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Ink Ties

España

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Libros y reseñas

El vuelo de Lena

Sara Ballarín

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Valoración: ★★★★

Algo más que amor

“Además, sé que ella se siente más tranquila pensando que tengo a alguien importante en mi vida y que así los fantasmas duelen menos. Que soy más feliz”

La sinopsis oficial del libro, a la que poco tengo que añadir, dice lo siguiente:

Lena tiene veintiséis años y vive junto a su padre, un afamado novelista que pasa la mayor parte del tiempo fuera, y su abuela en una lujosa casa de Madrid. Su vida vacía y gris se divide entre el trabajo en una tienda de discos, salir con sus amigos y acostarse de manera intermitente con Daniel. Pero todo cambia el día en el que su padre le hace un regalo que pondrá del revés todo su mundo, un libro con las memorias de su abuela.

“Quiero ilusionarme y disfrutar de las cosas”

Últimamente me estoy aficionando a las novelas de romance y, aunque por lo general, no terminan de convencerme o no me llegan a transmitir demasiado, esta novela ha sido diferente. Me he sentido muy identificada con Lena, quien nos cuenta su historia en primera persona. Lena está rota, muchos acontecimientos le han llevado a cerrarse, a aislarse y a crear su propia burbuja en la que apenas deja entrar a nadie. Lena tiene miedo de vivir, de amar, de sentir algo; porque sentir es sinónimo de sufrir y ya ha sufrido demasiado.

Su vida es monótona y carente de emoción. Se atreve a negar lo evidente (su amor por Daniel) por miedo a que todo salga, una vez más, mal. Es muy curioso, porque Lena es, en palabras de su amiga Lidia, una chica llena de colores pero, sin embargo, el que más le representa, es el gris. O al menos eso cree ella. Lena no es capaz de verse tal y como es, el reflejo del espejo le devuelve una imagen distorsionada por todos sus fantasmas, pero hay dos que son especiales: Mara y su padre.

Mara era su otra mitad y perderla fue un duro golpe para ella, pero también para su padre, quien se cerró más, se refugió en su trabajo y se olvidó de que tenía otra hija a la que querer, se olvidó de que había otro ser humano que lo necesitaba cerca. Pero, por suerte, Lena no estaba sola, tenía a su abuela, quien fue a la vez madre y confidente y quien le hizo un regalo que cambiaría su vida: sus memorias.

Así que El vuelo de Lena son dos novelas en una. Por un lado, Lena nos cuenta su vida y, por otro, Yayi – como llamaba a su abuela – nos cuenta la suya o, mejor dicho, se la cuenta a Lena, para ayudarla a descubrir los colores que la envuelven.

En la ficha he dicho que la novela es de romance pero, quizá, me haya equivocado y sea una novela de crecimiento, porque aunque el romance es uno de los motores de la novela (por un lado está la historia de Lena y Daniel y, por otro, el de la abuela de Lena y su abuelo), en verdad este romance sirve para que Lena aprenda que tiene que desprenderse de los lastres de su vida, de todo aquello que le impide avanzar y que no le dejan vivir como debería.

“—Odio ser como soy —digo en plan destroyer—. No sé cómo puedes quererme.”

En cuanto a los personajes, tenemos a Lena, de la que ya hemos hablado. Pero junto a Lena, y para ayudarla a alzar el vuelo, encontramos a Daniel.

Daniel es el chico del sombrero. Su compañero de trabajo y el chico con el que mantiene una relación intermitente. De manera natural, Daniel se integra en la vida de Lena y, aunque la quiere con locura, sabe que ella tiene que solucionar algunos problemas, que tiene que reconciliarse con su pasado para poder mirar al futuro con orgullo y, aunque le duele, hace todo lo posible por ayudarla.

Hay momentos en los que Daniel puede parecernos un gilipollas, que lo único que hace es poner más piedras a la mochila de Lena pero, en verdad, lo que está haciendo es ayudarla, es dejar que ella sola busque su camino, pero sin soltar su mano. Daniel es como un faro en medio del mar, ese punto de luz que parece que nunca vamos a alcanzar, pero que brilla con más fuerza cuanto más lo necesitamos.

