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Literatura y cine

España

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Libros y reseñas

El jardín de Sonoko

David Crespo

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Valoración: ★★★

Una gran fábula japonesa con tintes surrealistas

Todo buen lector, o quizá fanático de la lectura, tiene una pareja, o una triada, o un quinteto, o un once ideal de escritores cuyos libros devora y adora, rinde pleitesía y cuida como tesoros perdidos. Sin embargo todo buen lector busca también descubrir nuevas lecturas, ampliar sus horizontes literarios, sumergirse en mundos inhóspitos y conocer nuevos nombres que añadir a su biblioteca particular. En ocasiones estos nuevos nombres no son nada nuevos, sino que manan de la historia de la literatura universal y ya están más que consagrados; pero en otras muchas ocasiones los nuevos nombres que vamos añadiendo a nuestra biblioteca lo son de manera absoluta e indudable. En este último grupo está David Crespo cuyo primer libro ha sido el último que me he leído, y sinceramente disfrutado bastante más de lo que me hubiera imaginado cuando recibí la oportunidad de leerlo gracias a Random House y Suma de Letras (su grupo editorial y sello de publicación respectivamente).

 “El jardín de Sonoko” es una fábula oriental sobre el destino, el amor y el cómo las personas que nos están predestinadas acaban cruzándose en nuestra vida y poniéndola patas arriba sin que podamos evitarlo o huir de ello. De hecho la novela trata de un elemento mitológico llamado el hilo rojo del destino que ata a las personas de manera invisible y las va atrayendo poco a poco hasta que se encuentran. Este es el argumento que se esconde tras la historia que se narra en las páginas de esta novela y que Davis Crespo ha sabido contar bastante bien, dándole un aire místico y enigmático tanto a sus personajes como a la ambientación de la novela, situando la historia en Japón (ese país que tan de moda está entre los viajeros ávidos de conocer culturas diametralmente opuestas a las propias).

 El protagonista de “El jardín de Sonoko” se llama Koaru (nombre difícil las primeras veces que uno lo ve escrito porque se confunden las letras), es dependiente de una tienda de zapatos y tiene una vida de lo más anodina, aburrida y previsible. Todo, absolutamente todo desde que se despierta hasta que se vuelve a dormir está tasado y medido. Todo hasta que un día sus rutinas se ven truncadas por el destino, aunque esto él no lo sepa. Este cambio lo propicia Sonoko, su compañera de trabajo, con la que come siempre pero con la que no quiere o no sabe empatizar más allá de hablar del tiempo o de la tienda. Cuando Sonoko una tarde le invita a salir todo cambia en la vida de Koaru, porque esa petición de cita va más allá de sus cánones preestablecidos y le trastocan su vida. Pero aún las cosas van más allá cuando a la mañana siguiente Sonoko no está en la tienda ya que ha dejado el trabajo.

 Es a partir de este momento cuando “El jardín de Sonoko” se convierte en una narración desenfrenada en la que los acontecimientos del presente se entremezclan con los del pasado y la vida de Koaru vuelve a confines de su memoria que estaban bajo llave y a buen recaudo. La maraña de personajes del presente y del pasado que se van entrelazando en la vida de Kaoru y que van haciendo que todo su mundo se vaya descomponiendo en un abrir y cerrar de ojos hacen de esta novela un compendio de personalidades y coincidencias que en ocasiones en difícil de creer, cosa que por otro lado no resta credibilidad a la historia, porque como todo el mundo sabe lo que ocurre en nuestras vidas al calor del amor no ocurriría en ninguna otra circunstancia.

 Tengo que señalar que “El jardín de Sonoko” me ha recordado en ocasiones, bastantes, a alguna que otra novela de Haruki Murakami. Sé que quizá es algo arriesgado comparar a David Crespo, un escritor amateur y novel por así decir, con el gran genio japonés, eterno candidato al Nobel de Literatura, cuyo mundo literario está lleno de fantasía, surrealismo, coincidencias y muchas dosis de imaginación, lo que hace que tantos miles de personas a lo largo y ancho del planeta sean fanes incondicionales del novelista japonés. No quiero comparar a Crespo con Murakami, repito, y no obstante y quizá porque Koaru se me asemeja a algún personaje de Murakami, o porque es Japón también un personaje más de la novela, o simplemente porque el amor que en esta novela se trata es algo amargo, no he podido no pensar en el escritor japonés leyendo este libro del español.

Tanto los personajes principales como los secundarios de “El jardín de Sonoko”, como la manera de estar escrita la novela (en primera persona), hacen que el lector se sienta bastante identificado con la historia. Pero no en su conjunto, ya que hay demasiados elementos producto del destino, el azar, la casualidad, que hacen que para mí la novela no salga de la pura fantasía y deje de verosimilitud un tanto apartada. Además, a pesar de que la novela está ambientada en Japón y sus personajes tienen nombres japoneses y hay bastantes referencias a la cultura nipona, durante la lectura, en varias ocasiones he tenido la sensación de que todo se desarrollaba en Europa, cosa que por ejemplo no me pasa con las novelas de Murakami. Quizá es que esté ya demasiado deformado por los prejuicios previos a la lectura de cualquier novela.

