esta cuestión en la novela había ciertos regustos que me eran muy gratos. La relación entre el protagonista y el asesino, sea quien sea este, es muy entrañable, ya que recuerda mucho a la relación que Sherlock y Moriarty tenían entre ellos. En este sentido, la necesidad que tiene el doctor Starks de ponerse en el lugar del asesino, la reflexión secuencial de ambos, bebe, bajo mi punto de vista, de la más pura novela detectivesca. Sea esta Sherlock o cualquier otra.

Pero no solo la relación entre personajes tiene regustos familiares, sino que también el tono de las escenas más oscuras puede recordar a otro grande: Stephen King. La novela no es de terror, pero la tensión narrativa de ambos géneros puede ser compartida y en ese punto de unión es donde vemos la niebla de King en la novela de Katzenbach. El relato de la América profunda, la necesidad de que lo que sucede en el pueblo se quede en el pueblo, recuerdan escenarios y ambientes tan memorables como el de It, por ejemplo.

No obstante, hay alguna fisura en la parte técnica que desluce todo el entramado de la novela. En primer lugar tiene una construcción algo repetitiva, lo que  permite al lector saber qué va a pasar en las próximas páginas. Y no tiene nada que ver con la estructura del thriller en sí, sino con la propia novela. Cuando la misma secuencia la ha presentado ya tres veces, ya sabes cómo va a ser a cuarta y la quinta. Además, a nivel de la descripción del entorno, bien sea el escenario o bien sea la tensión psicológica superficial, emplea construcciones exactamente iguales y muy subjetivas, como si el propio autor no recordara que ya nos ha dado su opinión sobre tal edificio o no sé cual persona. Estos dos problemas hacen que la novela sobre todo en la primera parte sea un poco ralentizadora. 

Eso sí, el desenlace es brutal. En mi caso al menos, no me lo esperaba de ninguna manera. Se te dan varias posibilidades, puedes elucubrar otras tantas, pero es tan inesperado y tan poco ambientado que es sin duda genial. La parte del epílogo se hace un poco pesada, porque precisamente el desenlace quita el protagonismo a quien se supone que debería tenerlo y parece que el autor quiere devolvérselo en el epílogo. Pero lo dicho, un desenlace sorprendente y además con una puesta en escena estupenda.

El Cazador Cazado

Así como decíamos que lo primero que notas al nivel técnico son los aires conocidos, a nivel de trama, al principio de la novela, encontramos algunos problemas. Problemas que afectan al lector tanto si se ha leído El psicoanalista, la primera parte, como si no. En mi caso, no me había leído la primera novela y cuando se me dio la opción de coger esta no parecía completamente indispensable haberla leído. Y es cierto, me he enterado de todo lo que sucedía porque el autor no ha parado de explicar la primera novela durante toda la primera parte.

Esto es contraproducente. Por una parte, el lector de El psicoanalista conoce ya la historia como para que le tenga que estar explicando qué paso. Además, de malas maneras porque lo explica como flashes o como reflexiones internas del protagonista muy flojas, del tipo «claro, como hace cinco años yo hice esto y aquello y lo de más allá es normal que el asesino esté enfadado». Por otra parte, para quienes no hemos leído la primera parte, el contexto es suficiente y todo lo anterior casi innecesario. Lo podía haber solucionado con una referencia a que hacía cinco años el protagonista se había enfrentado a un asesino que le propuso un juego muy turbio. Lo que motivó al asesino hace cinco años no es relevante en esta segunda parte, no porque lo diga yo, sino porque el propio autor se centra más en que no ha podido cumplir su plan. Es decir, el motor de esta segunda parte es la venganza de los tres hermanos huérfanos (Virgil, Merlin y el señor R.) y terminar el trabajo, no el trauma… Menudo giro, ¿no?

Sin embargo, una vez que pasé esas páginas, una vez que terminaron las ráfagas del pasado, la novela me enganchó. Su protagonista es un personaje muy particular, cuya configuración se efectúa en la novela y a través de ella. Ha pasado de ser un hombre con una vida, a un hombre que busca su lugar, pasa del lujo y la riqueza a convertirse en un ser necesario para una comunidad que realmente lo necesita, como le sucede en Nueva Orleans o Miami. Y gracias a ello, va evolucionando como ser moral a través de sus casos (Tarik, Sra. Heath, Charlie, Roxxy). No solo atiende a sus pacientes y pone la mano para recibir el dinero, sino que aprende de ellos cómo es el mundo y qué dilemas aparecen teniendo en cuenta cómo este está estructurado.