También el padre de Lena tiene relevancia, aunque no aparezca demasiado. Es un escritor afamado que perdió muchas cosas en la vida y no supo ver lo que le quedaba. Primero, a su padre. Luego, a su mujer y a su hija. Y a pesar de tener a Lena, ella parecía invisible. Se refugió en su escritura, en girar interminables, en cenas vacías cuando regresaba y, sin embargo, quiere a su hija.

Las memorias de Yayi no son solo para Lena, sino que también son para él. Al igual que hacen que Lena aprenda a volar, a él le abren los ojos y le recuerda que tiene una hija que le necesita.

En la historia también está Yayi, la primera Elena. En sus memorias vemos que era una joven criada en un pueblo que se enamora de Andrés, un joven que decide regresar a su pueblo después de una prolongada ausencia. Andrés le enseña a Elena que la vida es mucho más que estar en casa y cuidar a la familia.

Las memorias de Yayi nos muestra la historia de muchas mujeres hace no tantos años. Nos muestra otra forma de entender el amor y la vida.

“Mi abuela, la pobre, piensa que Daniel y yo somos novios porque en su cabeza, por muy moderna que sea, no cabe la palabra “follaamigo”, por eso nunca he intentado explicarle la realidad que hay”

En definitiva, esta es una novela llena de enseñanzas y muy emotiva. No he podido dejar de llorar mientras la leía y vale, puede que yo sea de lágrima fácil, pero seguro que si la leéis no os va a dejar indiferente.

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Tocar las estrellas, de Katie Khan

Katie Khan

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Valoración: ★★★

Decepción para todos los que esperaban una novela de ciencia ficción

Continúan cayendo, en perpetuo movimiento, hacia una oscuridad que perciben como algo hostil y lejano”

Carys y Max flotan en medio del espacio tratando de esquivar un cinturón de asteroides que, como en Saturno, rodea la Tierra. Los dos tienen un tiempo muy limitado para tratar de salvarse, para tratar de llegar al Laertes, la nave de la que salieron atropelladamente  y en donde pueden encontrar la salvación. Durante el tiempo que están fuera de la nave, flotando como dos motas de polvo, hablarán de su vida, de lo que hicieron y de lo que no, y nos presentaran una Tierra distinta a la que nosotros conocemos.

Ambientada en un futuro catastrófico, Europa se ha convertido en Europia, un lugar utópico con unas duras leyes que, sin embargo, nadie parece cuestionar. Las zonas que no pertenecen a este macro continente están devastadas por las guerras y el hambre y tienen que ser rescatadas por la grandeza europea.

Suena interesante, ¿no? Pues la verdad es que no lo es. Cuando me ofrecieron este libro la verdad es que lo acepté sin dudarlo, ya que tenía una pinta estupenda, además, pertenecía a Fantascy, el sello de Penguin Random House de fantasía y ciencia ficción, lo que reforzó mis ganas de leerlo. Amor en el espacio, curioso. Bueno, pues la novela no ha sido para nada lo que me esperaba.

Empezaré hablándoos de la estructura de la novela en sí. Está dividida en tres partes en función del oxígeno que les queda a Carys y a Max en sus trajes, y dentro de cada parte la historia se divide en dos: el momento presente y recuerdos del pasado. Los momentos del presente, que son los que nos cuentan cómo tratan de sobrevivir me parecen horribles. Así de claro. Todo diálogo, escrito en presente y de una manera muy forzada no hacía que empatizase con los personajes, si bien es cierto que a medida que avanzaba el libro me iba costando menos, supongo que porque tenía otras formas de conocer a Carys y Max y porque iba descubriendo por qué estaban allí, en medio de la nada.

La verdad es que las partes en las que hablan mientras flotan en el espacio me parecen bastante insulsas, es cierto que se dicen muchas cosas, porque saben que hay una posibilidad de que no vuelvan a la Tierra, pero de cada cinco palabras que se dicen, tres son reproches, lo que no me parece acertado, ya que se supone que están allí arriba para demostrar a la gente de Europia que el amor lo puede todo.