 Como todo escritor primerizo David Crespo ha querido ser ambicioso en su primera novela y eso se nota en “El jardín de Sonoko”, es una historia contundente, de las que no dejan indiferentes, llena de amor, de casualidades del destino y de personajes oscuros, o al menos con claroscuros. Amor y odio se entremezclan en la trama haciendo que el lector se sienta atraído hacia la situación de Koar;, pero al mismo tiempo, tanta casualidad, muertos que no lo terminan de estar, una enfermedad misteriosa, anécdotas un tanto fuera de lugar (que se leen como si fueran cuentos insertado en la historia principal) y coincidencias un tanto forzadas de más hacen que a veces la novela se haga un poco pesada de leer porque el lector no entiende nada y puede incluso perderse en conexiones de parentesco o en relaciones causales muy rocambolescas, hechas simplemente para dar algo de efectividad a la historia.

No obstante todo lo anterior, “El jardín de Sonoko” es una razonablemente buena novela primeriza de un autor que, a pesar de que tendrá que pulir ciertas cosas, probablemente termine por ganarse un público entregado a este tipo de historias que pueden llegar a provocar la lágrima fácil, pero que también entrañan un mensaje universalmente conocido y aceptado como es el que la vida es pura imprevisibilidad y que si no se vive con total intensidad es posible que nunca lleguemos a saber de qué trataba vivir, y mucho menos encontrar el final del hilo rojo del destino; ese hilo que supuestamente nos hará encontrarnos con la persona que nos tiene que acompañar en nuestro viaje por la vida llenando nuestra existencia.

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Los herederos de la tierra

Ildefonso Falcones

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Valoración: ★★

Una segunda parte que no hereda nada de la primera

Hace 10 años un escritor desconocido hasta entonces en España, no porque su obra anterior fuera inferior sino porque no existía tal obra anterior, publicó una novela que en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en uno de los éxitos editoriales más importantes de los últimos años en España. Ildefonso Falcones con su primera novela, “La Catedral del Mar”, logró el sueño de cualquier persona amante de las letras y que se imagina escribiendo un libro (a un servidor, que escribe esta reseña, le pasa por ejemplo): escribir el bombazo literario no ya sólo del año sino quizá de las últimas décadas. Pocos escritores logran un éxito tan rotundo, hablo en sentido general a lo largo de toda una vida, y mucho menos con una primera novela. Falcones lo hizo y desde entonces, y gracias al tirón de su obra prima, cada libro suyo se convertía en un verdadero acontecimiento que trascendía el ámbito de lo literario.

 

Pero un éxito tan contundente es único y pocas veces se puede repetir. Como he comenzado diciendo en esta reseña, hace diez años Falcones publicó “La Catedral del Mar”, y para celebrar ese aniversario redondo, hace unas semanas se ha publicado la continuación de aquella obra cuya historia se situaba en la Barcelona medieval de los siglos XIV y XV. En “Los Herederos de la Tierra”, Falcones retoma la historia que nos dejó en su primera novela, aunque no al uso, ya que esta es una segunda parte diferente a cualquier segunda parte de algo. Solo hay un nexo de unión entre las dos novelas y es que el protagonista de la primera, Arnau Stanyol, se convierte en mentor durante un muy corto periodo de tiempo del protagonista de la segunda, Hugo Llol. Y ya está, no hay más conexiones. Bueno, de hecho sí que hay más conexiones entre ambas novelas: Barcelona las une de nuevo.

 

Como pasaba en la primera novela con Arnau, en “Los Herederos de la Tierra”, Falcones recrea la vida de Hugo Llor desde que es apenas un chaval con ilusión de convertirse en mestre d’aixa, constructor de barcos en las Atarazanas Reales de Barcelona, hasta que es ya un adulto respetable y viticultor (el vino es también un personaje más de la novela ya que da alegrías y penas a todos sus protagonistas). Y como sucedía en la primera novela, Falcones durante las casi 900 páginas con las que cuenta el libro, narra las penurias, porque en el fondo solo hay penurias, de Hugo Llor.

