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Las Inquilinas de Netherfield

España

registrado desde Abril de 2016

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Libros y reseñas

Operación Black Death

Fernando García Pañeda

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Valoración: ★★★★★

Muy, muy recomendable si os gustan las novelas con sabor a clásico

Hacía mucho tiempo que no leía una novela de espías, creo que además ha sido la primera ambientada en España, y no solo la he disfrutado mucho sino que además me ha dado la oportunidad de conocer la prosa de Fernando García Pañeda, de quien no había leído nada hasta ahora y me ha sorprendido muy, muy gratamente por lo cuidado, bonito y elegante que escribe y por lo bien ambientado que está el libro de principio a fin. Esta novela rezuma aire de peli de los años 40 por los cuatro costados (de hecho creo que es una lectura muy cinematográfica), con un sabor muy clásico y elegante, y aunque este párrafo podría ir muy bien al final como cierre de reseña, quiero dejaros claro desde el principio lo mucho que he disfrutado de la historia.

Después de un rápido prólogo que tiene lugar en la villa holandesa de Laren donde se narra la compra-venta de unos cuadros falsos de pintores flamencos y holandeses, la acción comienza cuando, en mitad de la noche, un grupo de la resistencia intenta cruzar la frontera entre Francia y España huyendo de la Gestapo. La Guardia Civil les echa el alto, y de los seis que componen el grupo solo consiguen escapar dos: Monique de Bissy, miembro de la resistencia belga, y Alphonse, agente de la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) y encargado de ayudar al grupo a llegar a Ergoyen.

Es decir, que tenemos (además de diversos arcos que van surgiendo y resolviéndose a lo largo de la trama) dos líneas principales en la historia. Por un lado una red de contrabando de obras de arte entre Alemania y España, en el que están involucradas tanto las autoridades españolas como las altas instancias alemanas. Este negocio va de capa caída ante la inminente posibilidad de que Alemania pierda la guerra, y en él se mueven tanto cuadros falsos como los auténticos saqueados en el brutal expolio del patrimonio artístico que realizaron los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial. En esta línea se mueven traficantes de obras de arte, agentes secretos, políticos… y Alphonse siempre mediando entre todos ellos. Él es el personaje principal en esta subtrama.

La otra es la que sigue a Monique de Bissy tras llegar a España y ser acogida por los hermanos Inchauspe (Martín y Ana Eugenia) en Villablanca, el palacete en el que ambos viven en el barrio de Neguri, refugio de la aristocracia vizcaína en Getxo. Buena parte de la trama se centra en la evolución de la amistad entre las dos mujeres y el interés en otro ámbito entre Martín y Monique, pero… ¿es Monique quien dice ser? ¿Es Martín tan superficial y frívolo como aparenta? ¿A qué se dedica exactamente? Martín es el que lleva buena parte de la historia a las espaldas, y su determinación fluctúa de manera muy distinta fuera de su hogar y dentro de él. Resolutivo e inflexible en sus negocios, tierno y protector con su hermana, y algo inseguro cuando tiene que afrontar lo que comienza a sentir por Monique. De esos personajes clásicos duros por fuera, con un pasado dramático (en este caso a causa de la Guerra Civil), pero que tienen su corazoncito y son mucho más profundos de lo que aparentan. Monique es la que me hubiese gustado que fuese un poco más guerrera, más echada p\\\’alante, cosa que se le presupone por su pasado pero que no acaba de explotar ante el lector. Esa carencia la suple Ana Eugenia, que a la chita callando demuestra ser mucho más peleona de lo que parece y con algún que otro secreto tras esa fachada un tanto celestina y hogareña.

El libro está narrado en presente y tiene un marco temporal de tres meses, más una especie de epílogo que nos traslada un año después de que termine la acción propiamente dicha de la trama. La narración adopta varios estilos, y es una estructura que a mí particularmente me ha encantado. Tenemos al narrador omnisciente en buena parte de la historia, pero de vez en cuando hay varias rupturas: las que aparecen cuando son informes del servicio secreto, que los vemos tal cual en papel, y ciertas escenas narradas en forma de guión teatral, siempre cuando se trata de una conversación entre varios espías. La historia va alternando entre los diversos arcos narrativos, predominando casi siempre, a pesar de aparecer muchísimos personajes, Martín Inchauspe por un lado, y el espía Alphonse por el otro (reconozco que a mí me resultó muy evidente su verdadera identidad desde el principio, pero eso no restó ni un ápice de interés a lo que se nos contaba. Al contrario, me pareció muy honesto que el autor no intentase rizar el rizo ni sacarse de la manga un giro de tramas de esos que me chirrían tanto algunas veces).