Luego están los flashback, esos momentos en los que volvemos al pasado y en los que de verdad conocemos a Carys y Max, y bueno, esos momentos son pasables, son como un descanso en medio de la vorágine de pesadez que son los momentos presentes. En esta ocasión la autora decide utilizar el pasado (¡aleluya!) y nos muestra las vidas de nuestros dos protagonistas: Carys es una joven piloto de la EVSA a quien en un tiempo en el que nadie cocina a ella le encanta, y por eso, cuando es trasladada a una nueva zona (de los traslados  hablaremos después) empieza a hacer preguntas acerca de dónde encontrar un buen supermercado en donde comprar grasa de oca, y claro, allí es donde conoce a Max.

Max trabaja en el supermercado, que pertenece a su familia, una familia realmente importante, ya que pertenece a la tercera generación de creadores de la Utopía, por lo que las normas que le han inculcado desde pequeño están muy presentes en él, pero de una manera muy interesada. Cuando le apetece, lo hace todo en su nombre, cuando no, incluye a Carys. Esto lo digo porque en Europia antes de comenzar cualquier reunión, antes de empezar a cenar o cuando realmente les apetece, repiten las siguientes palabras, como si de un mantra se tratase:

“—¿En nombre de quién actúas?

—De ningún dios, de ningún rey, de ningún país – entonó el grupo.

—¿En nombre de quién?

—En mi propio nombre”

Para que os hagáis una idea de por dónde van los tiros.

La verdad es que se pasan toda la conversación diciendo que su amor está prohibido, que están allí, flotando, porque les han prohibido enamorarse, y dicho así suena muy duro y cruel, aunque no muy sorprendente, teniendo en cuenta la ambientación dictatorial de la obra, pero la verdad es muy distinta: nadie les ha prohibido enamorarse, nadie les ha dicho “vosotros dos, condenados al espacio por el delito de amaros”, simplemente forman parte de una especie de experimento. Que lo que les pasa es cruel, eso no lo niego, pero que es la historia de un amor prohibido…No nos imaginemos un Romeo y Julieta, la verdad.

En cuanto a los personajes…Bueno, podemos decir que solo aparecen dos, Carys y Max, y que son lo más tóxico que nos podemos echar a la cara. Bueno, no sé si la palabra es tóxico, porque es un ni contigo ni sin ti constante. Es amor a primera vista (cómo no, para qué elaborar una historia de amor, si luego los vas a tener flotando en el espacio), pero es un amor confuso. Max está “atado” por la tradición, se niega a ver a Carys y apenas le dirige la palabra, porque claro, enamorarse tan joven va en contra de las normas. Y cuanto más difícil se lo pone, más quiere Carys que esté con ella. Entonces, aunque hacia el final sí que se digan bastantes veces que se quieren y lo mucho que se quieren y lo perdidos que están el uno sin el otro, en una sarta de cursilerías que no les pega para nada.

En cuanto al final…Es un poco confuso, porque al principio parece que va a haber varios finales alternativos, que vas a poder elegir con cuál quedarte (yo creo que escribiría mi propio final), pero cuando llegas al que parece el último final descubres que no, que no son finales alternativos, ahora, ¿qué es lo que hemos leído hasta ahora? Ni idea, porque se explica, ¿es la falta de oxígeno que les hace ver cosas? ¿Es que en verdad son robots programados para verlo todo? ¿Pueden ver el futuro? No tengo ni idea, pero vamos, que no me ha gustado mucho.

La verdad es que esta novela no os la puedo recomendar demasiado, si lo que queréis es una historia de “amor” con toques de ciencia ficción, pues adelante, pero yo no me hago responsable de ello.

Puntuación: 3/5

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Volverás a Alaska

Kristin Hannah

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Valoración: ★★★★

A veces da miedo descubrir que los monstruos son reales

“Amor y miedo” sería un buen resumen de este libro. Cuando lo vi, decidí probar a leerlo. La autora me sonaba, aunque no he leído nada más, gracias a Sara, que me ha recomendado su libro El ruiseñor, hasta la saciedad, y el cual espero poder leer pronto. La verdad es que la sinopsis tenía algo que me llamó la atención – Alaska – aunque había cosas que me chirriaron un poco, como la parte de: una épica historia de amor, pérdida y supervivencia que celebra la resistencia del espíritu humano y la inquebrantable fuerza de las mujeres. La verdad es que me esperaba una oda a la feminidad en un lugar inhóspito como es Alaska en una época más inhóspita aún, y nada más lejos de la realidad.