 

La novela se estructura en cuatro partes en las que se presenta al lector un Hugo Llor diferente en cada una. Las vivencias, penurias, retos, riesgos, calamidades que se van sucediendo a lo largo de la historia van cambiando poco a poco a su protagonista, aunque siendo sinceros no tanto como sucedía en “La Catedral del Mar”. Sólo hay penas y tristezas en “Los Herederos de la Tierra”, poco hueco ha dejado Falcones para las alegrías de verdad, las que suelen reconfortar el lector al saber que un personaje al que se ha cogido cariño y que sufre muchos tormentos por parte de otros personajes odiosos, sale resarcido al final. Creo que Falcones ha interpretado muy mal el porqué del éxito de su primera novela. En aquella primera obra Arnau Stanyol pasaba por situaciones muy, pero que muy complicadas que terminaban revolviendo el estómago del lector. Sin embargo en esta continuación, el lector, o al menos ese ha sido mi caso, termina revuelto pero por sobrecarga de penas.

 

Si en la primera obra de Falcones me entregué como un poseso a la lectura y no podía dejar de leer queriendo siempre aguantar una página más para saber qué le pasaba a su protagonista: en “Los Herederos de la Tierra” no he tenido en ningún momento esa sensación. El comienzo de la historia me ha parecido difuso, nada atrapante. El desarrollo de la trama con todas las penurias y maldiciones que Hugo va soportando desde que es apenas un niño y hasta la última de las páginas, termina siendo cansina, aburrida y pesada, por no decir que algunas de las cosas que le pasan a su protagonista de manera tan consecutiva resultan más que forzadas, y creo que eso es lo peor que le puede pasar a un libro que pretende ser, y que de hecho es, la continuación de una de las mejores novelas históricas de los últimos tiempos en España.

 

Una vez leída, “Los Herederos de la Tierra” pasa de ser una novela que pretende mucho, que ilusiona porque se anuncia como continuación de un libro que termina dejando poso en el lector, a una novela que acaba decepcionando. A mí me gustó mucho “La Catedral del Mar” y comencé su continuación con muchas expectativas, cosa que quizá no debería haber hecho ya que un libro no debe comenzarse nunca con ideas preconcebidas sobre él, pero tras llevar unas centenas de páginas ya supe que no iba a llegar ni de lejos a ser una novela del nivel de la primera. Y es una pena.

 

Lo que pasa es que el problema de “Los Herederos de la Tierra” no está en que sea simplemente una novela que no termina por enganchar sino que tiene una hermana mayor con la que todo lector la va a comparar. Y como se suele decir, las comparaciones son odiosas. Eso es lo que ha pasado. Eso es lo que me ha pasado. Pero en el fondo si “La Catedral del Mar” está siempre en la mente del lector de la última novela de Falcones es porque así se ha vendido. Y eso ha sido un error monumental. Nada tiene que ver una novela con la otra, sobre todo en calidad literaria y argumentativa. Tengo la sensación que esta novela se ha escrito simplemente porque se cumplían 10 años de la publicación de la primera, siendo algo forzado. Pero como todas las cosas forzadas nunca salen bien, esta no iba a ser una excepción. Si la primera novela de Falcones estaba llena de elementos que atraían al lector y le enganchaban constantemente sin excederse nunca con las penurias y los males que le sucedían a su protagonista; en esta última novela Falcones se excede en la utilización de los recursos que ya usó en la primera novela y falla estrepitosamente.

 

Si hay algo que puede salvarse en la novela es la propia Barcelona y algún que otro personaje más o menos secundario. Falcones conoce Barcelona y la ha estudiado para poder plasmar el espíritu de la ciudad durante un periodo de la edad media durante el cual, calles y plazas bullían de actividad y la Historia con mayúsculas se respiraba en el ambiente. Las descripciones de la ciudad y sus alrededores que Falcones da en “Los Herederos de la Tierra” permiten al lector imaginarse perfectamente tanto la geografía física como humana de una ciudad tan importante en aquella época como lo era Barcelona. Pero poco más puedo destacar de la novela, ya que ni siquiera la ambientación histórica resulta bien plasmada: es como si Falcones se fuera olvidando a medida que escribía de que estaba creando una novela histórica y de vez en cuando mete casi con calzador apuntes históricos lo suficientemente dispersos como para que el lector pierda el hilo de un periodo histórico más que interesante.

 

“Los Herederos de la Tierra” peca de ser una novela escrita únicamente para conmemorar un aniversario, para venderla como continuación de un bombazo editorial, para hacer caja y ganar dinero. Y eso se nota. No se ve por ningún lado la frescura temática, la agilidad narrativa ni la profundidad de personajes que todos los que leímos hace diez años “La Catedral del Mar” recordamos con cariño. Quizá quien lea esta novela sin haber leído la anterior, porque se puede hacer perfectamente, sea capaz de encontrar algo interesante y sentir que está leyendo un muy buen libro con una muy buena historia. Yo no lo he sentido así, muy probablemente también porque siempre he tenido en mente aquella primera obra de Falcones que tanto cautivó a todo el mundo. Ha sido una pena de casi un millar de páginas de lectura. Por mucho que lo diga el titulo de esta nueva novela de Falcones, nada se hereda de “La Catedral del Mar”.