Todo esto no es obvio en la novela, cosa que el autor hace muy bien, ya que la primera causa del movimiento de nuestro protagonista es arreglar el «fallo» que comete al final de la primera novela: dejar con vida al señor R. Sin embargo, pronto se da cuenta de que esto no es posible y de manera muy sutil y muy bien enlazada el autor le dará un nuevo motivo para continuar.

Así, y como ya hemos dicho antes, se llega a un final que si a nivel técnico era inesperado, a nivel de trama es inesperado y te saca una sonrisa. Quizá lo mejor de esta nueva novela de Katzenbach no sea el suspense en sí, sino la reflexión de los personajes, la valentía que nos muestran y el entramado psicológico de la misma. La partida llevada a cabo por los huérfanos se vuelve en su contra. Pasa de partida a baile, nuestro protagonista se convierte en el director de orquesta y las nuevas generaciones en los participantes. Al final, de una u otra manera, todos somos algo psicópatas. 

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La tumba de los vivos

Guadalupe Arias

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Valoración: ★★★★

Adicción y noches sin dormir. La tumba de los vivos –El mito inmortal– de Guadalupe Arias

A veces nos tenemos que enfrentar a decisiones altamente difíciles. No tanto porque deseemos un camino más que otro, sino porque a veces los implicados son personas no solo imprescindibles, sino personas inevitables. Cuando lo que está en la cuestión es la familia, las decisiones se vuelven más complejas. Pero, exactamente, ¿a qué llamamos familia?, ¿podemos asumir la culpa con respecto a los nuestros? Si además la tuya es una familia de reencarnados que lleva junta más de mil años luchando con seres del Tártaro la cosa se complica. ¿Qué podemos hacer contra una conexión y amor que ampara la eternidad? ¿Se puede luchar contra ello, contra la culpa? ¿Se puede compatibilizar con otras maneras de amar?

Esta es la cuestión que encontraremos en La tumba de los vivos de Guadalupe Arias, libro de apertura de su trilogía El mito inmortal. Pero no solo encontraremos temas morales o de toma de decisiones, la novela engancha y te invita a leer «solo un poco más» por muchas otras cosas.

Un juego fácil, enganchada me tiene

Las sagas, por definición, no suelen gustarme mucho. Por un lado, muchas veces no se terminan o los escritores tardan muchísimo en publicar la siguiente parte, pero es que, además, la primera parte suele ser un poco aburrida. Pensemos que en ella tenemos que tener la ambientación y las coordenadas del mundo en el que se va a desarrollar la historia (un ejemplo sería El señor de los anillos, en su primera parte la comunidad se configura, nos enseña el mundo y poco más). Sin embargo, la primera parte que aquí nos trae hoy es diferente.

Por fortuna, una de las cosas por las que destaca la novela es que es fácil. Y que no se entienda de manera negativa este «fácil». La lucha que se nos despliega del bien contra el mal, del mundo mortal y el mundo inmortal sustenta una trama bien llevada, ágil en su estructura y sencilla en su narración. En La tumba de los vivos no encontraremos requiebros extraños en la exposición ni intrigas apuntaladas en la página uno y resueltas en la página doscientos. El único problema que encontramos en cuanto a esta ambientación son dos: el tiempo y la descripción.

Empezando por el más simple, ya hemos dejado ver que el tiempo de la novela es lineal en su gran parte, aunque encontramos flashbacks perfectamente justificados e introducidos en la trama. Sin embargo, la magnitud de personajes y de la propia trama, que si bien no se desarrolla en un tiempo muy amplio, sí se desarrolla en un tiempo muy detallado, provoca que a veces las reincorporaciones al tiempo de la narración sean o abruptas o carentes de datos. Esto no es argumento para desdeñar la obra, para nada. Sin embargo, creo que sí merecería una revisión. Da rabia leer sobre un personaje y sentir que se te escapa algo que medio deduces, pero que no es del todo seguro.