Leni es una joven de trece años cuando empieza la historia, una joven que vive con Cora, su madre, y su padre, Ernt, un veterano de Vietnam, un prisionero de guerra que vuelve roto. La vida de Leni no es fácil y es sobrecogedor ver como a pesar de la corta edad de la niña se da cuenta de todo lo que pasa a su alrededor y de la fortaleza que tiene, pero como todavía es capaz de conservar la inocencia. Es lo que más me gusta de ella, los contrastes de su interior.

A ver, seamos sinceros, lo primero por lo que me gustó Leni es porque su lectura favorita era El señor de los anillos, aunque en cierto punto la historia le lleva a dejar de creer en cuentos de hadas y se pasa al bando del terror, devorando las novelas de Stephen King, autor por el que también siento cierta devoción. Quiero decir, por lo general las protagonistas de este tipo de novelas son adictas a las historias de amor – y a pesar de que Leni también lee estas novelas – y sueñan con la suya propia, pero Leni, a pesar de enamorarse y de luchar por ese amor, antepone la seguridad de su familia a todo, haciéndola tomar decisiones realmente complicadas.

Leni es fuerte. Leni ha pasado años muy duros en Alaska y su carácter se ha forjado entre noches eternas e inviernos más eternos aún. Es fría, pero tiene un corazón latiente que derrite el hielo y sus sentimientos son puros. Quiere a su padre, pero quiere aún más a su madre, a la que no deja atrás nunca, a pesar de que a veces, el quedarse, es peligroso para ambas. Sin ninguna duda Leni, la protagonista, es el mejor personaje de toda la historia.

He hablado de su madre, Cora Allbright. Cora es una mujer que lo pudo tener todo, pero que eligió el amor, el amor por un hombre bueno que decidió cumplir con su deber y acudir a la guerra de Vietnam. Solo sería un año. Tardó seis en volver. Cora está tan enamorada de su marido que no es capaz de dejarle a pesar de que la oscuridad termina por invadirlo, parece que solo reacciona cuando esa oscuridad parece envolver a Leni.

La verdad es que Cora es un personaje decepcionante. Empieza bien, al principio hasta te crees sus mentiras. Al principio sientes pena por Ernt, su esposo, ya que ella lo ama tanto y le duele tanto la situación que hace que te mimetices con ella. Incluso puedes entender lo que sucede en esa casa: todo es culpa del estrés post traumático, pero poco a poco todo mejorará, Alaska hará que mejore. Pero llegados a cierto punto te frustras. Cora ve la realidad, Cora es consciente de la realidad. Pero no solo Cora, sino Leni y todos los habitantes del pueblo al que se mudan. Cora no está sola, Cora no debe lidiar con su problema en el interior de su mente, tiene muchas manos que quieren ayudarla. Pero ella no quiere ayuda, ella solo quiere a Ernt.

Leer las últimas páginas del libro me provocó una sensación de desasosiego, de ansiedad, de querer hacer algo, porque no soportaba ver a Cora de esa manera, perdonando, siempre perdonando. Y cuando parece que ha dejado de perdonar, vuelve a hacerlo. Hasta que pasa lo que nunca tenía que haber pasado. Cora saca las uñas por su hija, Cora defiende a Leni, porque es su hija. Y entonces recuperas la fe en ella.

Ernt Allbright es, como dice su mujer, un hombre roto. En la guerra vio y sufrió horrores inimaginables – fue prisionero durante seis años – y al principio hasta entiendes lo que está pasando: es un hombre que bebe mucho y que tiene pesadillas que le recuerdan el infierno que vivió. Estrés post traumático, esa enfermedad que antes no se sabía tratar. Quieres creer que poco a poco mejorará, que el amor de su hija y de su mujer terminarán por curarlo. Pero el amor no puede con todo.