 

Caronte.

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El último vuelo de Poxl West

Daniel Torday

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Valoración: ★★★★

Un vuelo de altura

Una de las sensaciones más extrañas ya a la vez reveladoras que un lector, un amante de la lectura y los libros, puede tener es leer por primera vez un libro de un autor novel. Escribir es una actividad muy complicada y compleja, que requiere abstraerse del mundo y de la vida para poder así crear otros mundos y vidas diferentes a las propias. Escribir el primer libro debe ser aún más difícil. Pero intento ponerme en la piel de Daniel Torday, que según explica en los agradecimientos estuvo varios años dedicado en exclusiva a documentarse para poder dar forma a su primera novela, y darme cuenta de lo que debe ser pensar que esa primera obra salida de la imaginación y la voluntad de dar forma a una idea, una historia que contar, sea leída por miles y miles de personas en todo el planeta. Algo parecido he pensado yo al haber acabado de leer esta primera novela de Torday: siento una mezcla de sentimientos al haber tenido el privilegio, porque leer siempre es un privilegio, de leer este libro.

 

Para empezar ya a entrar más en materia he de decir que “El último vuelo de Poxl West”, es una novela histórica con destellos de narrativa clásica. La trama principal se desarrolla y se va dividiendo en dos tiempos diferentes: un presente en el que el narrador es un profesor universitario que recuerda la época en la que tenía por héroe a su tío Poxl West, quien da nombre a la novela; y otro tiempo en el que es Poxl West quien narra sus aventuras como piloto de la RAF durante la IIGM. Pero esto es simplificar mucho. El libro comienza cuando el narrador de la parte presente recuerda a su tío, que en realidad no era familia sanguínea, y un asunto relacionado con la publicación de sus memorias en las que se mezclaban las intrépidas y arriesgadas misiones militares de la IIGM en Europa y el amor. Poxl West es un hombre ya mayor cuando el narrador empieza a situar la historia, que vive un éxito descomunal por su libro Skylock en el que plasma sus experiencias vitales durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Los dos tiempos narrativos en los que se divide “El último vuelo de Poxl West” permiten a Daniel Torday plasmas dos puntos de vista completamente diferentes y dos historias que teniendo puntos en común expresan inquietudes y sentimientos muy diferentes. En la parte de memorias de Poxl West, éste cuenta su pasado; un pasado lleno de huidas, decisiones y arrepentimientos, que le marcan para el resto de sus días y que le terminan por perseguir hasta el presente. Ese presente es el que se plasma en la novela en el tiempo narrativo narrado por su sobrino Eli, quien va contando cómo la grandísima admiración, casi devoción absoluta, por su tío Poxl se termina por tornar primero en decepción tras la salida a la luz de una revelación muy dura sobre el libro de memorias de Poxl West en la que las mentiras serán las protagonistas, para luego pasar a ser desconcierto y amargura por no terminar de entender el por qué de aquellas mentiras.

 

De la trama no puedo contar nada más, porque debe ser el lector que se anime con las páginas de “El último vuelo de Poxl West” quien debe descubrir qué más pasa en el libro. Sí puedo decir que esta novela es mucho más que un libro más ambientado en la Segunda Guerra Mundial, de hecho casi podría decir que en esta ocasión la Guerra no es más que un escenario en algunos momentos secundario, pero que ciertamente lo termina envolviendo todo, más o menos sutilmente, pero de manera irresoluble. Es quizá en los pasajes en los que Daniel Torday describe bombardeos sobre Londres o ciudades alemanas cuando el libro cobra mayor intensidad narrativa, y cuando se consiguen los párrafos más bellos con un estilo muy depurado que permite al lector imaginarse como un personaje más de la historia (con y sin mayúsculas). Pero hay mucho más que guerra, sangre, sudor y lágrimas en esta historia.

 

El último vuelo de Poxl West” es un libro fundamentalmente que trata cómo las decisiones que vamos tomando en nuestra vida terminan por determinar nuestro deambular por este mundo y cómo si esas decisiones no son acertadas, o las juzgamos no acertadas, terminan por perseguirnos constantemente atormentándonos hasta que no conseguimos expiarlas, y eso no siempre es posible, o fácil, conseguir. A lo largo de las páginas de esta novela, Daniel Torday es capaz de elaborar un relato muy intenso y duro sobre la toma de decisiones y cobre cómo estas influyen de manera determinante en la vida. Y además el autor lo hace de una manera poco displicente, sin dejar nada sin tocar y siendo muy duro. En la novela Poxl West toma decisiones llevado por la ira y el miedo, y sus decisiones están encaminadas no a avanzar sino a huir. Esa huida es la que se plasma en esta novela también. Esa huida que en el fondo quien más quien menos hacemos y protagonizamos no sabiendo que a la larga siempre tendrá consecuencias.