Por su parte, la descripción sí que es compleja al principio. Y es que la descripción de ambientación creo que es una de las cosas más difíciles a la hora de crear una novela –aquí habla mi experiencia como lectora y como correctora–. En este caso, se abusa un poco de la descripción del espacio en el que se desarrolla la acción, es poco clara por la abundancia de indicaciones espaciales sobre la disposición del entorno. Y da rabia, porque cuando se olvida del entorno la narración fluye que da gusto.

Así que, a pesar de estos dos problemas que he podido sacar es una novela que da gusto leerla, se lee rápido porque engancha, y da gusto comprender a los personajes y la trama porque está bien expuesta y sigues pasando las páginas porque los personajes son increíbles. 

Unas páginas entre los dedos

Este desarrollo ágil y atrayente se consigue gracias a las influencias que encontramos en la novela de otras obras. Pero esto, desgraciadamente, es un arma de doble filo.

Llevo seis años dedicándome a la teoría de la literatura y siempre soy muy cauta a la hora de establecer influencias en los autores. Fabulo, por supuesto, pero es algo muy complejo. En el caso de esta novela, a partir de la lectura, estoy casi convencida de que si no las ha utilizado de manera consciente, al menos la autora se ha leído dos novelas: Crepúsculo y 50 sombras de Grey, siendo aún más cauta si cabe con la última.

Señalar estas influencias por mi parte no es algo negativo, es algo con lo que en mi opinión hay que tener cuidado. Creo que ambas han ayudado a la autora a llevar a buen puerto una obra de la magnitud de esta. Sin embargo, lo dicho, es un arma de doble filo porque en muchas ocasiones yo ya sabía qué iba a pasar, bien porque el tropo era el mismo o parecido al de alguna de las novelas que he señalado, bien porque seguía la misma estructura argumental.

La influencia es importante y no digo que tengamos que maquillarla, para nada. A mí esta novela tal y como está me gusta, pero creo que estaría mejor si no fuera tan obvia en esos puntos, si tuviera un giro. Pero es mi opinión.

Tu vulnerabilidad, mi perdición

Y, sin embargo, reitero la novela me ha encantado. No sé si al dar los nombres de los personajes hago spoiler, pero pensar en Athan, en Jay, en Liam o en Abby hace que se me ponga una sonrisa tonta en la cara. Los personajes de la novela son increíbles.

Antes he escrito la expresión «obra de esta magnitud» y es que es verdad. La cantidad de contenido que nos ofrece solo la primera parte es increíble y la autora maneja los protagonistas y su multiperspectivismo como si lo hubiera hecho toda la vida. La novela tiene cuatro protagonistas en principio, a los que yo añadiría mínimo dos más, en total son seis, pero obviamente hay muchos más personajes en la obra. Sin embargo, la autora sabe no descuidar a ninguno de ellos. Su técnica de «conflicto-cuadro-resolución-enlace» es estupenda, porque aunque la estructura es siempre la misma sabe dar los giros para que no te parezca que lees siempre lo mismo con los nombres cambiados. Además, los personajes no son planos, todos, absolutamente todos, tienen una transformación psicológica a lo largo de la novela, generalmente a través del contacto humano (en todos sus sentidos) siendo la más potente y sublime, para mi gusto, la del personaje de Angelo.

Finalmente, lo que más me enamoró de la novela es que ¡ya basta de esos inmortales tan inmortales! La propia novela se ríe un poco de esto. Sus protagonistas sangran, tienen que descansar, de verdad, para reponerse de las heridas. Por supuesto que lo hacen más rápido que un humano, pero precisamente gracias a este realismo y poca heroicidad de sus personas, consigue tener espacio narrativo para desarrollar sus personalidades y la de los mortales que los rodean. Por poner un pero, creo que da primacía a los hombres frente a las mujeres, a pesar de que tiene tres personajes femeninos que empiezan con muchísima fuerza, pero a los que va desinflando en pos de los masculinos.

Solo un empujón más

Creo que la novela puede ser un exitazo de ventas si lo pasaran a un sello editorial que no fuera de autoedición. Lo único que necesita es el repaso de un técnico editorial que le pula los detalles que he mencionado más arriba (bueno y los problemas de ortotipografía que dificultan en algunos pasajes la lectura).