La ambientación es uno de los puntos fuertes de la novela. Estamos en 1944, plena Segunda Guerra Mundial, pero no hay que olvidar que eso también implica que estamos en plena posguerra civil española. Nos movemos principalmente entre la tranquilidad de Villablanca en Vizcaya y el bullicio de la vida social en Madrid, y los restos de la contienda son todavía visibles, tanto externamente en el paisaje y las ciudades como internamente en el pueblo y en los que combatieron. La situación política se divide entre los adeptos a Franco y los que quieren la monarquía de la mano del exiliado don Juan de Borbón, sin contar la supuesta neutralidad con la que España vivió la guerra en el resto de Europa. La alta sociedad ha recuperado su rutina de fiestas y frivolidad mientras la gente de a pie se muere de hambre. La España de 1944 era una España en plena convalecencia y aunque la trama no quiere ahondar en eso más de lo necesario porque no es el fin último de la historia, tampoco lo evita porque forma parte del día a día de algunos de los protagonistas.

Operación Black Death (por cierto, tendréis que leer la novela si queréis saber a qué se refiere esta operación) es una historia que atrapa desde el principio, pero como lector no te deja que te despistes. Hay cosas evidentes, pero hay otras cosas que si no estás atento puedes llegar a perderte. Son muchos personajes, espías, dobles espías, entran con su nombre verdadero, vuelven a entrar con un nombre en clave… todos, o casi todos, tienen una o varias identidades… no es ni mucho menos una lectura difícil, que nadie se me asuste, pero tampoco facilona. El autor confía en la pericia del lector y en que sepa manejarse entre tanto espionaje y contraespionaje, y construye una historia que engancha de principio a fin.

En resumen, muy, muy recomendable si os gustan las novelas con sabor a clásico, de esas que cierras los ojos y te imaginas las escenas en blanco y negro. Ya comenté al principio que es una novela muy cinematográfica, y sinceramente no me extrañaría verla algún día adaptada. Muy entretenida, genialmente ambientada y narrada. Se merece que le deis una oportunidad quienes no lo hayáis leído todavía, porque es muy difícil que no os guste. Me he quedado con muchas ganas de conocer otras obras del autor. Por cierto, aviso a navegantes en general y austenitas en particular: se avecina nueva novela de Fernando donde hace su particular homenaje contemporáneo a Persuasión. Se llama Agonía y Esperanza y está ambientado en Venecia. Ahí es nada. Os dejo AQUÍ un enlace a su blog donde explica el por qué de esta renovación de la historia de Jane Austen en su bicentenario.

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Teutoburgo

Valerio Massimo Manfredi

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Valoración: ★★★★★

Si os gustan las novelas históricas basadas en hechos reales y que estén bien contadas de manera sencilla, amena y muy entretenida sin dar clases de historia, este es vuestro libro

El nombre de este libro, Teutoburgo, es el de una batalla clave que tuvo lugar entre los romanos y los germanos en un bosque del mismo nombre en Germania en el año 9 d.C. Había oído hablar de ella, aunque no sabía los detalles, qué personajes habían participado, lo que había ocurrido exactamente… nada. Y, por una vez, fui fuerte y no googleé sobre el tema. No quería saber lo que iba a pasar en el libro. Evidentemente mucho menos os lo voy a decir a vosotros, que ya sabéis que spoilers por aquí los mínimos, pero sí que os aconsejo que si no sabéis lo que pasó, hagáis lo mismo que yo. Disfrutaréis mucho más de la historia que nos cuenta el bueno de Manfredi (cuánto tiempo sin leerte, viejo amigo). Y si ya lo sabéis, pues lo disfrutaréis igualmente porque el libro se lee de una sentada, pero sin el factor sorpresa porque ya sabréis hacia donde conduce la historia.

La historia comienza siguiendo a Armin y Wulf, hermanos de noble estirpe e hijos de Sigmer, jefe supremo de los queruscos, la tribu más poderosa y numerosa de Germania. Son apresados por una patrulla romana, comandada por el centurión Marco Celio Tauro, cuando están contemplando la construcción de “el camino que no se termina nunca”, una de las vías pavimentadas romanas que recorrían el imperio de arriba a abajo.