 

Las consecuencias de las decisiones vitales también están presentes en “El último vuelo de Poxl West” como he dicho. Esas consecuencias son las que ligan los dos tiempos narrativos y a los dos protagonistas de la novela, al narrador Eli y a Poxl West. Las decisiones del segundo tanto en su vida pasada como en el momento de ponerse a escribir sus novelas y suplantar su propio pasado para huir de él, acarrean también consecuencias no planeadas en el primero en forma de decepción y miedo. Y todo por amor. Porque en definitiva todo lo que he dicho viene motivado por el amor; ese sentimiento más fuerte que el más letal de los venenos y la más adictiva de las drogas. El amor de Poxl West por una prostituta de Rotterdam es el hilo conductor de toda la novela. Françiose es el nombre de la chica en esta historia; y es este nombre el que hace huir constantemente a Poxl West hasta que es un mero fugitivo de su vida y ya no sabe de qué huir.

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Historia de un canalla

Julia Navarro

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Valoración: ★★★★★

Lectura crítica: "Historia de un canalla"

Leer a Julia Navarro es siempre un placer, no ya por las historias que regala en sus libros, sino también por cómo éstos están escritos. Pero claro la formación como periodista se nota en todas y cada una de las frases de cualquiera de sus novelas, con frases que aunque puedan ser largar y estructuralmente muy difíciles de construir dicen lo que tiene que decir sin apuntar nada más, pero tampoco nada menos. Llevaba mucho tiempo sin leer nada de esta grandísima escritora que sintió la llamada de la narración algo más tarde de lo que podría considerarse habitual en la profesión de escritor. A veces es mucho mejor dejar que la vocación de contar y narrar, de ficcionar el mundo, venga cuando tiene que venir, sin forzarla y sin presionar para que salga, porque si no es posible que el resultado resulte artificial.

En Julia Navarro no pasa esto último y todas las novelas suyas que me he leído hasta la fecha me han resultado fantásticas. El único pero que siempre le he puesto a esta escritora ha sido que se ciñera única y exclusivamente al género de la novela histórica. Pero su última novela, “Historia de un canalla” se aleja totalmente de este género tan comercial y tan de moda hoy en día en el mundo editorial y que Julia Navarro había terminado por dominar a la perfección creando novelas que rozan la perfección del género. La nueva criatura de esta escritora madrileña nada tiene que ver con sus anteriores novelas; es un cambio radical de tercio, no ya solo para ella que me imagino que habrá tenido que esforzarse para escribir desde otro punto de vista y no usando los trucos típicos de la novela histórica, sino también para sus lectores, entre los que me incluyo, que probablemente habremos descubierto una nueva Julia Navarro.

He de decir ya desde el principio que “Historia de un canalla” es puramente una novela de Julia Navarro: extensa, con pocos capítulos, con una historia muy bien estructurada, una trama muy bien construida y unos personajes perfectamente definidos hasta en los más profundos detalles, no ya de manera física, sino en lo que a mí me parece más importante a la hora de dar vida a un personaje: en su personalidad. En esto Julia Navarro no ha cambiado mucho con respecto a sus otras novelas: sigue siendo la misma escritora meticulosa que no se deja nada en el tintero. Es en la trama de la novela en la que todo ha cambiado.

“Historia de un canalla” como su propio nombre indica narra la vida, toda la vida, desde la más alocada infancia, hasta la última etapa de la vida de Thomas Spencer, un canalla, un hombre de negocios, dedicado a la publicidad que entre Londres y Nueva York principalmente, ha desarrollado su vida, dejando allá por donde pasara huella de su fuerte y siempre despreciable personalidad. Thomas Spencer es un ser humano totalmente despreciable y desde la primera línea de la novela el lector lo sabe, luego pocas sorpresas puede encontrar a medida que avanza la trama. Pero las hay. Es inimaginable la maldad que un ser humano puede llevar dentro y el daño que puede hacer a las personas que tiene a su alrededor y que le muestran cariño.

La novela está narrada en primera persona, es decir, es el propio Thomas Spencer quien nos va desvelando poco a poco los diferentes aspectos de su vida, desde un presente en el que ve cómo su vida se va apangando poco a poco. Por otro lado “Historia de un canalla” se divide en cuatro partes: infancia, juventud, madurez y declive; y en cada una de ellas Thomas Spencer, o si se quiere ver de otro modo, Julia Navarro, cuenta la vida de este canalla universal que tiene por lema simplemente sobrevivir a cualquier precio sin mirar a quien puede hacer daño o dejar por el camino con tal de salvarse siempre él. No puedo negar que en ocasiones durante la lectura de esta novela he sentido verdadero asco hacia su protagonista. De hecho no creo que nadie pueda sentir algo que no sea dicho sentimiento.