La obra es dinámica te permite leer a gusto, sin cansarte, cómodamente y de corrido.  Tiene personalidad para que te enganches de sus personajes y tiene tramas sueltas lo suficientemente potentes para crear las otras dos novelas de la trilogía. Bien es cierto que este punto me da un poco de apuro, porque en la primera parte da una cantidad de información que me despista de qué puede contar en ambientación en los siguientes. No obstante, en trama, el final os dejará con la boca abierta y hambrientos de la segunda parte.

La pelea entre los mortales y los demonios, entre el bien y el mal es un tema recurrente en nuestra literatura, quizá porque el ser humano nunca sabe al cien por cien las consecuencias de sus actos. Sin embargo, cuando el amor entra en escena, y no tiene por qué ser un amor romántico, que lo hay, sino amor a secas, sin más vueltas, querer a alguien, vaya; en ese momento lo que está arriba puede ser abajo y lo que está abajo puede ser arriba. Porque el Tártaro tiene lugares buenos y malos, porque la eternidad no sirve de nada si no sabes perdonarte.

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Las palomas de la Boquería

Jordi Basté/Marc Artigau

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Valoración: ★★★★

Yo no quería ser Medea, gritan Las palomas de la Boquería de Jordi Basté y Marc Artigau

Se sube el telón, Medea nos cuenta sus penas y explica por qué mató a sus hijos, por qué odia tanto a Jasón. Se baja el telón, las actrices y actores se quitan la máscara y vuelven a ser personas como las que estaban en el público, anónimas, felices, buenas, malas… Pero, ¿qué pasa si no llevamos una máscara, si solo somos una persona? ¿Acaso la vida no es puro teatro?

Quizá plantearnos esta última cuestión es la que nos propone la novela de Las palomas de la Boquería de Jordi Basté y Marc Artigau. En ella, el investigador Albert Martínez tendrá que desentrañar quién es el autor del crimen que se ha cometido en el mercado de la Boquería en Barcelona.

Una particularidad estructural

Esta novela sobresale en varios aspectos, desde los personajes, hasta al ambientación y localización temporal, una elección muy acertada desde mi punto de vista. Sin embargo, quizá el aspecto que más destaca es su estructura. Esta se desarrolla casi como las raíces de un árbol, que en principio de manera independiente se van desarrollando hasta entrelazarse y conformar el tronco, en nuestro caso el desenlace, de la narración.

 El comienzo es muy interesante, ya que se confronta la «banalidad» de unas vacaciones (banalidad, bueno… qué no nos hagan falta) con la confesión del placer que produce un asesinato. A partir de aquí se lanzan las dos vías de recorrido: la historia de Albert, el hombre que está de vacaciones, y la historia de Mónika a la que, no temáis el spoiler, no podemos asociar con la voz asesina del principio.

Esta es la primera cosa curiosa de la historia. A pesar de esta presentación, el lector tiene la sospecha, casi la confirmación, de que esa voz del principio no es la de Mónika… ¿o sí? Gracias a este último interrogante, el lector necesita saber más, necesita saber qué pinta esta muchacha en toda la trama y, por supuesto, si Albert conseguirá resolver el crimen o no. Ya tenemos establecido el enganche.

A partir de aquí, además de tener dos narradores, tendremos tres tiempos, que van hilando la trama y que nos van explicando el porqué de la situación. En primer lugar tendremos la historia de la investigación de Albert, que se entremezcla con la historia de sus conquistas amorosas, ambas en presente. Por otro lado, tendremos la historia de Mónika, la más interesante desde el punto de vista temporal, ya que a su narración en pasado añadirá sus comentarios sobre el presente. Estos comentarios siempre estarán referidos a la investigación de Albert, mientras que la narrativa en pasado estará centrada en su recorrido, desde el instituto, para llegar a las tablas del Romea.

A medida que Mónika se acerca al presente, el asesinato de Paula, la narración se va acelerando, de modo que las intervenciones de Albert se irán reduciendo en extensión para ofrecer mayor dinamismo a la investigación. De esta manera ambas se unen en el final de la novela, de una manera apoteósica, podríamos decir, para la trama y para ambos personajes.

La vida como justificación

Sin embargo, aunque a nivel técnico es brillante, lo que más me ha gustado es el contenido de la historia de Mónika, cómo este personaje nos explica cómo ha llegado hasta dónde ha llegado y por qué.