Al principio me era un personaje bastante indiferente, pero poco a poco se fue ganando mi antipatía, fue odiándolo cada vez más hasta desear que la realidad le estallase en la cara. Él cree que arrastrar a su familia hasta Alaska será buena idea, pero él no conoce Alaska y no está preparado para vivir allí, por lo que en parte es gratificante ver cómo el entorno lo va rechazando poco a poco, incluso aquellos que le siguen de manera ciega.

Volverás a Alaska ha sido difícil de leer. Es un libro lleno de emoción, de sentimiento, de fuerza, de furia, de amor. El frío se te mete en el cuerpo, pero las palabras de Kristin Hannah hacen que vuelvas a entrar en calor. Yo no suelo llorar con los libros, creo que la última vez que lo hice fue con El señor de las Sombras, de Cassandra Clare, y porque Magnus parecía enfermar, pero la llorera con este libro ha sido muy intensa. Y esto me lleva a tener sentimientos encontrados, porque me ha parecido un libro brillante, pero he sufrido, pero como le decía a una buena amiga cuando le hablaba del libro y de lo mal que lo estaba pasando, cuando leo me gusta evadirme, me gusta creer, aunque solo sea durante unos instantes, que la magia es real, que existen otros mundos llenos de alegría y que si miras debajo de la cama puedes encontrarte con verdaderos monstruos. No me gusta leer y ver que los monstruos son reales.

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Trilogía Las chicas de campo

Edna O'Brien

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Valoración: ★★★★

Una preciosa novela de crecimiento

Edna O´Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) nació en una pequeña localidad rural, en una atmósfera nacionalcatólica. Su entorno estaba marcado por un padre alcohólico y una madre integrista. En 1960 publicó Las chicas de campo, la primera parte de la trilogía que hoy reseñamos. Además de esta trilogía, entre sus obras nos encontramos una obra dramática sobre Virgina Woolf y las biografías de Joyce y Lord Byron.

La obra de la que hoy os hablo es la trilogía Las chicas de campo; en ella nos encontramos con Kate y Baba, dos jovencitas que han crecido en el campo irlandés, en una zona que nos evoca al lugar en donde la propia escritora dio sus propios pasos.

En la primera parte nos encontramos con los primeros pasos de Kate, una jovencita que vive con su madre en una casa pintoresca pero destartalada. La madre de Kate debió de ser hermosa en otro tiempo, pero ahora no es más que una sombra de sí misma, hundida por las preocupaciones. Kate la recuerda llorando continuamente, preocupada por si su marido, un alcohólico que cuando regresa a casa la golpea, regresa para terminar con ella.

Kate vive atemorizada, todo lo contrario que Baba, compañera del colegio con la que mantiene una extraña relación. Baba vive en una de las casas más lujosas del pueblo, tiene una bici nueva y aunque es la peor estudiante de toda la clase, es la preferida de la profesora. Kate, que es quien le hace los deberes, recibe una beca para irse a estudiar a un internado, al que también irá Baba, pero entonces, el mismo día en el que recibe esta buena noticia, su vida cambia para siempre.

Al llegar a casa Kate ve que su madre no está, “sea ido a ver a su hermana” le dicen, “quédate con la familia de Baba”…Pero nunca más volverá a ver a su madre.

Ya en el internado, pasan varios años. Aunque a Kate no le va mal, Baba lo detesta y decide urdir un plan para marcharse de ahí, tras lo cual, con apenas dieciséis años, marchan a Dublín, en donde comenzaran a vivir verdaderamente su vida, una vida marcada por la inconsciencia de la juventud y las malas decisiones.

 

“Lo que Baba no sabes que por fin estoy aprendiendo a ser yo misma”

 

Qué os voy a decir de esta novela que no os haya dicho ya por Instagram o Twitter…Y es que me ha encantado. Es cierto que cuando la empecé me daba un poco de miedo que se me hiciese pesada o que me costase, porque la veía muy intensa, pero al final, una vez que te metes dentro de ella, todo fluye con naturalidad.