Pero “Historia de un canalla” no se limita simplemente a ser una novela en la que se desentrañan diferentes episodios de la vida de su protagonista, si fuera así poco interés tendría, sino que en este libro Julia Navarro va más allá. La autora utiliza la vida de Thomas Spencer para hacer un retrato, para nada positivo ni optimista, de los diferentes grupos de poder y presión económicos que mueven el mundo única y exclusivamente movidos por el afán de lucro y de enriquecimiento a título individual, dejando a un lado el bien social y común de la humanidad. Ya se ha dicho que Thomas Spencer es publicista, pero aunque pueda parecer algo menor, gracias a ese papel que escogió nuestro protagonista en la vida y a sus pocos escrúpulos, en la novela se va viendo cómo se supone que funciona el mundo.

Julia Navarro plasma en “Historia de un canalla” un mundo igual de canalla, o quizá más que Thomas Spencer. Un mundo habitado y, lo que es peor, dominado por personas sin ética, moral o sentido del bien. Personas que lo único que quieren es poder y dinero, y que no sienten absolutamente nada bueno: ni piedad, ni amor, ni conmiseración, ni pena, nada. Thomas Spencer no es el único ser despreciable que aparece en la novela, es el más canalla, pero no es el único. A lo largo de la novela irán apareciendo una ristra de personajes que harán a veces que Thomas parezca hasta una persona con conciencia, cuando no sabe qué es eso. Abogados, políticos, publicistas, informáticos, periodistas cobijados bajo el paraguas común de la ausencia de conciencia. Es cierto que el nivel de canallería de Thomas es superior al del resto, pero algunas de las personas que va conociendo en su vida no se le quedan a la zaga.

Sin embargo también hay hueco para la esperanza en “Historia de un canalla”. Si la historia solo tratara de Thomas Spencer sería angustiosa para el lector que en varias ocasiones tendría que dejar de leer para respirar y para darse cuenta de que su personaje no es más que un ser de ficción, por muchas personas parecidas a él que se puedan conocer en la vida real. No hay solo maldad a su alrededor. Hay gente buena que intenta reconducir a Thomas hacia un mundo en el que la empatía y la generosidad reinan en las conciencias y corazones de la gente. Su familia es un ejemplo de ello, sus padres, su hermano, Esther, una chica de la que se enamora, si es que en el corazón de Thomas hay cabida para tal sentimiento, y varios más. Pero esto a él le da igual. No importa cuánta gente buena haya a su alrededor, Thomas siempre les intentará hacer el mal, no porque quiera voluntariamente sino porque no sabe hacer otra cosa. No puedo negar que hay ocasiones durante la lectura de la novela en las que he sentido pena por Thomas, aunque se me pasaba pronto.

La novela se estructura como ya he dicho en varias partes en las que se van narrando las etapas vitales de Thomas Spencer. Pero además hay un elemento peculiar en “Historia de un canalla” y es que Julia Navarro para intentar realzar ese contraste entre lo que hubiera sido un hombre decente y el canalla que es el protagonista haciendo que de vez en cuando Thomas Spencer experimente una especie de sensación de arrepentimiento, que yo juzgo como falsa, cínica e hipócrita, haciéndole imaginar cómo hubiera sido su vida si hubiera sido él diferente. Meras suposiciones. En la novela se deja claro que lo que se hace se hace y no hay vuelta atrás. Este es un elemente que me ha gustado mucho y que quizá debería haber sido un poco más explotado por la autora.

Otro punto fuerte de “Historia de un canalla” es la profundidad con la que los sentimientos están expresados en la novela, los buenos y los malos. Pero por encima de todos ellos hay uno que brilla por aunarlos a todos: la soledad. No se puede obviar que la vida de Thomas Spencer es una vida llena de soledad, de un hombre solitario que se dice a sí mismo que está mejor sólo pero que también reconoce no tener amigos y necesitar a alguien a su lado que le soporte. Al final parece conseguirlo pero sabe que está solo. Que su maldad le ha hecho estar solo siempre y rechazar el afecto de quien en algún momento le podía haber querido. Y esto fastidia y pone de mal humor a uno, cosa que agradezco a Julia Navarro, ya que muchas novelas simplemente se leen, pero esta hace que el lector se sienta incómodo al leer sobre el lado más oscuro del ser humano, ese lado que todos tenemos pero que controlamos para no destruirnos.

Por eso me ha gustado tanto “Historia de un canalla”, porque es una novela que no pretende agradar al lector presentando un personaje sufridor, maltratado por la vida que pretende sobrevivir y luchar y amar. No. En este libro no pasa eso; Thomar Spenser es un ser miserable, despreciable, malo, canalla, cínico, hipócrita, demagogo, egoísta, maltratador, amoral y sin ética alguna. No hay nada en él que se salve, porque ni tan siquiera cuando plantea cómo podría haber sido su vida si él mismo hubiera sido diferente muestra el más mínimo arrepentimiento. Creo que Julia Navarro ha hecho un trabajo soberbio para crear un personaje en el que se reúne todo lo malo que puede reunir la humanidad.