Cuando comenzamos nuestras andanzas hacia el futuro nunca sabemos qué nos deparará. Siempre pensamos que saldrá bien, por eso nos esforzamos, no nos rendimos y en algunos casos conseguimos lo que nos habíamos propuesto. Pero eso no es lo que le sucede a Mónika, desde el principio se nos presenta como una chica que quería ser actriz, pero que pronto supo que no lo conseguiría. Un poco gracias a Paula, la muerta, Medea.

De esta manera, el relato derrotista de Mónika va derivando desde el sueño hasta el hastío vital, a un «esta soy yo, estas son mis circunstancias, no podéis juzgarme por ellas». Ahora bien, a pesar de ello, Mónika es camaleónica, dentro de su hastío no quiere ser mediocre, una cosa es no conseguir lo que se quiere y otra muy distinta hacer mal lo que se ha conseguido.

Con esta premisa, se podría pensar que se nos presenta a un personaje que se victimiza, que se justifica constantemente. No, aunque yo haya utilizado la palabra justificación, considero que no es la intención del personaje. Ella relata su vida, que es como es y no se le puede hacer otra cosa, a partir de ahí el lector que justifique lo que quiera. De hecho, la propia novela nos enseña como de hecho es así.

Vamos al teatro, pero…

Recomiendo encarecidamente la novela. La potencia de la trama es brutal. Las historias de Albert son entretenidas de leer, la trama detectivesca está bien narrada y tiene sus puntos interesantes, aunque me hubiera gustado que se diera aún más protagonismo a esa trama.  Por su parte, la historia de Mónika es adictiva, cruel y muy cercana a algunas realidades. Además, el ritmo narrativo es estupendo y la ambientación en 2017 es de agradecer, ya que parece que nuestras novelas siempre se remontan al pasado o no tienen tiempo. La localización y descripción de los lugares que visita Albert en Barcelona es estupenda, parece que estás allí. Finalmente, la narración de los entresijos del mundo del teatro, de la competitividad, el trabajo que conlleva el montar una obra, todo ello queda perfectamente reflejado en la obra, que nos hace disfrutar y saciar nuestra curiosidad sobre la cuestión. Por al final ese mundo no nos es tan ajeno, ¿no dicen que la vida es puro teatro?

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Lo único que importa

Agnès Ledig

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Valoración: ★★★★

El silencio de la vida. Lo único que importa de Agnès Ledig

Cuando una persona comparte su vida con otra, probablemente porque inconscientemente sabemos que la vida es nuestro bien más valioso porque es único en todas sus dimensiones, espera que esa relación dure para siempre. O eso es lo que nos han dicho que tiene que pasar. Por ello, cuando esa relación, sea del tipo que sea, falla, no podemos dejar de sentir cierto sentimiento de fracaso o vergüenza. Pero en cierto modo eso es bueno. Significa que hemos salido de algo que no funcionaba. El problema es cuando el sentimiento nos puede y no somos capaces de sobreponernos a la evidencia.

Este es el principal conflicto de Juliette, la protagonista de la novela Lo único que importa de Agnès Ledig, editada en español por la editorial Grijalbo. Juliette, muestra de nuestros problemas como mujer, muestra de que el paso del tiempo por nosotras parece sí tener un precio, nos da un motivo para reflexionar sobre nuestra condición y sobre lo que el ser humano, pero en particular las mujeres, debe estar dispuesto a tolerar por unos ideales impuestos, por el miedo a quedarse solo.

De Malou a Julitte, un silencio generacional

Aunque es cierto que no soy muy paciente con las narraciones de mis mayores, hay ocasiones en las que una frase se escapa de la conversación y en ella descubres que su vida fue tan intensa o más que la tuya. Descubres que lo que te pasa a ti ya ha pasado alguna vez y que, aunque pueda ser un suceso diferente, esos momentos son lo que nos conforman. Esto es lo que sospecha Juliette del silencio de su abuela Marie-Lou, este es su reto.

Una de las cosas que sabremos de nuestra protagonista desde el minuto uno es que para ella su abuela Malou es uno de los apoyos fundamentales de su vida. No solo ha aprendido de ella que el cuidado de las personas no se realiza solo en lo físico, debemos cuidar además lo afectivo; sino también que nuestra persona puede cambiar el mundo. Además, los padres de Juliette, ya jubilados, han delegado en su yerno la afectividad para su hija, solo Malou se mantiene firme en no abandonarla. 

