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Ink Ties

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Libros y reseñas

El expediente McCarthy

Carlos N. López y Ramón y Cajal

ver libro en megustaleer

Valoración: ★★

Cómo no escribir una novela

El expediente McCarthy es una novela complicada de leer. Tiene algunos puntos positivos, pero creo que, en esta ocasión, los negativos tienen mucha más fuerza y no se contrarrestan.

En primer lugar, creo que esta novela es un claro ejemplo de una idea brillante y prometedora pero mal desarrollada y desaprovechada. Creo que podía haber descrito mucho mejor todo el proceso y todo el desarrollo de la novela, porque a pesar de tener una extensión adecuada, todo pasa muy rápido y apenas da tiempo a asimilar toda la información. En cuanto a este tema yo vería esto como un primer borrador, en el que perfilas la idea y sobre la que trabajas, añadiendo y quitando, porque igual que creo que nos faltan datos, me parece que da otros que son totalmente irrelevantes o que sobran, sencillamente.

En cuanto a los datos que creo que sobran, son las continuas descripciones. Te encuentras capítulos en los que describe hasta dos veces el mismo espacio, sin añadir nueva información. Entiendo que quieras que tus lectores sepan cómo es el lugar en el que se sitúa la acción, pero ya nos has dicho que es un hospital, todos tenemos claro cómo son los pasillos de un hospital, las salas de consulta, los despachos, etc., lo único que hace es entorpecer la descripción, porque en verdad son descripciones que no aportan nada.

Yo soy muy fan de las descripciones, me encantan, pero siempre y cuando tengan utilidad, me sirvan para algo, me ayuden a imaginar el ambiente o a una persona o a un objeto de relevancia.

Siguiendo con la narración, los primeros capítulos son realmente demoledores. Lentos y pesados, todo por culpa de los diálogos, que suenan extremadamente forzados. Intenta reproducir el habla normal en el diálogo, y no funciona. No funciona. Desentona con el tono de la novela y con todo, en general. A veces, en medio de una conversación importante y relevante a la trama, se ponen a hablar de un partido de baloncesto, distrayendo al lector.

Después del capítulo tres, la cosa parece mejorar. La narración, sin ser una gran maravilla, la domina. Sabe explicar cómo se mueven los personajes, cómo se desenvuelven en su entorno, lo que hay que elogiar al autor.

En cuanto a los personajes, es un tema del que me gusta mucho hablar, porque creo que un personaje mal construido rompe cualquier novela. Y en este caso creo que pasa eso mismo. Se nos presentan de buenas a primeras dos amigos, ambos médicos, discutiendo sobre un tema controvertido (la fecundación asistida), Johnathan y Jim. ¿Habéis oído alguna vez eso de que no hay que poner nombres similares a tus protagonistas porque se pueden confundir? Pues eso. Encima los dos son médicos, uno se dedica a la reproducción asistida, Jim, y el otro, Jonathan, es el especialista en medicina materno fetal. Encima sus trabajos, para alguien ignorante en la materia, como yo, pueden parecer similares. Os juró que me pasé el principio de la  novela, cuando se empiezan a descubrir ciertos elementos, pensando que estaba confundiendo a los personajes, pero no, simplemente es que se llaman de forma parecida.

Jim y Jonathan son dos antagonistas, Jim es el malo más malo, la persona sin ética ni escrúpulos que aun sabiendo que estaba haciendo algo que podía perjudicar a un gran número de personas, continuó con su trabajo y con su investigación; Jonathan es el amigo paciente que le dice que está equivocado y quien decide, a pesar de todo, investigar unos extraños casos de muertes prematuras.

Y claro, en este mundo de hombres no podía faltar la mujer, Amanda. Se nos presenta al principio como una joven y fiel seguidora del trabajo de Jonathan, muy disciplinada, hermosa – cómo no – pero a quien su aspecto físico no parece importarle. Y así es hasta que Jonathan decide que ella le ayudará a desenmarañar la madeja de irregularidades que se han cometido y que han llevado a la sociedad a un caso extremo. En ese momento ella, que parece que solo quiere conocer los secretos de Jonathan y poder acceder a sus investigaciones, se vuelve una completa femme fatale, que cuida hasta el esmalte de uñas que se pone en los pies y que provoca situaciones incómodas.

La verdad es que este personaje es, en realidad, el único que me ha provocado algún sentimiento, aunque haya sido negativo. Los demás me parecen mucho más insulsos y poco expresivos.

Otro hecho que me ha llamado la atención es lo idiotas, con perdón, que pueden llegar a ser los personajes. En serio. Se supone que son grandes mentes, que trabajan en un gran hospital y que todos tienen un prestigio mundialmente reconocido y, sin embargo, su forma de actuar es la de unos adolescentes descerebrados.

Jonathan y Amanda tienen que tramar varios planes para poder conseguir toda la información – confidencialisima y a la que nadie tiene acceso salvo, ¡oh, milagro!, Jim – y todos pasan por conseguir acercarse a Jim. Para ello contactan con Kevin, el hermano de Amanda y que – una nueva sorpresa – es uno de los tres mejores hackers de Estados Unidos (los otros dos son su primo y su mejor amigo, para que nadie pueda ponerles trabas).

Pero todos y cada uno de los planes son realmente ridículos. En serio, absurdos. Y salvo un par de accidentes, siempre salen airosos. En serio, no es creíble.

Por otro lado, hay ilegalidades a tutiplén, ilegalidades en las que nadie parece caer. Pero vamos a ver, que Amanda suplanta identidades y se cuela en páginas secretas. Pero todo da igual, porque la trama tiene que avanzar.

En serio, yo quería buscarle las cosas buenas a esta novela que empezó decentemente, pero es que según avanzaba iba a peor. Al principio solo me chirriaban los diálogos, pero cuando la historia iba avanzando y solo empeoraba…

No me gusta hacer este tipo de reseñas, ojalá pudiera decir que es una novela genial, pero os engañaría, y ya sabéis que yo quiero ser honesta con vosotros al 100%.

 

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