Los queruscos tienen una alianza con los romanos, un pacto mutuo de no agresión, pero lo que los romanos llaman alianza en realidad es sumisión por parte del pueblo germano. Por ello, los dos hermanos son tomados como rehenes, aunque el término que usan los romanos para ellos son huéspedes: no les interesa devolvérselos a su padre porque quieren que conozcan Roma, que piensen como romanos, que asuman la disciplina romana y queden embelesados con lo que el imperio ha llegado a ser y los beneficios que se obtienen al ser parte de él… Y así, durante años, en una especie de escuela privada, bajo el tutelaje del centurión que les capturó, Tauro, estos dos adolescentes aprenden a combatir, vivir y sentir como un centurión romano, aunque resultan evidentes las diferencias entre ellos dos y como asume cada uno estos cambios.

Wulf, curioso y extrovertido, queda desde el primer momento maravillado ante las proezas y adelantos de los romanos, una civilización muy superior a la tosca germana, que todavía vive en cabañas; se asombra ante la omnipotencia y poderío del imperio, y en caso de tener que decidir un bando pronto queda patente que seguramente elegiría Roma por encima de Germania. Armin, sin embargo, es un guerrero germano, indomable; se siente prisionero de los romanos y no se deja domar por ninguna disciplina. En un principio no se maravilla ante la grandeza del imperio ni de Roma… y sin embargo es él quien, poco a poco, y gracias a su iniciativa, comienza a ascender dentro del ejército y a ganarse la confianza de sus superiores, el que comienza a codearse con las altas cimas de poder, el que algún día podría obtener la ciudadanía romana… también comienza a preguntarse si sería capaz de volver a la oscuridad y atraso de la sombría y cenagosa Germania, aunque en el fondo de su corazón le cuesta rechazar su tierra. Los dos hermanos son uña y carne durante años, pero la vida les lleva por derroteros distintos… Roma, en concreto, les lleva por derroteros distintos, y pronto tendrán que tomar decisiones que cambiarán sus vidas y el devenir de la Historia.

Situándonos en contexto, estamos en tiempos de Octavio Augusto, que quería llegar hasta las corrientes del Elba, fijar la última frontera del imperio en Germania. Consideraba que el mundo no podría llegar a ser completamente romano si lo germanos no formaban parte de él, que los germanos eran el único pueblo sobre la faz de la tierra digno de formar parte del imperio. Cuando Armin y Wulf fueron capturados por los romanos, ya habían transcurrido muchas décadas de enfrentamientos, y fueron ellos los que cambiaron el curso de esta guerra.

Puede parecer que os he contado mucho sobre el libro, pero no os he contado apenas nada, solo os he situado en el marco histórico de estos dos personajes que existieron en realidad y que, en el caso de Armin, dejó su nombre grabado para la posteridad. De hecho, llega un punto que Wulf (pronto conocido por el latinizado Flavus) se diluye en la historia y Armin (Arminius) prevalece omnipresente. Y de hecho este personaje es de lejos el mejor de la novela, el mejor construido, seguido por Tauro. Armin es un guerrero y tiene una personalidad fuerte y definida. Flavus es más soldado que guerrero, y la curiosidad que demuestra de adolescente se torna en conformismo y pasividad. Todo lo que Armin gana conforme avanza la historia, lo pierde Flavus.

Mientras tanto, en Roma suceden muchas cosas: los años de crecimiento de estos adolescentes bajo la supervisión de Tauro (que se convierte en algo parecido a un padre para ellos); mensajes en clave que sumergen a los hermanos en un complot para asesinar al emperador, y en el que las intrigas familiares, con Julia a la cabeza (la hija de Augusto), tienen un papel determinante; conocemos gracias a muchas pinceladas los últimos 40 años del imperio antes del momento en que se ambienta la historia (Julio César, Marco Antonio y Cleopatra, el general Druso, Agripa… ); viajamos a lo largo y ancho del imperio, donde visitamos ciudades y regiones asiáticas con sus misterios y tentaciones, además de las luces y las sombras de una dominación que parecía no tener fin… La historia se ve abocada desde su mismo título hacia una cruenta batalla, pero en el camino Manfredi no deja pasar la oportunidad de contarle al lector muchas cosas.