Sin lugar a dudas con “Historia de un canalla” Julia Navarro ha vuelto a conseguir que me enganche a uno de sus libros. Ya lo hizo con “Dime quién soy”, que me pareció una de las mejores novelas que se han escrito en los últimos años en España, y que me generó tal adicción que no podía dejar de leer. Sin embargo con la novela anterior a esta quedé ciertamente decepcionado: el listón estaba muy alto. Ahora, tras haber acabado esta grandísima novela, vuelvo a sentirme como tras haber leído “Dime quién soy”. He de decir que me ha sabido a poco. La forma de escribir de Julia Navarro engancha desde la primera línea y su narración en tan simple en toda la complejidad que implica una trama tan bien urdida como la de esta novela que el lector solo puede quedarse anonadado leyendo. Si tengo que poner alguna pega a la novela sería que a veces los saltos temporales que se dan en la trama no quedan bien especificados y el lector no sabe muy bien cuánto tiempo ha pasado. Pero esto es una nimiedad.

No puedo más que recomendar encarecidamente la lectura de “Historia de un canalla”, advirtiendo al lector que se atreva con ella de que habrá momentos en los que querría matar a Thomas Spencer y otros en los que sólo será capaz de sentir asco por cómo los poderosos mueven el mundo a través de unos hilos invisibles contra los que la gente normal no podemos hacer nada. Que cada cual saque las conclusiones que quiera después de leer el libro, pero seguramente no habrá nadie que se quede indiferente. Bravo Julia Navarro, bravo.

Félix Martín.

 

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El último día de Terranova

Manuel Rivas

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Valoración: ★★★★

Lectura crítica: "El último día de Terranova"

Nunca antes me había leído un libro de Manuel Rivas. Tampoco había oído mucho, o nada para ser sinceros, de este escritor gallego. Pero por casualidades del destino me vi con su último libro en las manos, como caído del cielo, como un regalo de la providencia. Y me lo leí. Ojalá hubiera conocido antes a Rivas y hubiera leído algo más de él porque después de terminar ésta su última novela he de decir que he quedado cautivado con esa manera sutil de narrar, esa manera delicada de contar que lleva al lector a un estado de casi ingravidez mientras lee. Nunca antes había leído a Rivas, pero éste no será el único libro suyo que me lea, eso lo tengo claro.

La última novela de Manuel Rivas es “El último día de Terranova” y en ella a partir del anuncio de cierre inminente de una librería en una ciudad gallega que mira al mar y se abre al horizonte infinito se nos presenta un conjunto de personajes que dejaran mella y huella en el lector y a los que terminará cogiendo tanto cariño que cualquiera de los acontecimientos que viven también le terminarán afectando. El protagonista y narrador de la novela es Vincenzo Fontana, un librero, dueño de la Librería Terranova, que debe desprenderse del proyecto vital de sus padres y su tío por la presión inmobiliaria de unos tiburones insaciables que pretenden hacer negocio con el edificio de la librería. Bien podría decirse que esta novela es un canto a la esperanza y en defensa del papel fundamental que juegan en la sociedad esos lugares, templos de las letras y la sabiduría, que son las librerías. Pero es mucho más.

“El último día de Terranova” tiene dos hilos narrativos, que en el fondo conforman uno solo que sería la propia vida de la librería. Estos hilos narrativos se sitúan temporalmente en el presente, el año 2014 en el que la librería debe cerrar si nada lo impide, y el pasado. Un pasado que fundamentalmente se centra en los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco. Unos años todavía duros, de dictadura blanda, en los que a pesar de que el tirano jefe ya estaba muerto y enterrado todavía quedaba toda la estructura de poder y miedo que había sustentando a Franco y a los suyos, y que estos últimos debido a muchas cosas, todas ella oscuras y sucias, imposibles de limpiar, querían mantener intactas para seguir con sus privilegios y mandando en la sombra aunque el jefe ya no estuviera para respaldarlos.

Pero la última novela de Rivas no es un libro sobre la dictadura franquista, ni sobre la represión, ni los años del plomo posteriores a la muerte del dictador durante los que España empezaba a despertar de un larguísimo letargo. “El último día de Terranova” es un libro sobre la resistencia a todo eso, es una novela que narra la historia de aquellas personas que con su actitud se revelaban contra la dictadura e intentaban preservar la cultura a través de los libros. Eso es en el fondo la librería Terranova. Podríamos olvidarnos de todos los personajes que va introduciendo Rivas de manera magistral, dando sus pseudónimos, sus nombres clandestinos, casi en clave, para luego revelarnos sus verdaderas personalidades y sus enlaces con Vincenzo Fontana, el narrador; podrías dejan a un lado los nombres de las personas y centrarnos únicamente en la librería ya que es la verdadera protagonista de la historia y del libro.