La primera parte Las chicas de campo, nos cuenta, más o menos, la adolescencia des estas muchachas, desde que tienen catorce años y viven en la aparente seguridad de su pueblo hasta que se marchan a Dublín, en donde conocerán la libertad y los peligros de la vida.

Al principio esta primera parte se me hizo muy pesada, porque la historia la cuenta Kate, una jovencilla muy inocente y a veces un poco lenta de entenderás a quien le cuesta arrancar. Esta primera Kate es un poco insoportable, no os voy a engañar, a pesar de que la vida que tiene no es ideal, sino todo lo contrario, es bastante ingenua y crédula, además de ser una mosquita muerta, si me permitís ser tal coloquial. Pero supongo que el hastío que me provocaba Kate quedaba eclipsado por el odio que me hizo sentir Baba al principio (y eso que luego me acaba gustando). Baba es una niña malcriada e insoportable que se dedica a hacer la vida imposible a Kate, la trata como si fuera un trapo y se burla de ella constantemente. Las cosas empiezan a cambiar cuando Kate debe pasar el verano con ella y luego cuando van al internado, en donde no habrá nadie más en quien confiar, aunque su relación se afianza de verdad durante su estancia en Dublín.

Aquí vemos a dos jovencitas preocupadas por su aspecto, dos jóvenes que solo quiere ir de fiesta y divertirse, quizá encontrar unos hombres con los que poder casarse. Son despreocupadas y se complementan perfectamente: Baba representa la locura, mientras que Kate es la sensatez.

Aquí vemos que la relación de las dos jóvenes ha ido mejorando, son inseparables, viven juntas y no pueden hacer nada por separado. Reconozco que en ciertos momentos hasta pensé que la novela iba a girar en torno a un romance entre las dos que, sin embargo, solo fueron imaginaciones mías, aunque reconozco que me hubiese resultado muy interesante.

Además de Baba y Kate en esta primera parte tienen cierta importancia otros personajes. El primero es el padre de Kate, un alcohólico que tras quedarse al cuidado de la niña parece recobrar la compostura. Kate apenas se dirige a él y cuando le habla es siempre con desprecio, no tiene ningún gesto amable con él, ya que lo acusa de todos los problemas que ha tenido en la vida (y razón no le falta). Poco a poco parece desintoxicarse, aunque cada vez que se le plantea un problema, regresa a la bebida. A pesar de lo poco que aparece, no es un personaje que nos provoque lástima, sino todo lo contrario. Personalmente me parece un personaje cobarde, mezquino e interesado que rompe todo lo que toca.

También nos encontramos con la familia de Baba, quien cuida de Kate y le da todo lo que su propia familia no puede darle. A pesar de que su relación con Baba es bastante extraña, el padre de la joven trata a Kate con ternura e incluso en cierta ocasión insinúa que le hubiese gustado que Kate fuera su hija; Martha es una mujer frívola, con cierta tendencia al alcoholismo que no se involucra nada en la educación de su hija y, por último, aparece el hermano de Baba, un chiquillo sin mucha importancia en la historia.

En esta primera parte aparece también el señor Gentleman, un hombre ya entrado en años que parece mantener un idilio con Kate. La relación de estos dos personajes es bastante extraña y perturbadora, es más, no suelo escandalizarme con lo que narran las novelas, pero en esta ocasión sí que me pasó, incluso sentí cierta repulsa.

En la segunda parte, La chica de ojos verdes, nos encontramos a Baba un poco fuera de escena. En esta parte se narra la tormentosa relación de Kate con Eugene, un director de documentales de vida frívola que no le dará más que dolores de cabeza. Baba trata de hacer que se olvide de él, porque es una relación condenada al fracaso desde el principio.

Aquí nos encontramos con que Baba ha madurado en cierto aspecto, tampoco mucho, no nos engañemos, pero sí lo suficiente como para ser que la ingenua Kate está siendo, una vez más, engañada.

En esta segunda parte poco más hay que añadir, vemos a Kate totalmente enamorada de Eugene, soportando cosas que ninguna mujer debería soportar, con el cerebro completamente lavado por un hombre que usa a las mujeres en su propio beneficio.