En realidad, durante dos tercios de libro parece la historia de dos hermanos que llegan a hacerse un nombre dentro del ejército romano, que crecen bajo la tutela del imperio, que se hacen adultos muy, muy lejos de su hogar, que llegan a conocer a Octavio Augusto, que ejemplifican cómo los romanos conseguían que muchos pueblos pasasen a formar parte del imperio sin rechistar al comprobar los beneficios que eso les reportaba… A veces incluso te preguntas cómo va a hilar todo esto Manfredi con la cruenta batalla de Teutoburgo, pero lo hace, y además de una manera magnífica porque entiendes el por qué de todo, el por qué de que durante esos dos tercios de libro no veas venir lo que sucede… o más bien no veas venir cómo va a suceder.

Lo reconozco, a mí me dan Imperio romano (o antiguo Egipto) y me hacen los ojos chiribitas, así que lo dejo aqui y no os doy más la brasa. Si os gustan las novelas históricas, ambientadas en tiempos de la Antigua Roma, que tengan batallas, que estén basadas en hechos reales y que estén bien contadas de manera sencilla, amena y muy entretenida sin dar clases de historia (muy al estilo Manfredi, un genio divulgador donde los haya), pues este es vuestro libro. Yo lo he leído del tirón. Y después (ya sí) he googleado como una loca para verificar todo lo que se cuenta en él 🙂

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El océano de la memoria

Paloma San Basilio

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Valoración: ★★★

La historia de la familia gaditana Monasterio Livingston a lo largo de toda la posguerra española

El libro narra la historia de la familia Monasterio Livingston desde el nacimiento de su primera hija, Albita, hasta que ella misma cumple 40 años. Es decir, que abarca desde 1936 hasta 1976, de manera que, y dudo mucho que sea coincidencia, la historia arranca con el comienzo de la Guerra Civil española y termina (al menos en este primer volumen, porque la puerta abierta a un segundo está muy clara) con la muerte de Franco 40 años después.

Los Monasterio Livingston son una familia bien de Cádiz. El cabeza de familia, Custo Monasterio, es médico, y su esposa, Alba Livingston, es una belleza de ascendencia inglesa que se casa por amor con un hombre que quizás no hubiese sido lo que su padre hubiese escogido para ella, pero que la ama y venera por encima de todas las cosas. Son dueños de unas bodegas de siglos de antigüedad, bodegas que trajeron a los antepasados de las islas británicas de Alba a Cádiz, y que son su mayor orgullo y fuente de ingresos. Viven en un palacete en la plaza Mina, ajenos en buena medida a las tragedias y miserias de la guerra y los largos y duros años de la posguerra, y allí vendrán al mundo nada menos que 8 hijos, protagonistas en mayor o menor importancia del devenir de esos 40 años de historia. 

La narración corre a cargo de Albita (la llamaré así, tal y como la llamaban de niña, para diferenciarla de su madre) en primera persona a lo largo de todo el libro. A través de ella, de sus palabras, de su visión del mundo que la rodea y de su propia familia, conoceremos no solo el transcurrir de los años dentro del hogar familiar, sino que nos hará un retrato pormenorizado de su ciudad, Cádiz, y nos transmitirá un amor insondable y eterno por su ciudad y sus raíces. El Cádiz de la posguerra es un protagonista más de la historia, casi más que algunos de los hijos del matrimonio… a veces, de hecho, un protagonista un tanto pesado, porque la narradora se reitera y repite una y otra vez en todo aquello que le gusta y le transmiten sus tierras y sus gentes, pero hay que reconocer que es un personaje omnipresente de la historia y que está muy bien recreada.

Así, veremos crecer por esas calles a los ocho vástagos de los Monasterio Livingston. Albita, Rocío, Custo, Santiago, Carlos, Mario, Lluvia y Luna conforman el paisaje de las aventuras y desventuras de esta familia, cada uno con su propia personalidad, todos muy diferentes entre sí, pero formando una piña como unidad familiar. Toda la acción transcurre en la Tacita de Plata a excepción de varios capítulos, sobre todo en la segunda mitad del libro, que nos trasladan a Londres, Colombia y México, donde seguimos los pasos de Alba, la cabeza materna, Mario y Rocío, respectivamente.

Matrimonios, puestas de largo, embarazos, hijos problemáticos, amores prohibidos, venganzas, secuestros, fallecimientos, secretos… con el telón de fondo de la Guerra Civil en un primer momento, la posguerra y dictadura posteriores (la autora evita en todo momento posicionarse… la casa de los Monasterio está abierta a todo el mundo), y la visión de unas décadas que convulsionaron la Historia de la humanidad en muchos aspectos. A grandes rasgos, y sin querer desvelar más allá de la historia, esto es lo que podremos encontrar a lo largo de las 600 páginas que componen la primera novela de Paloma San Basilio. Una novela que se lee más o menos bien, y que imagino que los habituales del género disfrutarán… pero que a mí se me ha hecho un poco bastante cuesta arriba.