Como ya he comentado “El último día de Terranova” tiene dos hilos narrativos temporales, que al final se unifican, pero que durante toda la novela están ahí. A pesar de que Vincenzo Fontana narra desde el presente, la novela se centra principalmente en la segunda mitad de los años 70, y en la actividad anterior de la librería, cuando sus fundadores, los padres de Vincenzo, Amaro y Comba, y su tío, Eliseo introducías libros prohibidos en España para que la cultura siguiera viva, aunque de manera latente. Es esta parte de la novela, la que se centra en la historia de persecuciones y lucha contra la dictadura y sus rescoldos tras la muerte del dictador la que a mí me ha parecido más interesante, la que de verdad me ha enganchado hasta tal punto que no quería dejar de leer para saber más. Con esto no digo que el presente de la historia no se igualmente interesante, pero me resulta un poco más impostado, más artificial y quizá algo más inverosímil.

Es cierto que la librería conforma el pilar maestro de “El último día de Terranova”, pero no es menos cierto que sus personajes, todos, también lo son, aunque siempre bajo el amparo y el embrujo de las paredes y estancias de la librería. Vincenzo, el narrador, es una persona melancólica, que tiene el pasado muy presente ya sea por la relación con su padre Amaro con quien tiene una serie de tensiones que le hicieron despotricar primero de los libros e ignorar la librería, para luego echarle de menos cuando ya no está; Amaro y Comba, lo fundadores de la librería, junto con Eliseo forman una triada fundamental en la historia, sobre todo en el hilo argumental del pasado. Son estos tres personajes la verdadera alma de la librería, a la que cuidan y aman por encima de todo. Son estos tres personajes la chispa indiscutible de esta novela, la seriedad, la ironía, la sabiduría. Pero me falta otro personaje importante como es Garúa, una chica argentina que Vincenzo conoce en Madrid en 1975 y de la que en cierto sentido se enamora, y que es una luchadora nata contra la dictadura que se está fraguando en Argentina y que sumirá a aquel país tan parecido a España en un pozo de ignorancia, intolerancia y miedo.

Ya he dicho que “El último día de Terranova” no es un libro sobre la dictadura española y sus coletazos posteriores. Tampoco lo es sobre la dictadura argentina aunque pueda parecerlo y aparezcan relatados las barbaridades que se cometieron por unos ideales. Esta novela es un canto a la vida y a la cultura, a la defensa de un mundo mejor en el que la cultura tenga un protagonismo importante, ya que sin cultura no hay historia, y sin historia no existiríamos. Esta novela trata sobre la lucha por hacer de la sociedad un lugar donde la sabiduría ocupe un lugar importante, donde la belleza no sea solo un estereotipo y se vea únicamente por fuera, donde el bien prevalezca sobre el mal. En cierto modo creo que esta novela es una especie de manifiesto en el que se refleja la incultura de una parte de la sociedad que en su día quería seguir siendo la predominante; una parte de la sociedad que enterró la cultura por pensar que era mala y dañina para la “causa”.

Manuel Rivas ha conseguido con esta novela trazar un homenaje tan sutil, delicado, directo y hermoso a todas aquellas personas que aman la cultura y que consideran que la cultura y uno de sus vehículos más antiguos como son los libros, son fundamentales para la sociedad para que ésta sepa, lea, comprenda y recuerde siempre lo que fue y por tanto lo que puede volver a ser, tanto para bien como para mal. “El último día de Terranova” es un libro increíblemente escrito, con frases de una belleza difícilmente alcanzable. De hecho, yo como lector apasionado, no recuerdo ningún libro en el que una simple frase aparentemente inocua, transmita tanta belleza y tanto significado. El principio y el final de esta novela son magistrales, de un lirismo mágico, únicos. De hecho toda la novela es una delicia, una belleza de otro tiempo.

No puedo no recomendar “El último día de Terranova” a quien disfrute leyendo y quiera leer algo bello y hermoso; a quien le guste la cultura, los libros y pasar horas y horas en una librería simplemente mirando libros, simplemente impregnándose de la sabiduría que éstos rezuma aunque no se abran ni se lean. Manuel Rivas me ha demostrado que la belleza no solo está en un cuadro bonito o en una escultura soberbia, sino que también está en las palabras. Unas palabras las suyas que me han regalado momentos muy bonitos, de pura música narrativa, de delicadeza y contundencia, con esta historia sorprendente que va dejando poco a poco al lector sin hablar porque queda invadido por las palabras. No creo que esta novela pueda defraudar a nadie: ni por la historia, que está muy bien hilada y estructurada, ni por la manera en que está escrito el libro, que no creo que se pueda superar.

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