En la terceras parte, Chicas felizmente casadas, se produce un cambio que no sé deciros si me gustó o no, creo que entorpeció un poco la lectura, aunque le dio también un aire  nuevo, y es que Kate deja de ser la narradora para pasar a Baba. Está interesante que, por una vez, la joven Baba, que ya no es tan joven, nos dé su punto de vista y la podamos conocer, porque hasta el momento solo la habíamos visto a través de los ojos de Kate, que la tenía entre idealizada y estigmatizada.

A través de las palabras de Baba nos enteramos que, tras muchas idas y venidas Eugene y Kate por fin se casaron y tuvieron un precioso retoño. Los primeros años de matrimonio fueron preciosos pero, poco a poco, la relación se estropeó hasta tal punto que Eugene le quitó a Cash, su hijo, haciendo creer a todos que Kate estaba loca (y razón no le falta). Baba apenas tiene tiempo para estos problemas, pues ella ha decidido casarse con un hombre rico que, sin embargo, no la satisface, por lo que debe buscar fuera de casa lo que este no le da.

 

Baba ahora nos recuerda en cierta manera a su madre, pero Kate también nos recuerda a la suya. Es cierto que ya no están en la campiña irlandesa, sino en una ciudad que, poco a poco, está creciendo, pero sus vidas se están repitiendo en cierta medida.

En esta ocasión nos encontramos con Frank, el marido de Baba, un hombre corto de miras y duro de mollera a quien solo le interesa el dinero y agradar a los demás, que exhibe a su mujer como si fuera un trofeo, pero a Baba esto no parece importarle, porque por fin puede llevar la vida de lujos que siempre ha deseado.

En fin, el libro me ha gustado mucho más de lo que esperaba, como ya os he dicho, y aunque al principio me ha costado mucho entrar en la historia, al final he terminado por devorarlo. Debido a que Kate es bastante simple, la historia también lo es. El lenguaje es bastante ágil y nada afectado, prescinde de toda las florituras y minuciosidad que suelen ser características de las novelas de este tipo y me parece que es un soplo de aire fresco al género. Es cierto que los personajes pueden estar un poco tipificados y que la historia es, en ciertos aspectos, muy predecible (por eso una relación entre Kate y Baba me hubiese parecido novedosa), pero, sin ninguna duda, es una novela que se puede disfrutar.

4/5

 

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El expediente McCarthy

Carlos N. López y Ramón y Cajal

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Valoración: ★★

Cómo no escribir una novela

El expediente McCarthy es una novela complicada de leer. Tiene algunos puntos positivos, pero creo que, en esta ocasión, los negativos tienen mucha más fuerza y no se contrarrestan.

En primer lugar, creo que esta novela es un claro ejemplo de una idea brillante y prometedora pero mal desarrollada y desaprovechada. Creo que podía haber descrito mucho mejor todo el proceso y todo el desarrollo de la novela, porque a pesar de tener una extensión adecuada, todo pasa muy rápido y apenas da tiempo a asimilar toda la información. En cuanto a este tema yo vería esto como un primer borrador, en el que perfilas la idea y sobre la que trabajas, añadiendo y quitando, porque igual que creo que nos faltan datos, me parece que da otros que son totalmente irrelevantes o que sobran, sencillamente.

En cuanto a los datos que creo que sobran, son las continuas descripciones. Te encuentras capítulos en los que describe hasta dos veces el mismo espacio, sin añadir nueva información. Entiendo que quieras que tus lectores sepan cómo es el lugar en el que se sitúa la acción, pero ya nos has dicho que es un hospital, todos tenemos claro cómo son los pasillos de un hospital, las salas de consulta, los despachos, etc., lo único que hace es entorpecer la descripción, porque en verdad son descripciones que no aportan nada.

Yo soy muy fan de las descripciones, me encantan, pero siempre y cuando tengan utilidad, me sirvan para algo, me ayuden a imaginar el ambiente o a una persona o a un objeto de relevancia.

Siguiendo con la narración, los primeros capítulos son realmente demoledores. Lentos y pesados, todo por culpa de los diálogos, que suenan extremadamente forzados. Intenta reproducir el habla normal en el diálogo, y no funciona. No funciona. Desentona con el tono de la novela y con todo, en general. A veces, en medio de una conversación importante y relevante a la trama, se ponen a hablar de un partido de baloncesto, distrayendo al lector.