Ya he comentado en alguna que otra reseña que no me gusta cuando un autor se documenta muchísimo para su novela, pero que en vez de implementar esa información de una manera natural que enriquezca la historia, te suelta cada una de las cosas que ha estudiado para que sepas que lo ha estudiado. Me parece muy bien que un autor se empape de la historia de los años en que ambienta su narración, pero eso no implica que coja todos y cada uno de esos hechos y los plasme en la historia, porque para eso me compro un libro de efemérides. Eso es lo que nos encontramos aquí. A toneladas.

Porque sí, huelga decir que está muy documentado (vamos, imposible decir que no lo está ante semejante despliegue informativo), pero eso hace que parezca una lección de historia constante a lo largo de toda la narración, tanto en hechos históricos nacionales e internacionales como en el mundo del espectáculo, cultura y alta sociedad. Y además está introducido de una manera que sigue un esquema inamovible de principio a fin: se comenta alguna cosa sobre la familia, la que sea, y como quien no quiere la cosa la hila con varios sucesos de ese año o de esa época, ya sea que Lola Flores visita Cádiz como que el príncipe Rainiero se casa con una actriz. Una y otra vez. Una y otra vez. Cada circunstancia o devenir que acontece en la familia viene acompañado de (como mínimo) página y media de sucesos que ocurrieron en esa época en Cádiz/España/Europa/el-mundo. Sin exagerar. Así durante 40 años, uno por uno. Y siento ser tan sincera, pero es que llega un punto que resulta hasta absurdo. Porque recalco que encima estamos ante una narración en primera persona de una mujer que sufre cosas buenas y cosas malas. Que en la siguiente frase en la que te cuenta una tragedia, te salga con que ese mismo año pasó no sé qué en no sé donde y que Cádiz fue elegida no sé por cierto… No viene a cuento, de verdad, es todo como muy frío, y la narración sufre con estos continuos telediarios. A mí, siento decirlo, se me ha hecho pesadísimo.

Por otro lado, la voz de Albita en primera persona está muy mal usada. Hay que ser consciente cuando se usa este tipo de narrador de las limitaciones que conlleva. Cuando habla de todo aquello que ella ve, observa, vive, tiene sentido. Son sus vivencias, su vida, y las narra. Eso es una narración en primera persona. Lo que no tiene explicación ni sentido es que luego haya capítulos que transcurren en otros países o escenarios en los que ella no está presente, y los narre como si fuese un narrador omnisciente. La autora sabe que está rompiendo con la narración en primera persona, que no puede hacer eso, y lo arregla intercalando de vez en cuando que es que “recibió una carta” de tal y cual donde le comentaban esos detalles, o que “no sé quién” se lo contó después. Eso no justifica ni por asomo que haga una narración omnisciente de cosas que ella es imposible que sepa por mucho que “le mandasen una carta”. Hubiese sido más coherente narrar esos capítulos en una tercera persona real, con un narrador omnisciente real, y que Albita hubiese descansado un rato. Pero así no. Un narrador en primera persona no puede tener las funciones ni el conocimiento de un narrador que todo lo ve y todo lo sabe sobre personajes que no son él mismo.

Sé que por las pegas que pongo puede parece que el libro me ha parecido un horror. No es así, y de hecho imagino que tendrá su público que lo disfrutará o habrá disfrutado seguro, pero tampoco puedo decir que me haya gustado. Se lee porque se puede leer sin problema ninguno, y seguramente las cosas que a mí me han molestado otras personas no le darán importancia, pero la estructura de la narración se me ha hecho muy pesada, y me ha parecido todo como muy artificial y gélido, tanto los diálogos, como la sobredosis de datos históricos y algunas situaciones (porque he evitado poner peguillas a la historia… y podría). Sí que resalto la magnífica ambientación en el Cádiz de la posguerra hasta el final de la dictadura, realmente es lo que he visto más trabajado del libro, pero una buena ambientación para mí no es suficiente. Esta historia podría haber dado mucho más de sí. Como comento arriba, las puertas a una segunda parte de la historia de esta familia están más que abiertas con el final que tiene, pero yo tengo bastante claro que no seguiré con ella.

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