A su vez, Malou será un personaje muy importante para el lector, ya que a través de ella veremos la visión sesgada que Juliette tiene de su propia vida y de su propia sentimentalidad. Veremos que guardar silencio sobre nuestra historia puede ser interesante y ofrecernos cierto misterio, pero que si no hablamos no podemos ser ayudados. Con ella aprendemos, mucho antes que Juliette, que la vida está para vivirla y que si nosotros callamos, desgraciadamente, el siguiente también lo hará.

El silencio no es algo que se rompa fácilmente. Para poder hacerlo debemos ser valientes, confesar nuestros pecados y nuestras condenas (sobre todo estas últimas) y una vez asumidas vivir con ello. El personaje de Malou no solo enseña a la protagonista, sino a cada uno de los personajes de la novela, además de enseñar al lector.

La sonrisa de Malou, me acompañará siempre como lectora, espero que vosotras también podáis apreciarla. 

Los hombres de nuestra vida

La historia de Ledig engaña un poco en su comienzo. Roméo, bombero y el chico de esta novela, sufre un accidente en su trabajo y sale muy perjudicado. Juliette su enfermera se preocupa por él y todo parece indicar que tenemos la novela de amor ideal preparada. Pero no es así. 

Cuidándome de no adelantar nada, debo deciros que uno de las cosas que más me han gustado, y a la vez agobiado, de la novela es la acertada descripción de los hombres que nos podemos ir encontrando a lo largo de nuestra vida. La veracidad en el retrato, en la reacción de sus personalidades y en la interacción con el resto de personajes me abrumaba muchas veces y tenía que dejar de leer. Yo he conocido a un Laurent, un Roméo y un Guillaume. 

Guillaume, compañero de trabajo de Juliette, y Laurent, la pareja de nuestra protagonista, son dos figuras contrapuestas, la oposición entre lo que debería haber sido y lo que desgraciadamente es. Son un reflejo de nuestro anhelo, de ese echar la vista a atrás, que tanto daño nos hace a veces, pero que es inevitable en los momentos de flaqueza. Por su parte, Romeo es aquel que llega, eso no significa que sea mejor ni peor, solo aquel que aparece en el momento de necesidad, al que no sabemos apreciar y que con suerte conservamos.

Ahora bien, la novela en este sentido no nos regala nada y es justo quizá lo que más me gustó al final. Como veréis Juliette elige por si misma, bien o mal, pero elige ella con una fría sentimentalidad. 

El silencio, nuestro refugio, una trampa 

Sin embargo, lo que definitivamente me ha gustado más del libro es la capacidad de describir situaciones complejas y muy cercanas a nuestra realidad, y a través de las cuales se muestra la capacidad inspiradora de la autora en los lectores. Sin cortarse una palabra Ledig cuenta las cosas sin tapujos, tal y como son, no censura ni atenúa. Por ello, a veces se hace duro, porque toca la fibra. Lo que pasa pasa y punto.

Vanessa (hermana de Roméo) y Juliette son los ejemplos de errores que cometemos las mujeres. Y sí, los hombres también cometen errores, pero desde luego hay algunos que solo nos competen a nosotras. En particular veremos desarrollado el error que aúna a ambas y nos somete a muchas: considerar que el silencio es nuestro mayor refugio. Agnès Ledig nos enseña que eso es falso. Callarse y sufrir en silencio, encerrarnos en nuestra propia burbuja no hace sino alejarnos de la realidad y, quizá lo peor, alejarnos de las personas. Dejamos de ser nosotras.

El ser humano necesita de la afectividad y el reconocimiento del otro, sin él  no tenemos perspectiva, no podemos progresar y perdemos el foco de los que somos. Esto no significa que nos  tengamos que no podamos vivir solos, sí pero debemos conocernos. Tampoco significa que nos rodeemos solo de la gente que nos dice cosas bonitas, el enfrentamiento es sano. Lo que no es sano desde luego es la imposición y la tiranía. Sobre todo, lo que no es sano es el miedo

Sé que las cuestiones están bosquejadas, pero esto no pretende ser más que una muestra sin spoilers para invitaros a leer la historia de Juliette. Juliette, nosotras. Mujeres que utilizan el silencio como coraza para sentir que encajamos en ese sinsentido de expectativas. No al silencio.

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