Después del capítulo tres, la cosa parece mejorar. La narración, sin ser una gran maravilla, la domina. Sabe explicar cómo se mueven los personajes, cómo se desenvuelven en su entorno, lo que hay que elogiar al autor.

En cuanto a los personajes, es un tema del que me gusta mucho hablar, porque creo que un personaje mal construido rompe cualquier novela. Y en este caso creo que pasa eso mismo. Se nos presentan de buenas a primeras dos amigos, ambos médicos, discutiendo sobre un tema controvertido (la fecundación asistida), Johnathan y Jim. ¿Habéis oído alguna vez eso de que no hay que poner nombres similares a tus protagonistas porque se pueden confundir? Pues eso. Encima los dos son médicos, uno se dedica a la reproducción asistida, Jim, y el otro, Jonathan, es el especialista en medicina materno fetal. Encima sus trabajos, para alguien ignorante en la materia, como yo, pueden parecer similares. Os juró que me pasé el principio de la  novela, cuando se empiezan a descubrir ciertos elementos, pensando que estaba confundiendo a los personajes, pero no, simplemente es que se llaman de forma parecida.

Jim y Jonathan son dos antagonistas, Jim es el malo más malo, la persona sin ética ni escrúpulos que aun sabiendo que estaba haciendo algo que podía perjudicar a un gran número de personas, continuó con su trabajo y con su investigación; Jonathan es el amigo paciente que le dice que está equivocado y quien decide, a pesar de todo, investigar unos extraños casos de muertes prematuras.

Y claro, en este mundo de hombres no podía faltar la mujer, Amanda. Se nos presenta al principio como una joven y fiel seguidora del trabajo de Jonathan, muy disciplinada, hermosa – cómo no – pero a quien su aspecto físico no parece importarle. Y así es hasta que Jonathan decide que ella le ayudará a desenmarañar la madeja de irregularidades que se han cometido y que han llevado a la sociedad a un caso extremo. En ese momento ella, que parece que solo quiere conocer los secretos de Jonathan y poder acceder a sus investigaciones, se vuelve una completa femme fatale, que cuida hasta el esmalte de uñas que se pone en los pies y que provoca situaciones incómodas.

La verdad es que este personaje es, en realidad, el único que me ha provocado algún sentimiento, aunque haya sido negativo. Los demás me parecen mucho más insulsos y poco expresivos.

Otro hecho que me ha llamado la atención es lo idiotas, con perdón, que pueden llegar a ser los personajes. En serio. Se supone que son grandes mentes, que trabajan en un gran hospital y que todos tienen un prestigio mundialmente reconocido y, sin embargo, su forma de actuar es la de unos adolescentes descerebrados.

Jonathan y Amanda tienen que tramar varios planes para poder conseguir toda la información – confidencialisima y a la que nadie tiene acceso salvo, ¡oh, milagro!, Jim – y todos pasan por conseguir acercarse a Jim. Para ello contactan con Kevin, el hermano de Amanda y que – una nueva sorpresa – es uno de los tres mejores hackers de Estados Unidos (los otros dos son su primo y su mejor amigo, para que nadie pueda ponerles trabas).

Pero todos y cada uno de los planes son realmente ridículos. En serio, absurdos. Y salvo un par de accidentes, siempre salen airosos. En serio, no es creíble.

Por otro lado, hay ilegalidades a tutiplén, ilegalidades en las que nadie parece caer. Pero vamos a ver, que Amanda suplanta identidades y se cuela en páginas secretas. Pero todo da igual, porque la trama tiene que avanzar.

En serio, yo quería buscarle las cosas buenas a esta novela que empezó decentemente, pero es que según avanzaba iba a peor. Al principio solo me chirriaban los diálogos, pero cuando la historia iba avanzando y solo empeoraba…

No me gusta hacer este tipo de reseñas, ojalá pudiera decir que es una novela genial, pero os engañaría, y ya sabéis que yo quiero ser honesta con vosotros al 100%.

 

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